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| 4/28/2003 12:00:00 AM

Se abre la llave

Los colombianos están perdiendo el miedo a endeudarse y los bancos a prestar. ¿A quiénes les está llegando la plata que están desembolsando?

Durante los últimos cinco años fueron frecuentes las quejas del público, de los gremios y del propio gobierno porque los bancos no prestaban. Cada cierto tiempo se hacían 'cumbres' para reactivar el crédito, en las que se enumeraba un catálogo de medidas que de poco servían y que ahora parecen en todo caso redundantes pues el sector financiero ha vuelto a soltarle plata al público en grandes cantidades.

Esto es algo que empezó a notarse el año pasado. Durante 2002 los establecimientos de crédito desembolsaron 56,9 billones de pesos, 37 por ciento más que los 41,4 billones que habían reportado en 2001. Pero lo más interesante es que la tendencia es hacia arriba. En los primeros dos meses de 2003 el dinero desembolsado alcanzó los 11,1 billones de pesos, superando en 52 por ciento el monto del año anterior.

Después de la crisis financiera los bancos, corporaciones y compañías de financiamiento habían reducido al mínimo los nuevos créditos. Nunca dejaron de prestar del todo, pero los desembolsos eran pequeños frente a los repagos de los créditos viejos. Por eso el saldo de la cartera del sistema cayó de 51 billones de pesos en diciembre de 1999 a 46 billones en abril de 2001. Esta situación, sin embargo, se revirtió a partir de 2002. Ahora los desembolsos nuevos superan los pagos de créditos viejos y por eso en febrero pasado el saldo de la cartera creció 7,3 por ciento anual.

Esto es más o menos igual al ritmo de la inflación. No parece mucho pero hay que tener en cuenta que los datos agregados incluyen la cartera hipotecaria, que está cayendo al, 10 por ciento, y no tanto porque el sector esté estancado sino porque los bancos han vendido a la Titularizadora de Colombia una parte importante de los créditos de vivienda que habían otorgado en el pasado. En sectores distintos al hipotecario las cosas van mucho mejor. El saldo de la cartera comercial creció 12 por ciento en febrero pasado y la de consumo 19 por ciento. En marzo pasado las ventas con tarjetas de crédito, por ejemplo, crecieron 25 por ciento.

Son varias las cosas que han cambiado y que explican la mayor disposición a prestar que ahora muestran los bancos, corporaciones y compañías de financiamiento. En primer lugar, la situación financiera de las propias entidades ha mejorado mucho. Los indicadores de solvencia, la calidad de la cartera y el volumen de utilidades muestran que los establecimientos de crédito están en una posición mucho más sólida.

Esto les permite volver a asumir riesgos, aunque no ya de la manera en que lo hacían en el pasado. Después de la crisis los banqueros quedaron con una lección muy bien aprendida: hay que anticipar, medir y cuantificar muy bien los riesgos en que incurren al prestar plata. Las metodologías, los sistemas informáticos y las reglas gubernamentales para prevenir y manejar los créditos morosos han evolucionado mucho en los últimos años. Si todo este esquema funciona bien, cabe esperar que la reciente expansión de la cartera sea más segura para las instituciones.

De otro lado, el hecho de que las tasas de interés se hayan mantenido bajas y estables durante los últimos años también ha ayudado mucho a que la gente le pierda el miedo a endeudarse. No hay que olvidar que esta fue una de las principales causas del estancamiento del crédito que siguió a la crisis.

La torta

Pese a que las entidades financieras cuentan con recursos abundantes muchas empresas, sobre todo medianas y pequeñas, siguen teniendo dificultad para tener acceso a ellos. A septiembre pasado los establecimientos de crédito tenían una cartera comercial de 26 billones de pesos con el sector privado. La quinta parte de esos recursos, es decir, 5,2 billones de pesos, estaba en cabeza de los 50 deudores más grandes. Por su parte, los 100 principales deudores, que coinciden en buena parte con las empresas presentadas en este informe, concentraban 30 por ciento de esa cartera.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que estos indicadores de concentración también reflejan el tamaño de las compañías. Hay unas pocas muy grandes que reciben buena parte de los préstamos, pero también hay muchas otras que reciben créditos suficientes dado su tamaño. Lo que pasa es que estos últimos son préstamos dispersos que no suman mucho si se mira cada uno por separado.

En todo caso, cabe preguntarse a quién le están prestando la plata las entidades financieras. Al respecto hay algunos indicadores interesantes. El 16 por ciento de la cartera del sistema financiero es de consumo y está repartida entre más de dos millones de colombianos. El 21 por ciento es hipotecaria y está en cabeza de cerca de 800.000 deudores.

El 63 por ciento restante corresponde a la cartera comercial, que suma unos 31 billones de pesos. El sector público se lleva aproximadamente 17 por ciento de estos recursos, y el resto llega al sector privado, con una participación importante de la industria, el comercio y, curiosamente, la propia banca.

El sector público aparentemente no marca mucho, pero si se tienen en cuenta los TES la cosa se ve muy distinta. En los últimos cuatro años de estancamiento del crédito los bancos destinaron buena parte de sus recursos a las inversiones, entre las que sobresalen los papeles de deuda pública. En 1999 12 por ciento de los activos de las entidades de crédito estaban representados en títulos. Para 2002 esta proporción había aumentado a 28 por ciento. El sector financiero se convirtió, por la vía de los TES, en uno de los principales financiadores del déficit crónico del gobierno, y esta fue una de las razones por las que el crédito no creció mucho. Esta situación no va a cambiar de la noche a la mañana, pero al menos los últimos datos muestran que está empezando a revertir.

El hecho de que la cartera haya vuelto a crecer es buena noticia porque jalona la inversión y el consumo, y esto permite que la economía crezca más. No obstante, el ritmo actual de los desembolsos sigue siendo insuficiente para darle un empujón significativo al crecimiento económico. Queda claro, entonces, que todavía falta camino por recorrer.

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