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| 12/11/1995 12:00:00 AM

¡QUE VIVA EL REY!

Después de 30 años de haber estado al frente del Concurso Nacional de la Belleza, doña Tera Pizarro de Angulo dejó el trono y le entregó el mando a su hijo Raimundo.

¡QUE VIVA EL REY! ¡QUE VIVA EL REY!
DURANTE MAS DE tres décadas el peso del reinado nacional de belleza estuvo sobre los hombros de una mujer pausada, tímida, de pocas palabras y que siempre tuvo una voz de aliento para cada una de las candidatas que año tras año le ayudaron a llevar a buen puerto el certamen más importante de la belleza en Colombia.
Doña Tera Pizarro de Angulo es uno de los símbolos más importantes, no sólo de Cartagena sino de Colombia. En los momentos difíciles puso la cara para responder por sus fiestas novembrinas. Siempre ha soñado con una Colombia diferente y está convencida de que el reinado ha sido un antídoto para un país que ha navegado en aguas tormentosas.
Este año doña Tera estuvo ausente de las fiestas en el Corralito de Piedra. Nadie la vio en ninguno de los actos programados en los 14 días que estuvieron 20 candidatas en busca de la corona y el cetro. En cada fiesta o desfile le rindieron un emotivo homenaje. Todos la recordaron como la gestora y principal artífice de las fiestas de noviembre. Estuvo ausente por dos razones: la primera, por una promesa que le hizo a la Virgen, pues su hija mayor estuvo al borde de la muerte y prometió que si se salvaba ella estaría ajena a las festividades; la segunda, porque hace un año murió su esposo, y quizás ha sido uno de los golpes más duros que le ha dado la vida.
Después de tantos años de llevar las riendas del reinado decidió entregar el mando a su hijo Raimundo. El siempre estuvo a su lado y desde la sombra había colaborado en la organización del certamen pero nunca había querido figurar. Rai, como cariñosamente lo llaman sus amigos, decidió meterle mano al concurso desde el año pasado. Este hombre, que divide sus amores entre la política y las mujeres más bellas de Colombia, decidió hacerle frente al dificil reto.
Este economista, acelerado, amante de las comunicaciones, que viaja permanentemente entre Bogotá y Cartagena, comprendió que el concurso necesitaba de mano dura para sacarlo de la crisis en que se encontraba. El fue quien le vendió la idea a los demás miembros de la junta que para apartar los dineros calientes de la financiación de las candidatas solo existía una salida: tener un equipo de fiscales que durante seis meses estudiaran las hojas de vida de las aspirantes, y de acuerdo con el veredicto final se aceptaba o rechazaban las inscripciones.
El trabajo realizado empezó a dar frutos. El reconoce que todavía falta mucho por recorrer, pero que la casa ya comenzó a limpiarse y a la vuelta de unos pocos años de nuevo Cartagena tendrá un certamen de la belleza sobre el cual no exista el menor manto de duda. Acepta que el concurso tocó fondo, pero eso le permitió madurar y tomar los correctivos a tiempo. Está convencido de que no se volverán a repetir los escándalos de otros años. Raimundo cree que el reinado requiere de muchas transformaciones, pero que éstas tienen que darse a su tiempo, porque la casa no puede remodelarse de la noche a la mañana. Ya comenzó a dar los primeros pasos para el cambio y pronto las fiestas de noviembre serán como en sus mejores tiempos, cuando acaparaban la atención de todos los colombianos.-

EDICIÓN 1879

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