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| 5/29/2005 12:00:00 AM

Un vigoroso mercado

Los mariscos y el borojó perdieron la batalla. Las pastillas contra la disfunción eréctil son los nuevos superhéroes del sexo.

Un vigoroso mercado Más de la mitad de los hombres tienen algún grado de disfunción eréctil. Pero sólo el 6 por ciento de ellos lo acepta.
Hace siete años se lanzó en Colombia el primer medica- mento contra la disfunción eréctil: Viagra. Su llegada a las farmacias nacionales marcó un hito en la lucha contra una debilidad que los hombres acostumbran a negar o esconder. Desde ese momento el mercado de la impotencia sexual no para de crecer.

Las cifras hablan por sí solas. Según Intercontinental Marketing Services (IMS), la principal fuente de investigación del mercado farmacéutico mundial, en 2000 los colombianos compraron cerca de 710.000 pastillas contra la impotencia sexual, que dejaron alrededor de 19.000 millones de pesos en ventas.

Para entonces la competencia se reducía principalmente a dos laboratorios: Pfizer (Viagra) y Lafrancol (Eroxim). No había duda del gran potencial que tenía este mercado en el país. Por eso varias empresas nacionales como Tecnoquímicas, Genfar y Biogen entraron en la disputa del sector. Importantes compañías extranjeras como Eli Lilly y Bayer no se quedaron atrás y le apostaron al desarrollo de productos para la disfunción eréctil: Cialis y Levitra, respectivamente.

Aunque sólo el 6 por ciento de la población acepta haber comprado pastillas para la disfunción eréctil, las cifras de venta demuestran otra cosa. Durante 2004 más de 30 laboratorios vendieron cerca de 33.000 millones de pesos -casi cuatro millones de cápsulas en el país-. En resumen, el mercado ha crecido a una tasa promedio anual del 52 por ciento en consumo y del 16 por ciento en ganancias.

No obstante la disfunción sexual es una enfermedad que aún no es vista como tal, y que es escondida bajo el cansancio o el estrés. Diana Guerrero, gerente de investigación clínica de Pfizer lo confirma y cree que es una constante en los hombres negar la enfermedad y su tratamiento: "Nadie lo acepta porque supuestamente nadie lo necesita".

Ante este panorama, el urólogo Alejandro Fernández sostiene que la mitad de los hombres mayores de 18 años padece algún grado de impotencia. Pero advierte que el padecer de disfunción no significa estar incapacitado para tener una relación sexual. Implica también que, por ejemplo, de 10 acercamientos a la pareja sólo se logren ocho.

Las raíces de este problema son esencialmente dos: sicológicas, que provienen de frustraciones sexuales como la eyaculación precoz; y físicas, caracterizadas por un daño de consideración en los vasos sanguíneos del paciente que impide que llegue la suficiente sangre al pene para provocar una erección.

Es ahí donde actúa gran parte de los fármacos para la impotencia. Los medicamentos Viagra y Eroxim, que trabajan con el compuesto Sildenafil, y Cialis, cuyo principio activo es el Tadalafil, son productos creados para dilatar los vasos sanguíneos, que a su vez aumentan la irrigación de sangre y permiten la erección. Pero los beneficios de estas pastillas no se limitan en mejorar la erección. Gracias a que el efecto dura en promedio unas 30 horas, el rendimiento sexual se optimiza a tal punto que permite tener más de una relación sexual seguida. Quienes sufren de diabetes o hipertensión pueden usarlas sin ningún temor. Además se pueden tomar con frecuencia sin crear alguna resistencia o dependencia. La única contraindicación es para las personas con medicamentos para el tratamiento del sida o para controlar el riesgo de infarto.

Este gran abanico de opciones ha hecho que el consumo de estos medicamentos se dispare, sobre todo en hombres de entre 18 y 40 años que no tienen fuertes problemas de disfunción pero quieren experimentar la droga o mejorar su desempeño sexual.

Lo cierto es que cada hombre es un caso único que necesita un fármaco específico de acuerdo con su salud y sus necesidades. Los laboratorios y los expertos fomentan la consulta a un especialista para el tratamiento de esta enfermedad tan común y frecuente. Por eso, lo mejor es confesarse ante un médico antes que pasar la vergüenza con su pareja.

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