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| 6/25/2005 12:00:00 AM

Un proyecto racista

En Colombia la mezcla de razas ha sido más un factor de segregación social que de integración nacional.

Los científicos están hoy de acuerdo en que las razas, en sentido estrictamente biológico, no existen. Cada sociedad las construye con base en unas condiciones determinadas y tomando en cuenta elementos propios de la apariencia física. El mestizaje racial es en ese sentido un proceso doble: supone la mezcla biológica de las mal llamadas razas y también la de las culturas de los grupos humanos que entran en relación. En países como el nuestro las bondades del mestizaje cultural han sido exaltadas hasta el punto de ocultar las otras facetas de un proceso mucho más complejo de lo que parece.



Desde antes de triunfar la República la intelectualidad criolla hizo del mestizaje un proyecto fundamental en el camino de construir la Nación. Asustado ante las posibilidades de levantamientos violentos de los negrosJosé Ignacio de Pombo declaraba ya en 1804 la necesidad de proceder a la mezcla de negros e indios con blancos pobres traídos de Europa para disipar la amenaza de una guerra racial y construir "un ciudadano del común".



Hasta bien entrada la primera mitad del siglo XX, diversos intelectuales acudieron a la idea del mestizaje, en sus distintos matices, como fórmula salvadora de la Nación. Todavía en 1964 el historiador Jaime Jaramillo Uribe sostenía que "el factor dinámico por excelencia de la nueva sociedad fue el mestizaje", y agregaba: "Sin el proceso de mestizajenuestra sociedad habría tenido una estructura mucho más rígida o se habría constituido en forma mucho menos nacional y orgánica. Tendríamos menos posibilidades de formar una Nación, y a los elementos que hoy diferencian a los diversos grupos sociales, como el patrimonio económico y el nivel cultural se agregarían, en mayor proporción que al actual, otros mucho más rígidos, más difíciles de vencer, como serían la raza y la heterogeneidad de culturas?".



En las afirmaciones del profesor Jaramillo está quizá la clave de por qué el proyecto del mestizaje sigue siendo piedra angular del imaginario colombiano. La heterogeneidad de las culturas y la diversidad racial fueron pensadas a lo largo de nuestra historia republicana como obstáculos en el proceso de formación de la Nación. Esta última, a tono con las ideas políticas dominantes en el mundo occidental, se consolidaba en la medida en que avanzaba hacia lo homogéneo y eliminaba la diferencia. Aprendimos a pensar que gracias a la mezcla de las llamadas razas negra, indígena y blanca se había logrado consolidar la Nación colombiana. ¿Es esto cierto?



No estamos muy seguros de que el país fuese predominantemente mestizo en la segunda mitad del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX. Sin duda que la población mestiza era ya importante como resultado de tres siglos coloniales de mezclas pero no por eso habría que negar que las poblaciones indígenas y negras seguían teniendo enorme importancia en el territorio nacional.



Estudios recientes han mostrado que en el puerto de Cartagena, todavía a finales del siglo XVIII, la población negra era tan grande como la mestiza. El geógrafo alemán Alfred Hettner escribió en 1882 que no menos de 40 por ciento de los bogotanos eran indios. A lo largo del siglo XIX el mestizaje fue más un proyecto de las élites criollas que una realidad completa, proyecto que se fundamentó en una visión jerárquica de la sociedad, que la dividía en razas superiores e inferiores. Negros e indios eran considerados seres inferiores mientras que los blancos, descendientes de los españoles, constituían la raza superior. El mestizaje fue pensado no como la herramienta para desaparecer a negros e indios mediante el influjo decisivo de la raza superior. En ese sentido el mestizaje no terminó con la discriminación y la exclusión sino que la reafirmó.



Por último, una historia marcada por las prácticas excluyentes y discriminatorias contra amplios sectores de la población debería ponernos en guardia contra la continua idealización del mestizaje. Bienvenidas las mezclas, pero basadas en el respeto a la diferencia, y en el derecho de los distintos grupos étnicos a conservar sus culturas.

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