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| 12/21/2003 12:00:00 AM

¿Que pasará en Colombia en 2004?

Las cosas pintan mejor que en 2003.

¿Que pasará en Colombia en 2004? ¿Que pasará en Colombia en 2004?
El historiador ingles Eric Hobsbawn escribió que el siglo XX había comenzado 14 años después de 1900 con el inicio de la Primera Guerra Mundial y terminó 11 años antes, en 1989, con la caída del muro de Berlín. Algo similar se puede decir para el presidente Alvaro Uribe: 2004 comenzó la noche del 26 de octubre de 2003 cuando los votos por el referendo no alcanzaron el umbral y varios candidatos de oposición ganaron en las ciudades más importantes del país como Lucho Garzón en Bogotá.

Todas las tendencias que marcarán el ambiente político de 2004 se comenzaron a perfilar desde ese fin de semana. En primer lugar, el halo de invulnerabilidad del Presidente de la República se disipó y con él, la débil disciplina de los uribistas en el Congreso. El martirio que ha significado el trámite de la nueva reforma tributaria en el Parlamento será el abrebocas de pugnas más difíciles entre el presidente Uribe y los congresistas. De la aplanadora uribista de la primera legislatura sólo quedará el recuerdo y las constantes negociaciones y presiones desdibujarán cualquier proyecto que el gobierno quiera impulsar.

A esto se le suman los destapes de aspiraciones presidenciales de importantes coroneles del uribismo como los senadores Germán Vargas Lleras y Rafael Pardo. Así para proteger su capital político tanto Vargas como Pardo podrán en cualquier momento suspender la defensa del gobierno.

Una segunda tendencia será la constante presión que los congresistas ejercerán sobre el Ejecutivo para que quiebre su política de cero puestos. Un gobierno urgido de la aprobación de proyectos, en especial los económicos, tendrá dificultades en mantener su posición durante el año próximo. Los partidos políticos, tradicionales y nuevos, tendrán en 2004 un año de definiciones. Las filas conservadoras no podrán mantener esa división entre los uribistas incondicionales y aquellos que quieren que la administración Uribe les reconozca su disciplina.

Por los lados liberales, 2004 servirá para preparar el regreso formal de César Gaviria al escenario político colombiano sin las amarras de la diplomacia internacional. O el Partido Liberal se une bajo esta dirección única para recuperar el poder en 2006 o sigue fragmentado. Las tensiones en el Polo Democrático Independiente tampoco podrán sostenerse otro año más. De cómo se resuelva la lucha entre los senadores Jaime Dussán y Antonio Navarro Wolff dependerá su supervivencia como partido político.

Con la llegada de nuevos gobernadores y alcaldes 2004 será un año de expectativa en el ámbito local. Los ojos estarán puestos en los arranques de Lucho Garzón en Bogotá, Sergio Fajardo en Medellín, Angelino Garzón en el Valle del Cauca y Apolinar Salcedo en Cali, entre otros. Con la necesidad del gobierno de disminuir transferencias a los entes territoriales, muchos burgomaestres estarán en dificultades fiscales.

Así, con un primer mandatario golpeado pero todavía con respaldo y poder, un Congreso rebelde y hambriento, unos partidos políticos definiendo sus tendencias y el estreno de las administraciones locales, la política de 2004 ya comenzó. Lo incierto es cómo se resolverán estas tensiones en 12 meses.

El orden público

Si 2003 fue el año de neutralizar la ofensiva terrorista de las Farc, 2004 será el de revertir definitivamente el pulso militar.

Las Fuerzas Militares mantendrán la iniciativa y se anticipa una mayor intensidad en sus operativos. Si este año gran parte del esfuerzo se concentró en el noroccidente, el próximo se hará en el sur. La guerrilla se ha replegado parcialmente para "aguantar el chaparrón" del gobierno de Uribe, acumular fuerza y volver en año y medio con todo para presionar la elección de un candidato más abierto a una negociación. El desafío del gobierno este año es demostrarles que no tienen guarida para esperar.

El Ministerio de Defensa creará dos nuevos batallones de Alta Montaña y continuará con la política de crear nuevos pelotones de soldados campesinos que garanticen una presencia permanente de la Fuerza Pública en todo el territorio.

Operaciones de gran envergadura y permanencia en el tiempo como Libertad I, en Cundinamarca, dirigidas a capturar jefes de frente y desmantelar estructuras completas de la guerrilla se replicarán en otras zonas del país.

En el frente de la deserción, se anticipa que continuará la misma política de desmovilización individual y colectiva, sólo que por fin el gobierno acaba de nombrar un gerente para manejar de manera integrada todo el proceso de reinserción de guerrilleros y paramilitares, que hasta ahora ha sido un fracaso.

¿Cómo reaccionará la guerrilla? Es difícil saberlo. Los expertos creen que mantendrán su repliegue relativo, con pequeñas acciones de hostigamiento contra la Fuerza Pública. Es posible que también ejecuten actos terroristas en Bogotá y en el Valle del Cauca, para torpedear los gobiernos del Polo Democrático. Es un hecho que la elección de dos candidatos de la izquierda democrática debilita el discurso político que sostiene a las Farc, pues ya no les quedará tan fácil justificar sus acciones bajo el argumento de que por las buenas la oposición al establecimiento jamás accede al poder.

