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| 1/6/1992 12:00:00 AM

NAVIDAD

NAVIDAD, Edición 501, Sección Especiales, 16618 NAVIDAD
POR QUE HACER EL PESEBRE?
NOS HA CORRESPONDIDO VIVIR EN UNA época de grandes cambios en todos los ordenes de la vida humana, cambios que conllevan un reto grande para impedir que el arrollador avance de la ciencia y la tecnología aun con todas sus bondades anulen el espacio que debemos mantener para las cosas del espíritu.
El mundo entero por estos días no puede abstraerse del embrujo de unas celebraciones que aunque vividas de diferentes maneras, permiten ver rostros amables y respirar una atmosfera de comprensión, armonia, tolerancia y felicidad.
La Navidad es la primavera de la esperanza. Es el encuentro anual con las ilusiones. Es una gran cita.
Los cristianos tenemos la dicha de contar con una tradición riquisima en detalles y que nos permite vivir mas intensamente estas fechas, el pesebre.
El pesebre es ante todo la representación del nacimiento de Cristo y como tal deber permitirnos evocar esa sagrada escena en que José y María cautivan la atención en el humilde portal.
Al llegar cada diciembre se siente la alegria y el entusiasmo del campesino que se presta a recoger la cosecha de ese cultivo que por tanto tiempo cuido o la alegria del jardinero que después de pacientes jornadas empieza a ver florecer sus plantas. El pesebre se torna en la anhelada meta que provee muchas satisfacciones y otras veces se convierte en un reto. Es la meta que conlleva cada diseño de acuerdo con el sitio, el espacio, el ambiente de un recinto, o con el conjunto de figuras con que se cuente.

COMO SE DEBE HACER UN PESEBRE?
Es un universo sin fronteras en el que la imaginación y la creatividad son los instrumentos basicos. Hacer un pesebre es como guiar un barco, el Capitan dirige el timón de la fantasía para estar en alta mar. Un oceano cuyas aguas pacificas y silenciosas observan cada amanecer y cada atardecer. Son la esperanza de un nuevo sol.
Un pesebre puede ser de infinidad de maneras, es decir, puede recrear muchos ambientes. No hay cánones que puedan limitar su realización, antes por el contrario, permite abrir todas las ventanas de la imaginación. Pero lo que sí se debe tener presente es que el pesebre debe inspirar recogimiento y respeto pudiendo estar presente la gracia el encanto de lo incongruente y anacrónico.
En relación con en estilo, de pesebre, personalmente prefiero el bíblico aunque valoro y admiro todas las otras manifestaciones. El pesebre me depara el gusto de poder construir un mundo que con su carga de fantasias es tangible y responde a la creatividad propia.
Con el paso del tiempo mi entusiasmo por esta hermosa actividad crece y me impulsa a compartirlo. Y por eso, son muchas las satisfacciones que he alcanzado y muchos los amigos que me ha entregado, tal vez los más queridos, los más nobles, los más reales y como no ser así, si estamos unidos por el sentimiento de la llegada de Jesús Niño a nuestro mundo. El pesebre es como un ser querido, sencillo, constante, que esta ahi y por estar ahi siempre a nuestra disposición, por eso mismo, lo descuidamos. Por fortuna, asistimos a su renovación, al reencuentro con ese amigo prolífico en valores.
En mi experiencia personal el tiempo de la Navidad se ha ido extendiendo y ha pasado a ser una vivencia permanente que disfruto día a día y que me entrelaza un diciembre con el siguiente.
He visto como hoy por hoy, muchas personas han encontrado en el pesebre, una fuente de ilusiones que alimenta sus vidas y un atenuante de estos tiempos dificiles.
El pesebre es a la vez, juguete y altar. Por ser juguete podemos acercarnos a el con la alegría que buscamos compartir en la Navidad y alli expandirla. Por ser altar podemos llegar al pesebre con el alma afligida por las duras pruebas de la vida y allí encontraremos dentro de su sencillez y ternura, un rincón para posar el espíritu, respirar y llenarnos de esperanza.
Entonces, para mi, el pesebre es sinónimo de alegría y compendio de sentidas emociones.
Que como deber hacerse un pesebre?...!con amor!

EDICIÓN 1879

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