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| 12/9/1996 12:00:00 AM

LA VOZ DEL PUEBLO

El desfile de carrozas terminó convertido en carnaval en el que se fusionó el pueblo con las candidatas departamentales.

LA VOZ DEL PUEBLO, Sección Especiales, edición 758, Dec  9 1996 LA VOZ DEL PUEBLO
Fue un homenaje a sus ancestros. A su pasado. A los palenques que entregaron sus vidas para preservar su raza. Fue un homenaje a su música que retumbó en las murallas y se coló por las calles adoquinadas de Cartagena la Vieja. Ellas se tomaron la avenida Santander y sus cuerpos danzaron sin parar. Por primera vez las candidatas populares, que representaron esos barrios olvidados del Corralito de Piedra como Chapacua, Salsipuedes, Los Moluscos, Los Calamares, Los Caracoles, Getsemaní, entre otros, desfilaron junto con las candidatas departamentales. Las rubias de ojos azules y tez blanca, se confundieron con las mulatas de pelo quieto y dientes de marfil. Fue una fiesta de colores. De fandango, de enormes comparsas que representaron a los personajes nacionales y a la crisis que vive el país. Pero también hubo otras que prefirieron los bailes típicos como la danza del Garabato. También asistió Joselito. Pero esta vez, este mítico personaje barranquillero no murió sino que prefirió vivir para recordar y contar lo que ocurrió esa tarde de jueves en La Heroica. A medida que la avenida Santander comenzó a ser invadida por una horda de cartageneros, las comparsas iniciaron sus desfiles. Primero aparecieron los cabezones. Unos enormes muñecos que representaron personajes como Gabriel García Márquez y las autoridades de Bolívar. Detrás de ellos, la música hizo de las suyas. Los grupos folclóricos danzaron al ritmo de los tambores y las maracas. Sus multicolores vestuarios se confundieron entre una muchedumbre que no paraba de gritar y tomar ron. Unos metros más atrás hicieron su aparición las candidatas populares, acompañadas por bailarines que desempolvaron su trajes de folclor y literalmente se apoderaron de la avenida Santander. Hacia las cuatro de la tarde, cuando el sol caía sobre la bahía, apareció la ex reina nacional de la belleza. Con ella se inició un desfile en homenaje a los personajes del mundo infantil. Lentamente sobre ese mar humano asomaron las 22 candidatas ataviadas con trajes de fantasía y a su paso se robaron los aplausos y el corazón de una Cartagena embriagada por la fiestas novembrinas. Al final de la tarde las papayeras y los conjuntos vallenatos se apoderaron de la monumental rumba. Era un bacanal que iba de un lado a otro. Que se estremeció con el ritmo de Diomedes Díaz y Joe Arroyo. Y así estuvieron durante cuatro días en los cuales le dieron rienda suelta a ese otro país caribe que poco o nada le importa lo que pasa a su alrededor. Las fiestas novembrinas son para eso: para olvidar las penas y las afugias.

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