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| 12/3/2005 12:00:00 AM

¡Y no desentonaron!

En este campo no hay muchas mujeres con gloria, pero las que dieron en la nota lograron trascendencia internacional.

¡Y no desentonaron! ¡Y no desentonaron!
Un hecho es bien diciente del rol que han jugado las mujeres en el desarrollo de la música en Colombia respecto del contexto latinoamericano. Está en el diccionario Donne in Musica, de 1982. Contiene un listado elaborado por Aaron Cohen, que registra 34 compositoras argentinas, 25 brasileñas, 16 cubanas y apenas 3 colombianas. El dato evidencia, claro, por una parte un profundo aislamiento cultural respecto de contextos cercanos y, por otra, un machismo galopante. Colombia no consiguió durante el siglo XIX una figura de talla internacional, como la tuvo Venezuela con la pianista Teresa Carreño, que llegó a ser considerada en su tiempo como la más grande pianista viviente. Más aún. Del paso del siglo XIX al XX apenas dos nombres se perfilan con nitidez en el panorama: Josefina Acosta, que en 1931 tuvo la audacia de ir a España para estudiar piano en Barcelona y regresó para enseñar en el Conservatorio de Ibagué, y Teresa Tanco de Herrera, pianista en la noche inaugural del Teatro Colón de Bogotá en 1892, respetable compositora de canciones y de la zarzuela Simila Similibus. Naturalmente hubo mujeres dedicadas a la música durante los siglos anteriores. Pero aparentemente no consiguieron trascender. POSGUERRA La situación empezó a cambiar manifiestamente durante las décadas posteriores al final de la Segunda Guerra. No sólo en el panorama de la denominada música clásica, sino también en la popular. En la popular sería imposible pasar por alto la figura de Matilde Díaz, voz cantante de la Orquesta de Lucho Bermúdez, y su contemporánea Carmencita Pernet, que alcanzaron reconocimiento y respeto, y por increíble que parezca, pudieron hacer de su oficio un modus vivendi. Porque hay que decir que tuvieron que esperar varios años antes que su oficio fuera considerado un arte. En la llamada música clásica las décadas inmediatamente siguientes a la guerra están casi dominadas por la presencia de Elvira Restrepo de Durana. La fundadora de la Sociedad Musical Bach fue una precursora en materia de interpretación del repertorio de concierto. Gracias a una alianza con la Sinfónica de Colombia, fue la encargada de hacer el estreno colombiano de los más significativos conciertos del repertorio clásico, en algunos casos con más de cien años de atraso. Pero -esto hay que decirlo- Restrepo de Durana, en el sentido estricto de la palabra no fue una profesional de lo suyo, por cuanto no derivó de la música su modus vivendi. LOS AÑOS REVOLUCIONARIOS El efecto de los cambios sociales de las décadas del 60 y 70 se percibe en todas las facetas de la música. Y naturalmente en los nexos de la mujer con la música en el país. Por una parte aparecen las cantantes que consiguen ser reconocidas como individualidades, y no como apéndices vocales de las orquestas. En eso la televisión juega un rol más que anecdótico en la determinación de imponer y consagrar estrellas de la balada, la canción protesta y un incipiente pop. Curiosamente, no hubo en Colombia grandes intérpretes del bolero, como sí ocurrió en otros países latinoamericanos. En la música clásica hubo diversos fenómenos. Como la profesionalización del Canto lírico en la figura de la soprano Carmiña Gallo, también un intento para proponerle al público la figura de una directora sinfónica con la contralto y profesora del Conservatorio Nacional de música Elsa Gutiérrez, y las pianistas profesionales como el caso de la cartagenera Helvia Mendoza o la antioqueña Teresa Gómez. Pero sin duda la más fuerte personalidad femenina de esta época es la compositora Jacqueline Nova (1935-1975), primera mujer en Colombia en alcanzar el título de Maestra en composición del Conservatorio Nacional de Música de Bogotá. No porque Nova sea una especie de curiosidad, sino por la fortaleza y audacia de sus planteamientos, que en un principio siguieron a los serialistas vieneses. Nova es el significativo intento de situar la música contemporánea colombiana en un contexto estético internacional, libre de folclorismos. A PARTIR DE LOS SETENTA En lo que a la música popular se refiere, el panorama cae en una especie de aletargamiento, por cuanto las cantantes no consiguen superar el panorama de intérpretes de Baladas de los primeros años de la televisión. Por el contrario, en la música clásica ocurre un fenómeno sin precedentes: artistas capaces de trascender internacionalmente con su arte. La primera que consigue esa especie de reconocimiento es la pianista antioqueña Blanca Uribe, que llega a grabar con éxito para una disquera norteamericana la difícil Suite Iberia de Isaac Albéniz y enfrentar retos de la dimensión de las 32 Sonatas para piano solo de Beethoven. La primera cantante colombiana que logra el reconocimiento internacional es la mezzosoprano Martha Senn, que a lo largo de su carrera consigue presentarse en prácticamente todas las más importantes casas de ópera de Europa y los Estados Unidos, al lado de las grandes estrellas. Participa además en grabaciones de reconocidos sellos internacionales. Otras colombinas que actúan en escenarios líricos del exterior son la mezzosoprano antioqueña Sofía Salazar (vencedora del Concurso Verdi de Busetto) y la soprano caleña Zorayda Salazar, primera colombiana en presentarse en la Scala de Milán. LOS TIEMPOS QUE CORREN En materia de música clásica los impulsos y rutas trazados por una Blanca Uribe o una Martha Senn no tienen hoy en día los ecos deseables. Salvo el caso de la soprano Juanita Lascarro, que desarrolla la más consistente carrera en teatros de Europa, con reconocimientos confiables y participación en proyectos discográficos importantes. En lo popular hay una especie de explosión internacional. Primero con la propuesta muy personal de la roquera Andrea Echeverri, y por supuesto con el nombre de Shakira, sencillamente una estrella tope de la música popular. Un fenómeno que no debería estudiarse como la culminación de un proceso, sino mejor como un caso aislado, de absoluto talento personal y, obvio, una bien aceitada maquinaria de promoción. Pero no hay que afanarse. El siglo apenas está empezando. ·Crítico musical Destacado En lo popular hay una especie de explosión internacional. Primero con la propuesta muy personal de la roquera Andrea Echeverri, y por supuesto con el nombre de Shakira, sencillamente una estrella tope de la música popular.

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