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| 9/24/2001 12:00:00 AM

La rumba por la vida

Haydi Duque , una desplazada de Montería, convirtió su tragedia en una oportunidad para miles de personas desterradas por la violencia.

La rumba por la vida La rumba por la vida
La guerra la tocO de frente y le cambió la vida para siempre. Después del asesinato de su padre, Haydi Duque, una educadora de Montería, tuvo que salir a la velocidad que sólo obliga la violencia.

Así llegó a Bogotá hace más de 10 años con la única intención de escondérsele a la muerte. Tuvo tiempo para todo. Inclusive para pensar que tenía que transformar la rabia, el dolor y la humillación en algo positivo. “Reconocí que había tenido suerte. Que por el hecho de estar viva tenía una misión en la vida,” dice Haydi.

El proceso no fue fácil. Llegar a un lugar que se mueve a un ritmo diferente, con otras costumbres, siendo mujer y además afrocolombiana, la obligó a asumir una actitud de triunfo y no de derrota. “Cuando llegué me sentía ajena al mundo, resentía todo y sólo quería alejarme”, dice con nostalgia. Pero de repente se le despertó una actitud de rebeldía y de lucha. “Ese fue mi punto de partida”.

En 1991 la Secretaría Distrital de Educación la contrató como profesora y se matriculó en una maestría de educación con énfasis en desarrollo comunitario en la Universidad Javeriana. Su tesis de grado fue el abrebocas para materializar un proyecto que empezó con 12 mujeres que, como ella, lo habían abandonado todo. “La idea era fortalecerlas para que asumieran con voz fuerte y capacidad de decisión la crianza de sus hijos y su condición de desplazadas”, explica Duque.

Cuando terminó la tesis dio por terminado el proyecto. Pero las mujeres la convencieron de mantenerlo. Poco a poco fue creciendo hasta transformarse en una ONG reconocida internacionalmente. ‘Taller de Vida’ se ha convertido en una casa de bienvenida, orientación y apoyo para personas que, como Haydi, llegan a Bogotá huyendo de la violencia.

La labor de Haydi, su hermana Estela y de todo el grupo que ha participado en la organización ha beneficiado a 450 familias, unas 1.200 personas en situación de desplazamiento. En ‘Taller de Vida’ niños, jóvenes y mujeres encuentran dos cosas: un espacio para fortalecerse emocionalmente y otro para aprender algún oficio que los mantenga activos y les dé para vivir. Hay talleres de estimulación personal y social. “Son unas rumbas por la vida”, explica esta mujer que exhala bondad y buena energía por todos los poros. A las rumbas, que por lo general se hacen en espacios al aire libre, asisten todos para compartir alegrías, miedos y frustraciones. En los talleres productivos las mujeres aprenden a hacer desde aretes, collares y vitrales hasta tarjetas, agendas y esquelas con flores secas y papel reciclado que venden en la fundación y que ahora comenzarán a exportar a Estados Unidos, Suiza y países de la Unión Europea.

A los niños ‘Taller de Vida’ les consigue un cupo en el colegio y les presta apoyo sicólogico para que no abandonen las clases. Sus dificultades son muchas. No sólo por los traumas con los que llegan sino por los que nacen de la discriminación que muchas veces reciben por parte de sus compañeros. Por eso esta ONG trabaja también con el grupo que los recibe y con los profesores de cada curso. “Buscamos que todos se hagan la vida más agradable. Que aprendan del niño que llega con costumbres y gustos diferentes a los suyos”, dice Haydi. Así niños de Usme o de Ciudad Bolívar en Bogotá han aprendido mapalé, salsa, vallenato, joropo y otros bailes que antes desconocían por completo.

El proceso para cada familia tiene una duración diferente. Pero por lo general después de dos o tres años están listos para salir de ‘Taller de Vida’. También pueden quedarse pero no en calidad de desplazado sino de empleado o investigador. Muchos jóvenes se han quedado trabajando en mensajería o en la unidad de investigación social. Esta es un laboratorio para formular propuestas que le permitan al país atender mejor el fenómeno de los desplazados por la violencia. Este grupo ya ha compartido sus experiencias con otros jóvenes en la Universidad Nacional y en colegios de Bogotá como el Anglo Colombiano y el Andino. La idea con estas reuniones es tender puentes entre los que acaban de llegar y los que nunca se han tenido que ir.

Los mismos puentes que tiende desde hace una década ‘Taller de Vida’ para quienes diariamente se ven lanzados al abismo.

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