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| 11/23/1987 12:00:00 AM

CANDIDATO CON RATING

Un delfín que se mueve hábilmente entre el periodismo y la política

CANDIDATO CON RATING CANDIDATO CON RATING
En los últimos días la popularidad de Andrés Pastrana ya no se mide con el termómetro del Nielsen sino con el de las encuestas de Oscar Lombana. Y la razón es que su figuración ya no se debe a su papel de "anchorman" en el Noticiero TV Hoy, sino a sus aspiraciones políticas para la Alcaldía de Bogotá.
A diferencia de otros delfines, Andrés Pastrana se inició en la vida pública caminando no con su padre, sino con Víctor Mora. Su primera salida fue exitosa. Los bogotanos pagaron más de 2 millones de pesos por caminar a su lado, a lo largo de 13 kilómetros por las calles de Bogotá. Con el producto de esa caminata se construyó el pabellón de los niños quemados del Hospital Lorencita Villegas de Santos. Era 1973, Pastrana tenía 19 años, hacía primero de derecho en la Universidad del Rosario y era el hijo del Presidente de la República.
Desde niño Pastrana escuchó hablar de política. Fue testigo de excepción de importantes decisiones que se fraguaron en su casa. Recuerda con nostalgia las largas conversaciones con su abuelo materno, Carlos Arango Vélez, quien tuvo una intensa vida pública y fue candidato enfrentado al presidente Alfonso López Pumarejo, en su segunda campaña presidencial. "Mi abuelo influyó mucho en mí. De él recibí grandes lecciones que me han servido mucho a lo largo de la vida. Me enseñó a querer la historia", dice Pastrana. Sus tímidas intervenciones en política cuando estudiaba bachillerato en el Colegio San Carlos, contrastaron con las periodisticas. "En ese entonces tuvimos un programa de radio con Rafael Santos, hoy jefe de redacción y columnista de El Tiempo. Recuerdo que él hacía la parte deportiva con el seudónimo de Rasanti", anota.
Terminado cuarto año de bachillerato, su padre fue elegido candidato a la Presidencia. Fue una campaña muy intensa marcada por la agresividad verbal de los seguidores de Rojas Pinilla contra el candidato Pastrana, y las dramáticas circunstancias de la elección."Comencé a sentir en carne propia lo que representaba ser hijo de un hombre público", dice Pastrana.
"El primer voto de Andrés Pastrana fue por Andrés Pastrana": dice.
Era 1976 y su nombre figuraba en el último renglón de la lista conservadora al Concejo de Bogotá. "Me faltaron unos pocos voticos para ser elegido", agrega. Este fracaso electoral lo llevó a vincularse de lleno al periodismo en la revista Guión, en la que publicó sus primeros reportajes.
En 1978, como suplente de Alvaro Leyva, fue elegido al Concejo de Gachetá. Como el principal no lo dejó asistir, desde entonces decidió no volver a aceptar suplencias. Esta frustración electoral lo hizo refugiar se nuevamente en el periodismo. Al año siguiente fundó TV Hoy y se puso al frente del noticiero, pero sin des cuidar la política. Durante dos períodos fue elegido concejal de Bogotá y le correspondió presidir esta corporación en 1980, cargo que no había ocupado un conservador hacia 14 años. Su desempeño como concejal fue bueno y salió bien librado.
Lleva 8 años dirigiendo el informativo, actividad que le ha dado las mayores satisfacciones. "Ha sido un agradable trabajo de equipo. Fuimos los pioneros de los informes especiales desde el exterior, rompiendo en parte la dependencia de las agencias internacionales. Los resultados han sido muy positivos", dice, mientras señala los diplomas y los premios que ha obtenido el noticiero por los distintos trabajos periodisticos. Curiosamente en diciembre de 1985, cuando recibió en Madrid el premio "Rey de España" por un informe sobre los gamines, el presidente Belisario Betancur lo llamó para ofrecerle la Alcaldía de Bogotá. No aceptó y Betancur nombró a Diego Pardo Koppel. Pardo y Pastrana compiten hoy por la primera alcaldía por elección popular en Bogotá.

