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| 2/26/1990 12:00:00 AM

LA REVOLUCION POR TELEFONO

Las comunicaciones son ahora las encargadas de marcar el paso.

LA REVOLUCION POR TELEFONO LA REVOLUCION POR TELEFONO
De todas las revoluciones que se han presentado en la historia del mundo, quizás ninguna ha tenido efectos tan duraderos y generalizados como la revolución industrial. Ya fuera a través de los textiles en el siglo pasado o de los automóviles en este, el hombre siempre se las ingenió para transformar una serie de bienes primarios y mejorar la calidad de vida de sus semejantes.
Por eso, cuando se miran las perspectivas en la década de los 90, es necesario considerar cuáles son las industrias que van a influir más y cuáles van a perder importancia en términos relativos. El mundo ha venido cambiando con rapidez y en esta década la situación no será diferente.
Lo que sí va a variar es la relación entre las personas. Prácticamente todos los analistas predicen ahora el gran crecimiento en el sector de las comunicaciones. Aunque esa es una tendencia que ya comenzó en la década pasada, los avances tecnológicos van a permitir que los sistemas que ya existen se popularicen. La televisión por satélite, las redes de información por computador y los teléfonos celulares son tan sólo tres elementos que van a tener cada vez más peso en la vida del hombre moderno.
Entre esas, quizás ninguna va a tener tanta injerencia como los teléfonos celulares. El avance en esta área va a permitir que en un futuro cercano el teléfono se vuelva un aparato personal que puede ser llevado a todos lados. Ciertos países del mundo ya están experimentando con este nuevo aporte del progreso. En Hong Kong, que tiene el índice de teléfonos celulares más alto del mundo, es corriente que la gente se lleve su aparato a cine. En los países de Escandinavia las redes existentes permiten la comunicación a cientos de kilómetros de la ciudad más cercana. También en Europa Occidental y Norteamérica el teléfono celular se está convirtiendo, para bien o para mal, en un elemento indispensable.
Semejante éxito tiene que ver con los avances en materia de electrónica. No sólo la transmisión es casi perfecta ahora, sino que los precios de los aparatos están descendiendo, tal como sucedió en su época con los computadores. Hasta ahora, el modelo más avanzado, el micro TAC, de Motorola, cuesta cerca de 3 mil dólares debido a su escaso peso (340 gramos, un 33% menos que el de su competidor más cercano), pero el más barato se acerca a los 250 dólares.
Más aún, el área es un excelente negocio. Se estima que en los Estados Unidos las ventas de teléfonos celulares van a pasar de 3 mil millones de dólares en 1990 a 7.600 millones en 1993. Tal como dijo recientemente un analista de la industria,"lo más posible es que dentro de diez años la mayoría de la gente tenga un teléfono celular".
Otras ramas de la electrónica tienen también buenas posibilidades. Aunque ya los computadores no parecen tener tanto mercado como antes, las redes de información e incluso los computadores portátiles van a dejar su marca en la próxima década. Más aún, se están esperando con expectativa las fotocopiadoras a color, resultado de una nueva tecnología conocida con el nombre de procesamiento de imágenes. Tanto IBM como Xerox, Kodak y Canon han invertido cientos de millones de dólares en la nueva idea. Los resultados han sido promisorios y existe gran interés en el producto. Kodak sostiene que una fotocopia a color aumenta la lectura de un memorando en 41% sobre uno en blanco y negro, al tiempo que aumenta la retención de lo leído en 18% .
Igualmente hay otros sectores para los que el futuro pinta bien. Las empresas de servicios se van a beneficiar de la creciente riqueza en las sociedades más desarrolladas. El cuidado del medio ambiente también va a ser un factor clave, lo cual debe ayudar a las industrias llamadas blancas (aquellas que no generan contaminación) y a las que se dedican a limpieza de desechos e impurezas.
Lo que también parece un hecho es la declinación de otras actividades. El caso más dramático quizás es el de la industria automotriz. Esta se ha visto afectada porque la demanda no ha crecido tan rápido como la capacidad de producción de las nuevas plantas. Según Ford, las fábricas existentes pueden producir 8.4 millones de automóviles y camiones más de los que necesita el mundo. Buena parte de esa cifra, seis millones de unidades, se concentra en el mercado norteamericano, en donde están batallando los japoneses con los productores de Estados Unidos.
Tampoco las tienen todas consigo las industrias de alimentos en los países ricos, las productoras de material bélico ni las cadenas de almacenes. Todas esas tendrán que enfrentar desafíos en la década de los 90 mientras ven cómo la alta tecnología y las empresas dedicadas a la información siguen mandando la parada en un mundo cada vez más intercomunicado y estrecho.

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