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| 5/16/1994 12:00:00 AM

LAS MUJERES, EL PAIS Y EL MUNDO

LAS MUJERES, EL PAIS Y EL MUNDO, Edición 624, Sección Especiales, 22430 LAS MUJERES, EL PAIS Y EL MUNDO
ENTRENAMIENTO PARA TODOS
EN UN TONO BASTANTE INTIMO, COMENtando episodios de los talleres y las conferencias que ofrece en Los Angeles y otras ciudades de Estados Unidos, y planteando preguntas sencillas y definitivas, Susan Jeffers presenta una visión moderna y refrescante sobre el autocrecimiento y las relaciones constructivas con la gente.
Su libro -"Aunque tenga miedo ¡Conéctese!"- le está dando la vuelta al mundo y este año llegó a Colombia gracias a la Editorial Atlántida. Son casi 300 páginas alrededor del tema más frecuente en la sicología actual: la integración de la personalidad. La diferencia de sus planteamientos con los de otros autores de su tipo está en la sencillez con que presenta la tarea de crecer en amor propio e interés real por la gente.
Todas sus ideas parten de una sola base: la necesidad de pasar del "Entrenamiento para ser alguien" al "Entrenamiento para todos". En otras palabras, pasar del desarrollo de una actitud qué ubica como ganador o perdedor a quien la asume, al descubrimiento del auténtico ser.
"Entrenándonos para ser alguien -señala Jeffers-, componemos algo dentro de nosotros mismos. Entrenándonos para todo simplemente compartimos cordialidad, preocupación y amor".

NO HAY EXTRAÑOS
"Cuando tenía alrededor de 20 años era amiga de un cantante que siempre cerraba su presentación diciendo: 'Lo más importante que aprendí en mis viajes alrededor del mundo es que no hay extraños, sólo amigos con los que nunca me encontré aún' ... Cuando llegué a los 40 empecé a buscar las respuestas a ciertas preguntas que conservaba en mi mente: Si en realidad no hay extraños, ¿por qué entonces nos sentimos tan a menudo separados de los que nos rodean? ¿Por qué nos sentimos a menudo extraños mirando desde afuera? Ultimamente descubrí que parte de la respuesta a esas preguntas descansa en la manera en que hemos sido entrenados para vernos a nosotros mismos en relación con los demás".
En este punto de su reflexión, Jeffers cita al escritor Ram Dass, quien sostiene que apenas nacemos nuestros padres y la sociedad empiezan a enseñarnos lo que "se supone" que hay que hacer para convertirnos en alguien. Y "alguien" es para ellos una persona con una buena medida de éxito social. Ser alguien empieza a tener una gran relación con el aspecto físico, la excelencia intelectual, el poder, el estatus y hasta el dinero. Así fueron educados ellos, no es su culpa. La cadena sigue creciendo.
Claro que no hay absolutamente nada de malo en la búsqueda de una mejor figura, mayores conocimientos, éxito y comodidades. Pero, siguiendo a Jeffers, cuando todo eso se convierte en el conjunto único de razones para vivir nos regalamos una considerable dosis de dolor.
No porque la búsqueda nunca acabe y siempre querramos más. Están muy bien los retos constantemente renovados. La forma de vida descrita es fuente de dolor porque crecemos enfatizando sólo las diferencias individuales y la aprobación de los demás para considerarnos valiosos y esto nos impide en muchas oportunidades compartir y apreciar nuestra soledad, lo mismo que experimentar un sentido de importancia que no dependa de lo que otros digan o sientan por nosotros.

BUSQUEDA DE IDENTIDAD
"Lo que todo esto significa es que si estamos condicionados de modo tal que centremos nuestro interés solamente en lo externo, si no tenemos nada propio, la soledad y el alejamiento van a prevalecer inevitablemente y terminaremos teniendo una sociedad de lo que se llama 'trajes vacíos'. Y en ella seguiremos para siempre a menos que cambiemos el entrenamiento. La pregunta es: ¿cómo movemos para que esto ocurra? ".
Para esta autora, el sentido de conexión con nosotros mismos y quienes nos rodean proviene de aprender que hay un lugar en nuestro interior donde permanentemente podemos sentirnos alguien. Pero. . . ¿lo hay? ¿Hay acaso un lugar donde nunca se compite, donde no hay miedo, solamente amor, donde el odio ha sido reemplazado por los cuidados?
Jeffers dice que sí. Y sostiene que ese lugar es nuestro Yo Superior. Algo que no tiene nada que ver con religiones extrañas ni practicas para sicológicas. Es simplemente la parte cariñosa, creativa e intuitiva de cada quien. Y para encontrarla no se requieren extrañas sesiones de conexión con las estrellas o la naturaleza. En cambio es necesario un permanente esfuerzo por reconocer qué es lo que somos, con cualidades, defectos y debilidades.
Por lo anterior, lo primero que esta autora sugiere es darse espacios de verdadera soledad donde uno pueda preguntarse por lo que queda tras tantos años de aprender a ser alguien, intercalados con un interés real en conocer quiénes son los otros. Cuestionamientos como: ¿Quién considero yo que es alguien actualmente y por qué? Y ¿puedo en realidad estar solo? son muy importantes. La tarea -aparece impreso en casi todas las hojas del libro- aunque difícil, vale la pena, pues "nadie puede reparar lo que se ha roto dentro de nosotros salvo nosotros mismos ".

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