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| 7/13/1992 12:00:00 AM

¿ABDICO DIANA?

Serios indicios parecen confirmar que el divorcio de Carlos y Diana, herederos al trono británico, es mucho más que un rumor.

¿ABDICO DIANA? ¿ABDICO DIANA?
LA MALA SITUAción del matrimonio de Diana y Carlos, príncipes de Gales, era un secreto a voces desde hace varios años. Pero los últimos acontecimientos llevan a pensar que el rumor de una posible separación se está acercando mucho a la posibilidad real de un divorcio.
La mecha que desató el polvorín fue un libro Diana: la verdadera historia" escrito por el periodista Andrew Morton y publicado en apartes por el diario londinense The Sunday Times. La publicación resultó en todo un desastre para el palacio de Buckingham, no tanto porque en él se describen en todo detalle confrontaciones violentas, intentos de suicidio, escándalos sociales, enfermedades y cuernos que han tenido lugar entre la real pareja, sino porque la sensación que se tiene en Inglaterra es la de que el libro se editó con anuencia de la princesa. La inclusión en el texto de declaraciones de su recién fallecido padre, de su hermano y de algunos de su mejores amigos, llevan a pensar que tanto el autor como las personas que hablaron recibieron un guiño real, ya que en circunstancias normales el silencio frente a la prensa y a los editores de libros es un must de lealtad entre los allegados a la familia de la reina.
Según esa versión, que tiende a confirmar el contenido del libro, el estado de desesperación de Diana llegó a tal punto de no retorno que la indujo a hacerla pública, quizás como un medio para presionar al príncipe, o como una justificación anticipada de una petición de divorcio.
Y aunque ninguna de las dos posibilidades han sido confirmadas por el palacio de Buckingham, dos recientes acontecimientos hacen pensar que el tema del divorcio bien pudo haberse puesto ya oficialmente sobre la mesa: desde que se conoció el contenido del libro, la reina Isabel y su heredero Carlos se encerraron en los aposentos de la reina en una conferencia que aún no ha tocado a su fin; y, al mismo tiempo, la agenda de Diana para el mes de julio fue cancelada en su totalidad. Para los observadores este último dato resulta bastante diciente, puesto que idéntico tratamiento recibió Sarah Fergusson Fergie poco antes de su divorcio del príncipe Andrés.
De ser cierto, Diana Spencer estaría muy cerca de ponerle fin a su matrimonio con el heredero a la corona británica, a la posibilidad de ser reina de Inglaterra y según el libro a 10 años de infierno conyugal.
Otro de los tantos libros escritos sobre Diana había anunciado ya que " a los 10 días de su boda, Diana se dió cuenta de que había cometido el peor error de su vida al casarse con el príncipe Carlos ".
Pero este libro que acaba de salir, confirma esta afirmación con todo lujo de detalles.
Según el autor, desde el primer mes de su matrimonio, Diana tuvo que enfrentarse no sólo con un marido que no la amaba y no la incluía dentro de las prioridades de su vida cotidiana, sino con la indiferencia de la reina y su corte.
Cuando nació su primer hijo, William, la reina Isabel fue a visitarla al día siguiente, examinó al niño y, sin que mediara una palabra para la princesa, con muy buen juicio dictaminó: "Gracias a Dios que no tiene las orejas de su padre ".
Pero el verdadero problema de Diana no era la reina sino el propio Carlos.
Además de la distancia y la indiferencia, dice el libro Diana descubrió que su marido mantenía viva una relación afectiva con Camila Parker Bowls, su novia desde 1973. Con sumo detalle y como en cualquier historia de plebeyos, el libro describe el descubrimiento de fotografías en la billetera del príncipe, conversaciones telefónicas oídas detrás de las puertas, regalos misteriosos, ausencias sin explicación y confrontaciones públicas entre las dos mujeres.
Impotente frente a la situación y desesperada en su encierro, Diana, dice el autor, enfermó primero de anorexia que no le permitía comer, y luego de bulimia nerviosa que, para su desastre, a la falta de apetito le suma vómito involuntario. Esta situación no hacía mucho porque la atención de Carlos hacia ella mejorara. Muy al contrario. En alguna ocasión en la que hacían juntos una presentación pública y cuando ella llevaba varios días sin comer, se desmayó justo a los pies de Carlos. Cuando estuvieron solos éste la conminó a que si le era imposible no desmayarse por lo menos lo hiciera en privado..
Toda esta situación la llevó a lo que resultó ser la bomba del escándalo recién desatado: varios intentos de suicidio. El primero, según el libro, ocurrió cuando Diana cursaba su tercer mes de embarazo del primogénito William. Parada en la cima de la escalera del palacio de Sandringham y en medio de una agria discusión con Carlos, éste resolvió ponerle fin a la discusión yéndose a montar a caballo. Ella amenazó con lanzarse por la escalera si él giraba para salir. El salió y ella se botó.
Muchas magulladuras pero nada grave. Los otros intentos de suicidio son igualmente cinematográficos. Tanto, que parece difícil creer que la misma dama que asume estoicamente la maratón de su agenda pública diaria, se convierta en su vida privada en una mujer descontrolada y amiga de las armas cortantes. Según el libro, se cortó las muñecas con una cuchilla de afeitar, con un cuchillo de cortar limones y con un cortapapel de su escritorio en medio de acaloradas discusiones con Carlos. Sobredosis de pastillas tampoco faltan en la descripción.
La motivación de sus intentos de suicidio. según Morton, el autor del libro tiene que ver con furiosos ataques de celos por la presencia de Camila Parker en la vida de Carlos con el consecuente desamor que le profesa a ella; el encierro en una corte que la ignora; la presión del público que le exige por que la adora, y la certeza de estar desperdiciando su vida en esa maratón de sinsabores.
Ahora se le suma uno más e igualmente doloroso: la exhibición de su pena en todos los diarios, noticieros y revistas del mundo. Al cierre de esta edición y perseguida en una calle de Londres por los ávidos fotógrafos, Diana Spencer no pudo contenerse y rompió en público y humano llanto. Nadie merece tanto.

EDICIÓN 1879

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