Mejorar el rating
Durante seis años,Pastrana mantuvo una intensa actividad periodística que lo llevó a recorrer con sus cámaras el mundo entero. Fueron famosas sus entrevistas con importantes personalidades internacionales: el papa Juan Pablo II, Lech Walesa, George Bush, Jacques Chirac, Yasser Arafat, quien lo tuvo esperando durante seis días en un hotel, antes de concedérsela. Pastrana ha sido "todero" en el noticiero. Alguna vez estalló un incendio cerca de las oficinas de TV Hoy, y como no había camarógrafo en el momento, no tuvo inconveniente en coger la cámara y filmar él mismo la conflagración. Le gusta editar sus informes y escoger las imágenes de archivo para ilustrar sus notas.
Hace dos años resolvió lanzarse a la presentación del noticiero para "mejorar la sintonía" afirma, actividad que le ha creado una imagen amable y simpática entre los televidentes, a la que también le ha sacado buenos dividendos políticos. Aunque sobre las condiciones profesionales de Andrés no hay discusión, algunos afirman que "a veces se le va la mano en la pantalla que en el noticiero le da a su papá, y no hay viaje, foro, declaración o "corrida de catre" a la que asista el ex presidente que no se
registre en el noticiero". Para defenderse de sus críticos, Pastrana afirma en fáticamente: "El presidente Pastrana sólo aparece en TV Hoy cuando es noticia".
El delfinazgo le ha traido problemas en sus actividades periodísticas y empresariales. Cada vez que hay una licitación de televisión se le echa en cara el parentesco con el ex presidente, y se plantea la posibilidad de "descabezarlo" por esta circunstancia. En la última licitación estuvo realmente cerca de la guillotina del Consejo de TV. Se rumoró en un momento dado que había quedado por fuera. Luego, que había pasado a la franja del mediodía. Pero fue precisamente el respeto por su calidad profesional lo que lo salvó. Sus mismos colegas intervinieron para que lo dejaran en su horario habitual de las 9:30.
Andrés Pastrana admira a su padre, y a pesar de que hace esfuerzos para brillar en política con luz propia, muchos conservadores opinan que todo le ha llegado en bandeja. Andrés se defiende diciendo: "No entiendo por qué a los hijos de los presidentes no nos dejan heredar".
Al contrario de lo que creen sus adversarios políticos, toma sus decisiones sin consultar con su padre. "Es el único conservador que no tiene que hacer méritos de pastranismo", dice uno de sus amigos. "Esto le ha permitido abrirse hacia otros sectores políticos no sólo de su partido, sino de otras colectividades políticas", agrega. Sin embargo, y esto se ha hecho evidente en los ires y venires de la elección de alcaldes, Andrés no ha logrado aún quitarse de encima la sombra de su padre, ni evitar que le sigan echando en cara que si sale elegido de la Convención como candidato oficial de su partido para la Alcaldía de Bogotá es por el inmenso poder de la "dedocracia" montada por su padre. "Es el drama de todos los del fines", dice uno de sus colaboradores. "Se les da palo porque bogan y palo porque no bogan. Si hacen algo es porque son los hijos de sus padres, si no lo hacen es por su propia estupidez."
Sus adversarios le reconocen sus calidades personales y sus dotes de conciliador, pero no dejan de calificarlo como un eficiente manzanillo. Cálido y cordial, amigo de sus amigos, es estricto y perseverante, y difícilmente pierde los estribos. "Es un tomador del pelo constante y posee un buen sentido del humor", dijo a SEMANA uno de sus colaboradores en el noticiero.
Casado hace 6 años con Nora Puyana, tiene dos hijos, Santiago y Laura de 4 y 2 años y medio, a quienes dedica el poco tiempo libre que le dejan la política y el periodismo. Es un padre cariñoso y no es raro encontrarlo jugando de igual a igual con sus hijos. De los deportes que practicó en su juventud, hoy sólo quedan las caminatas. Es un gran aficionado a la fiesta brava. Tiene excelentes amigos toreros como Luis Miguel Dominguin y Sebastián Palomo Linares. Aunque se considera un buen maletilla, "en más de una becerrada he sido revolcado", anota sonriente Pastrana.
Y aunque también ha recibido una que otra revolcadita en política, la carrera pública de Andrés Pastrana ha sido más bien una bien dirigida caminata que hoy por hoy apunta a la Alcaldía de Bogotá.--

EDICIÓN 1893

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