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| 12/19/1988 12:00:00 AM

BYE, BYE BRASIL

Sonia Braga, la actriz latinoamericana más cotizada del momento, conquista el mercado gringo.

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A los ocho años, cuando su padre murió repentinamente, Sonia Braga era delgada, fea, morena, con los dientes muy grandes y el pelo tan enmarañado que prefería no peinárselo para no llorar todas las mañanas. Eran siete niños que con frecuencia cambiaban de casa en las zonas más miserables de Maringa, Paraná, al sur del Brasil, una de las regiones más atrasadas. Encabezada por la madre de 30 años, la familia hacía de todo para no morirse de hambre y Sonia vendía bizcochos por las calles, llevaba la ropa que sus hernanas lavaban, planchaban y cosían, y ayudaba a cuidar de los más pequeños. Un día, a los 14 años, decidió dejar de estudiar y emplearse como vendedora en un almacén.

Convertida actualmente en la estrella latinoamericana más buscada en Hollywood (su nueva película al lado de Richard Dreysfuss y Raúl Julia se estrena muy pronto en Colombia, "Luna sobre Parador", una sátira sobre los actores y los políticos, dirigida por Paul Mazurski), Sonia Braga se deleita recordando cómo comenzó una carrera que a veces suena inverosímil por los elementos dramáticos que contiene. La mujer que es ahora, una bomba sexual que ha quitado el sueño a millones de hombres en el mundo porque ha sido utilizada por la mayoría de los directores brasileros en películas cargadas de lujuria y trópico, no tiene nada que ver con la muchachita fea y pequeña que trabajaba en ese almacén y que un día descubrió a través de los ojos de un fotógrafo que entró por casualidad, que no era tan horrible y que sólo necesitaba que le dieran una oportunidad. Era un fotógrafo que buscaba nuevas caras y aunque ese trabajo nunca fue aprovechado, le sirvió de lección a la joven.

Hija de un hombre que era mitad negro y mitad portugués, y una madre que es parte blanca y parte indígena, tiene una extraña fisonomía que no puede pasar inadvertida en ninguna parte. El fotógrafo le debió contar a los amigos el descubrimiento de una muchacha con un rostro extraño y la buscaron para que hiciera de princesita en un programa infantil. Fueron unas tomas muy rápidas pero la cámara alcanzó a registrarla. Al año siguiente la incluyeron en un grupo de niños que servían de apoyo en dos programas de televisión.

A los 18 años, dividía su jornada cotidiana en trabajar en el almacén buscar nuevas clientas para las costuras de la madre, cuidar de los hermanos menores, estudiar arte dramático y escandalizar a todos cuando en el estreno del musical Hair, como una de las chicas del coro, fue capaz de desnudarse completamente ante un público estupefacto que no quería creer lo que estaba viendo. Entre los espectadores de primera fila estaba su abuelo quien aplaudía escandalosamente y fue uno de sus mayores apoyos durante los años siguientes.

Con ese desnudo comenzaba el mito erótico más popular del cine latinoamericano de los últimos años, un mito que Hollywood también ha querido compartir. En 1968, inició realmente su carrera con una telenovela "La muchacha del barco azul" y siguió con otros trabajos para la cadena T.V. Globo, entre los cuales se destacan "Gabriela", 1974, sobre la novela de Jorge Amado y Dancing Days, en 1978, ambas emitidas por la televisión colombiana. Se convirtió en modelo y el paroxismo alcanzó niveles colectivos cuando el escritor brasilero Gilberto Freyre la proclamó "el ejemplo perfecto de la mujer latinoamericana". Años más tarde Richard Dreyfuss diría de ella que es "la única actriz verdadera con la que ha podido trabajar hasta ahora", y Robert Redford, afirmaría: "Si uno pone el cielo, las estrellas, la luna, el sol, los ríos y la tierra en un mismo sitio entonces tendrá una idea de cómo es ella".

Pocas actrices han sido tan utilizadas por el cine de su país como ella: "La morenita" de Glauci Mirko, en 1969; "El capitán Bandera contra el doctor Moura Brasil" de Antonia Calmon, en 1970. "Mestiza, la esclava indomable" de Lenita Perroy en 1972; "La pareja" de Daniel Filho, en 1974 y luego la película que sacudió al mundo por su carga de sexo y humor negro, "Doña Flor y sus dos maridos" de Bruno Barreto y sobre una novela de Jorge Amado, emitida incompleta recientemente por la televisión colombiana. Después vendrían mujer en el bus", "Yo te amo" y una nueva versión de "Gabriela" al lado de Marcello Mastroianni, con quien la actriz sostuvo un breve pero intenso romanece.

Hollywood ya tenía los ojos puestos sobre ella y la oportunidad se presentó cuando una productora independiente de Los Angeles la contrató para que hiciera tres papeles en "El beso de la mujer araña" de Héctor Babenco al lado de William Hurl y Raúl Julia. Interpretaba a la novia del terrorista, a la cantante afrancesada que se enamora de un oficial nazi y a la extraña mujer araña de los sueños, todo esto sin saber una sola palabra en inglés, repitiendo los diálogos mecánicamente sin conocer su significado. Los años de pobreza habían quedado atrás, lo mismo que las películas eróticas brasileras. Había que tomar el reto de su buena amiga, María Conchita Alonso y lo aceptó. Dio entrevistas, en un pésimo inglés por supuesto, apareció en varios programas muy populares como el Show de Bill Cosby y más tarde fue escogida por el director Robert Redford para "El secreto de Milagro"; luego filmó "Luna sobre Parador" en la cual hace de la amante del dictador que ayuda al actor que lo reemplaza durante un año, y regresa un poco a los personajes sensuales y escandalosos que hacía en las películas de su país. Actualmente ha finalizado otra película con Raúl Julia, prepara una aparición especial para las Navidades en un programa de la ABC, y a comienzos de 1989 inicia el rodaje de una película policiaca con James Woods.

En medio de esta bonanza económica y profesional, Sonia Braga permanece sola (hasta Cannes llegaron los rumores de su romance con Redford pero ambos lo desmintieron aunque andaban agarrados de la mano en las ruedas de prensa), no tiene casa propia en Estados Unidos ni en Brasil aunque le compró un apartamento a su familia, y prefiere vivir en hoteles, cerca de una secretaria y un agente de prensa .

Se divierte cuando le dicen que es la superestrella latina en Hollywood y dice que le falta mucho todavía por recorrer. Se la pasa entre Nueva York y Los Angeles, tiene una limosina a su disposición y cuando le preguntan si no le hace falta un marido cuenta cómo, con su gran amigo Raúl Julia, se han pasado los últimos meses tratando de encontrar uno. Los científicos, los actores y los millonarios quedan descartados, por aburridos. De pronto, caminando por Manhattan surge una solución: tiene que ser alguien que sepa cocinar sushi. Es que estaban hambrientos y la comida se les convertía en sutituto del amor.--

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