En el frente de los paramilitares es bastante probable que continúen en tregua durante el próximo año. Sin embargo el éxito de las negociaciones dependerá de la suerte del proyecto de alternatividad penal que comenzará a ser discutido en marzo en el Congreso y de la actitud del gobierno de Estados Unidos frente a la extradición de los jefes paramilitares. No se prevé un resultado favorable en ninguno de estos dos campos. La embajada estadounidense ha sido clara en que mantendrá su solicitud y varios ponentes del proyecto de ley que evitaría que los paramilitares pagaran con cárcel sus delitos atroces han dicho explícitamente que discrepan de la propuesta del gobierno.

En resumen, será un año en el que se verá un poco más de lo mismo que se vio en 2003. Pero lo importante es que una guerra la gana el que logra que su gente mantenga la esperanza de la victoria y que el oponente entienda que no tiene sentido luchar más. Este año Uribe le devolvió a la gente la fe en un futuro más tranquilo. Es clave que el próximo año se mantenga viva esa esperanza.

La economía

A fines del año pasado el gobierno de Alvaro Uribe, muy conservador en sus pronósticos, calculaba que la economía crecería 2 por ciento en 2003. Ahora que termina el año, sin embargo, ha quedado claro que el cálculo se quedó bastante corto. En los primeros nueve meses del año la economía creció 3,4, y todo indica que terminará el año en una cifra cercana al 3,5 por ciento.

Parte de la explicación está en algunas sorpresas positivas que hubo en 2003. La producción petrolera no cayó tanto como se creía, y la exportación de otros minerales, como el carbón y el oro, estuvo disparada. Las ventas externas, de otro lado, no cayeron tanto como se esperaba a raíz de la crisis venezolana, pues las exportaciones a Estados Unidos compensaron el bajonazo.

La crisis financiera internacional que se vivió en 2002 por la inminente elección de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil y que tuvo su coletazo en Colombia con la crisis de los TES, dio paso este año a un ambiente de calma y confianza. Brasil no cayó en la temida cesación de pagos y por el contrario se comportó como un magnífico deudor. Colombia, por su parte, consiguió el respaldo del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, y mostró suficientes avances en su lucha contra el déficit fiscal. Todo esto hizo que las tasas de interés de la deuda externa se mantuvieran bajas, lo que a su vez llevó a unas tasas internas igualmente bajas y a un tipo de cambio estable.

Estas condiciones eran propicias para el crecimiento económico, pero en sí mismas no bastaban para impulsarlo. El empujón decisivo vino por el lado de la inversión, que mostró un crecimiento de 27 por ciento en el primer semestre. La mejor percepción de las condiciones de seguridad y el optimismo que manifestaron los empresarios según todas las encuestas se tradujeron en desembolsos para la compra de maquinaria, construcción de obras y otras inversiones. En resumen, la sicología, junto con un ambiente de estabilidad en las tasas de interés y un entorno internacional más favorable de lo previsto, hicieron de 2003 un año bastante aceptable, pese a los temores que había por el efecto recesivo del ajuste fiscal.

El año entrante no se ve en el horizonte una turbulencia financiera internacional como la que desató Brasil el año pasado. Por el contrario se ven unas condiciones favorables, sobre todo en los países que más interesan a Colombia. Con un crecimiento de 8,2 por ciento en el tercer trimestre de este año Estados Unidos, que es el destino del 44 por ciento de las exportaciones colombianas, se perfila como un mercado dinámico para los empresarios colombianos. En Venezuela seguirá habiendo problemas, pero el año que viene difícilmente podrá ser peor que el que termina. En Ecuador, de otro lado, las cosas pintan bien por el repunte de la producción petrolera.

Las exportaciones serán entonces uno de los motores del crecimiento en 2004. Si se mantiene bajo control el déficit fiscal (para lo cual es necesaria una reforma tributaria más) y continúa la estabilidad financiera que se observó este año, la inversión también debería contribuir al crecimiento. Sobre todo si se mantiene la mejoría en la percepción de las condiciones de seguridad. La gran incógnita tiene que ver con el consumo. Esta fue la única variable que no repuntó en 2003, tal vez porque el desempleo, pese a que bajó, sigue estando muy alto. Aún así, las condiciones están dadas para un 2004 muy parecido al año que termina en materia económica, y quizás un poco mejor.

Todas las variables indican que 2004 va a ser un buen año. En seguridad se están viendo los resultados. En política, aunque es el flanco más débil, hay visión y liderazgo. Y en economía se perfilan buenos vientos en la región. Sin duda el más importante para el país en estos momentos es el crecimiento económico. De éste dependerá la estabilidad política, el mejoramiento de las condiciones de pobreza y la sostenibilidad de la estrategia de seguridad democrática que ya está cosechando sus primeros éxitos. Como van las cosas, 2004, pinta bien.

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