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| 1/5/1987 12:00:00 AM

LA MASACRE

LA MASACRE, Sección Especiales, edición 240, Jan  5 1987 LA MASACRE
UNA CLAVE
A sus únicos amigos -la señora Clemencia de Castro y su familia- Campo Elias Delgado les regaló en dos ocasiones un ejemplar del mismo libro: "El Doctor Jekyll y Míster Hyde", de Robert L. Stevenson, recomendándoselo como "una muy bella obra". Como los lectores recordarán, se trata de una famosa y breve novela de misterio sobre un caso de disociación de la personalidad. Un célebre científico, el doctor Henry Jekyll, descubre la manera de separar y condensar todos los aspectos perversos de su propia personalidad y darles rienda suelta bajo la forma física de un "otro yo" al cual da el nombre de Edward Hyde, y que se dedica a cometer toda suerte de excesos en el Londres del siglo XIX. De acuerdo con los sicólogos consultados por SEMANA, el propio Campo Elias Delgado representa un caso típico de "trastorno de la personalidad con un cuadro disociativo agudo", y el hecho de regalar la obra de Stevenson a quienes consideraba sus únicos amigos era en cierta forma una manera de pedirles auxilio, de decirles "contrólenme: este soy yo". Por eso consideramos de interés para nuestros lectores reproducir los párrafos de Stevenson en que el propio doctor Jekyll da su versión del fenómeno.
"...Así me fui acercando cada vez más a esa verdad, cuyo descubrimiento parcial me ha condenado a este terrible naufragio: que el hombre no es verdaderamente uno, sino verdaderamente dos. Digo dos, porque mis propios conocimientos no pasan de ahí. Otros seguirán, otros me rebasarán en este mismo campo; y me atrevo a vaticinar que el hombre acabará siendo reconocido como una pluralidad de habitantes incongruentes e independientes. Yo por mi parte, y a causa de la naturaleza de mi vida, me dirigí infaliblemente en una sola dirección. Fue sólo en el aspecto moral, y en mi propia persona, donde aprendí a reconocer la profunda y primitiva dualidad del hombre; pude ver que, de las dos naturalezas que se enfrentan en el campo de batalla de mi conciencia, incluso si se podía decir con razón que yo fuera una de ellas era sólo porque era radicalmente ambas y desde muy temprano, incluso desde antes de que mis descubrimientos científicos empezaran a sugerir la más escueta posibilidad de semejante milagro, me había acostumbrado a contemplar con ilusionada complacencia la posibilidad de separar los dos elementos. Si cada cual -pensaba- pudiera ser alojado en una identidad separada, la vida quedaría despojada de todo lo que tiene de intolerable. El lado injusto podría seguir tranquilo su camino, liberado de las aspiraciones y los remordimientos de su más digno gemelo; y el lado justo podría a su vez avanzar segura y firmemente hacia arriba, entregado a las buenas acciones de su propio gusto y ya sin el riesgo de la deshonra o la necesidad del arrepentimiento por culpa de su malvado hermano. La maldición del ser humano consiste en que estos dos incompatibles gusanos estén encerrados en la misma crisálida, mellizos de las antípodas perpetuamente en lucha en el seno de la conciencia. De modo que ¿cómo disociarlos? " .
(Tras descubrir y elaborar la pócima capaz de lograr esa disociación, el doctor Jekyll la bebe).
"...Volví en mí como si saliera de una grave enfermedad. Había en mis sensaciones algo extraño, algo indescriptiblemente nuevo y también, a causa de esa misma novedad, indescriptiblemente placentero. Me sentía más joven, más ligero, más alegre de cuerpo; en mi interior sentía una gran audacia, por mi fantasía corría un torrente desordenado de imágenes sensuales, una disolución de los lazos del deber, una desconocida, pero no inocente, libertad del alma. Me supe a mí mismo, desde la primera bocanada de esta nueva vida, más malvado, diez veces más malvado, entregado como esclavo a mis malas pasiones originales; y el descubrimiento, en ese instante, me exaltó y me encantó, como si fuera vino. Estiré los brazos, exultante, en la frescura de estas sensaciones, y al hacerlo, me di cuenta súbitamente de que había perdido estatura.
(...) Y sin embargo, al mirar esa fea imagen en el espejo, no sentí ninguna repugnancia, más bien un sobresalto de reconocimiento: también eso era yo. Me pareció natural y humano. A mis ojos representaba una imagen más vivida del espíritu, parecía más compacto y más directo que el aspecto imperfecto y dividido que hasta entonces me había acostumbrado a llamar mío".
DE CHINACOTA A VIETNAM
Campo Elias Delgado, el protagonista de la mayor matanza en su género, era, como muchos de sus tristemente célebres antecesores, un ex combatiente de Vietnam. La magnitud del genocidio, pero ante todo esta característica tan familiar en los medios norteamericanos, fueron precisamente las que llevaron la noticia a los noticieros de televisión de los Estados Unidos, en donde tres de las principales ediciones, "Good Morning America", "Today" y "Morning News", dedicaron más de un minuto en su espacio matinal del viernes a dar cuenta de lo sucedido en Bogotá. Mientras el New York Times y el Miami Herald incluyeron en la primera página de su última edición el cable de la Associated Press con el relato de los hechos, destacando su carácter de ex combatiente.
Aunque quienes lo conocieron en Colombia aseguraron desde los primeros instantes que Delgado había estado en Vietnam, tal como lo dijeron la prensa colombiana y la norteamericana, no resultó fácil corroborar el hecho. Desde un comienzo, el Pentágono se negó a dar respuesta a las insistentes pesquisas de los periodistas, incluídos los de SEMANA, diciendo que era muy difícil establecer conexión alguna. Finalmente, sin embargo, la Asociación de Veteranos radicada en Washington confirmó que, efectivamente, Delgado perteneció al Ejército norteamericano de 1965 a 1978.
Durante esos 13 años, Delgado estuvo dos veces en Vietnam. La primera de 1969 a 1970 y la segunda de 1971 a 1972, como programador de estrategias militares. Por su participación en el frente, el gobierno de Vietnam del Sur lo condecoró con la "Cruz República de Vietnam", Delgado fue integrante, además, del cuerpo médico del Ejército donde trabajó como técnico y del grupo conocido como "Boinas Verdes", compuesto por personal entrenado especiahnente para la lucha contrainsurgencia. Tomó cursos de paracaidismo y naturalmente de tiro, en los que se destacó por su habilidad y puntería.
Al ser dado de baja del Ejército en 1978 como sargento primero, Delgado adquirió el derecho a la ciudadanía norteamericana, que rechazó para quedarse con la colombiana. Después de su regreso a Colombia en ese año, no volvió a tener más vínculos directos con el Ejército norteamericano, pero recibió hasta julio de 1985 ayuda económica de la Asociación de Veteranos para pagar sus estudios. Para muchos, las secuelas por haber tomado parte en la guerra lo marcaron definitivamente y, sin duda, fueron determinantes en la masacre.

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