Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/8/1988 12:00:00 AM

PAZ EN LA TIERRA ... NO PARA ESTOS NIñOS

PAZ EN LA TIERRA ... NO PARA ESTOS NIñOS PAZ EN LA TIERRA ... NO PARA ESTOS NIñOS
EN LA GUERRA MODERNA, LOS JOVENES SON BLANCO DEL CONFLICTO
De los 20 millones de muertos en guerras desde 1945, nueve millones fueron niños, según la ONU.
A pesar de las numerosas tentativas de dar verdadera sustancia a los derechos de los niños en guerra, hoy parecen estar muriendo más niños que nunca en conflictos armados.
Un elevado porcentaje de estas muertes no es ni accidental ni el resultado de ataques indiscriminados.
"En vez", dice el psicólogo Neil Boothby, "con creciente frecuencia, adolescentes, niños, niñas y hasta bebés son heridos o muertos como parte de una estrategia calculada".
Un informe de UNICEF de 1986, según el cual sólo el 5 por ciento de las víctimas de la Primera Guerra Mundial fueron civiles, confirma la declaración de Boothby. En la Segunda Guerra Mundial, esta cifra ascendió al 50 por ciento; en Vietnam, los civiles fallecidos representaron el 80 por ciento del total. En muchos de los conflictos actuales, como el de El Libano, más del 90 por
ciento de las víctimas son civiles, entre hombres, mujeres y niños.
Es difícil obtener cifras precisas. De los casi 20 millones de personas que según cálculos de UNICEF muriervn en 150 conflictos armados en 70 países desde fines de la Segunda Guerra Mundial, nueve millones fueron niños.
Veinte países, entre ellos Afganistán, Haití, Mozambique, Namibia, Turquía e Israel han informado sobre disparos y bombardeos a niños.
El reclutamiento de menores en las fuerzas armadas y movimientos armados de liberación -práctica contraria a las leyes internacionales- también ocurre en al menos 20 países, incluyendo a Guatemala, El Salvador, Irán y Uganda.
Las violaciones más flagrantes parecen estar ocurriendo en Irán, donde supuestamente han muerto más de 90.000 niños en la guerra contra Iraq.
"Desde los primeros días de la guerra, los niños han estado a la vanguardia de las líneas de combate", dijo un portavoz iraní el 6 de mayo de 1982. "Estamos orgullosos de ellos".
Se estima que el porcentaje de niños en el ejército de Yoweri Museveni, que se apoderó del gobierno de Uganda en enero de 1986, oscila entre el 2 y el 10 por ciento.
"Vi cuando los hombres de Obote asesinaron a mi madre", dijo el niño soldado George Kokosi -refiriéndose al ex presidente Milton Obote- en una narración de la oficina cuáquera de la ONU. "Después los ví venir y matar a mi padre. Me escapé corriendo. Después escuché que la gente de Museveni estaba reclutando chicos y chicas, y me les uní". Tenía 14 años.
El aumento del porcentaje de víctimas civiles se debe no sólo a la nueva tecnología armamentista y a la polarización de ideologías, sino también a cambios en la manera en que se pelean las guerras.
En muchas guerras participan movimientos guerrilleros populares (o impopulares) y fuerzas populares (o impopulares) contra la insurgencia. Ambos bandos necesitan apoyo popular para lograr sus metas. Si no pueden obtener este apoyo popular, en muchos casos uno de los lados, o ambos, adoptan una política de dominación total.
En estas circunstancias, las mujeres y los niños son las principales víctimas.
"Precisamente porque los niños son tan preciosos", dice Boothy, hoy en Duke University en EE.UU., ";a destrucción de lo que alguien más valora es claramente una de las formas de terrorismo más efectivas imaginables".
Sudáfrica es un ejemplo perfecto. Bajo un interrogatorio parlamentario, el gobierno de Sudáfrica ha revelado que entre la declaración del estado de emergencia del 21 de julio de 1985 y mediados de 1987, la policía disparó y mató a más de 300 niños.
Louis le Grange, en 1985 ministro sudafricano de Ley y Orden, informó que más del 71 por ciento de las personas arrestadas ese año por delitos relacionados con los disturbios negros -13.556 de los 18.995- eran menores de 20 años. Kosie Coetesee, el ministro de Prisiones, dijo el mes de marzo pasado que 2.677 presos tenían 18 años de edad o menos, y que 254 eran menores de 15 años.
Matthew Molofe, chofer desempleado, dijo que el 24 de septiembre de 1986 dos policías blancos y dos negros se llevaron a su hija Cleopatra.
"Solo nos dijeron que se la llevanam para interrogarla, y que la traerían de vuelta", dijo. "Pero nunca la trajeron".
Un juez de la Corte Suprema de Pretoria rechazó la petición de Molofe de liberación de su hija.
Tanto el gobierno como los movimientos de liberación han raptado niños o los han hecho "desaparecer".
Según informa Amnistía Internacional, Manuel Jorge Antequera, de 15 años, fue raptado en Chile en mayo de 1986 -dos meses después que un escuadrón secreto asesinó a su padre. Al hijo lo golpearon y lo amenazaron de muerte a menos que renunciara a un movimiento juvenil.
En Argentina han desaparecido más de 145 niños entre 1975 y 1983, ya sea raptados por las autoridades o nacidos de mujeres en cautiverio y luego separados de sus madres. Las abuelas de la Plaza de Mayo, familiares de los desaparecidos, han ubicado 41 menores.
De Afganistán han llegado alegatos de que 300 jóvenes de 15 a 17 de edad se han sacado del país contra la voluntad de sus padres, pare ser educados en la URSS.
Los efectos de la guerra sobre los niños van mucho más allá que su participación directa como víctimas o combatientes. Según UNICEF, las tasas de mortandad infantil en Angola y Mozambique son las más altas del mundo, mayormente a causa de la lucha o medidas de desestabilización a cargo de grupos guerrilleros contra Sudáfrica.
Los niños no deberían tener que depender de la caridad de los adultos para su protección. Como seres humanos, tienen un derecho inalienable y fundamental a ser protegidos. La protección de los derechos del niño debería ser una de las metas básicas para el siglo que se inicia.

EDICIÓN 1893

PORTADA

Gobierno de Duque: un despegue con ventarrón

El llamado de Duque por la unidad del país fue empañado por el beligerante discurso del presidente del Senado. ¿Puede esto afectar la gobernabilidad del nuevo mandatario? Análisis de SEMANA.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1893

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.