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| 10/21/2006 12:00:00 AM

¿Cero y van nueve?

Las versiones de que Elizabeth Taylor estaba grave pasaron de moda. La actriz sigue vivita y coleando en medio de rumores de que podría casarse de nuevo.

¿Cero y van nueve? Elizabeth Taylor
Para explicar su pasión por las joyas, Elizabeth Taylor solía relatar una historia que su madre le contaba de niña: "Yo no abrí los ojos durante ocho días desde mi nacimiento, y cuando lo hice, lo primero que vi fue un anillo de compromiso". Quizás este episodio no sólo explica la afición de la actriz por los diamantes, sino también por casarse. Además de ser una de las leyendas del siglo XX por cintas memorables como Cleopatra y ¿Quién le teme a Virginia Woolf , la última de las cuales la hizo merecedora al Oscar, lo es por el número de veces que se casó y por los personajes que conquistó. Ocho enlaces, aunque con siete maridos, pues con Richard Burton repitió.

Hasta ahora sólo Zsa Zsa Gabor le lleva la delantera, con nueve en la lista. Pero tal vez no por mucho tiempo, pues a sus 74 años Elizabeth estaría pensando en su novena boda. Según el tabloide británico Sunday Express, la eterna novia planea casarse con el fotógrafo de origen iraní Firooz Zahedi, de 57 años. La pareja se conoce desde hace mucho tiempo, pues él, famoso por retratar celebridades, se habría convertido en su fotógrafo personal.

Su intensa vida sentimental, que parecía haber dejado de ser noticia desde su último divorcio hace 10 años, comenzó con Conrad 'Nicky' Hilton, heredero de los hoteles del mismo nombre, y como dato curioso, tío abuelo de Paris Hilton. Ambos se conocieron en 1949 durante el rodaje de Un lugar en el sol, época en la que Elizabeth ya era una de las actrices más famosas del momento. Un año más tarde, cuando estaba a punto de lanzar su nueva película, El padre de la novia, muy oportunamente se anunció el compromiso. "Esta fue una de las muchas ocasiones en que la ficción se reflejó en la vida real de la diva", explicó a SEMANA Andrew Budgell, creador de la página www.dameelizabethtaylor.com. Los estudios MGM se encargaron de hacerle publicidad a la cinta usando la verdadera boda de su estrella, a quien incluso le diseñaron el vestido.

Al parecer, la novia, de 18 años, quería escapar de su madre, también actriz y quien manejaba su carrera. Pero le fue peor, al punto que el matrimonio sólo duró nueve meses. Hilton resultó ser un hombre alcohólico y agresivo que la maltrataba física y verbalmente. Se dice que en una de tantas veces la pateó y le hizo perder el bebé que ella esperaba sin saberlo.

Pocos meses después, Elizabeth buscó refugio en Michael Wilding, un actor inglés 20 años mayor. En sus cinco años juntos tuvieron dos hijos. Para entonces, la carrera de la actriz iba en ascenso, pero le preocupaba lo estancada que estaba la de su marido. Ella intentaba desesperadamente buscarle papeles que él rechazaba. "Se comportaban como hermanos, no como esposos", señala Budgell.

Se divorciaron en enero de 1957, y a los tres días la actriz reemplazó a Wilding por otro Michael. Ella ha dejado saber que el productor Mike Todd fue su primer gran amor. Elizabeth relata que después de su separación, "llegó como un toro, me agarró del brazo, me tiró en un sofá y durante hora y media no paró de decir que me amaba". Cuenta que en ese encuentro la hipnotizó, pero quizás ayudó el diamante de 29 quilates que le obsequió. De su unión de un año nació su hija Liza.

Esta ha sido la única relación de Elizabeth que duró hasta que la muerte los separó. El avión del productor, paradójicamente bautizado Lucky Liz se estrelló cuando volaba rumbo a Nueva York. "La camisa que Mike usó antes de salir, la pijama que se había puesto, las puse bajo mi almohada, tenían su olor", reveló en su biografía.

Quien se encargó de secar sus lágrimas fue el popular cantante Eddie Fisher, mejor amigo de Todd. Hizo un buen trabajo, pues la mujer de los ojos violeta terminó convirtiéndolo en su cuarto marido. Su romance, que fue el escándalo de la época, pues él estaba casado con Debbie Reynolds, fue seguido con la misma intensidad mediática que la relación de Brad Pitt y Angelina Jolie hoy. Pero ambos se dieron cuenta de que su matrimonio fue un error. Años después, Fisher describió a su ex esposa como alcohólica y adicta a los medicamentos: "Una vez que amenacé con irme, se tomó un frasco entero de sedantes". A pesar de esa experiencia, reconoce que Elizabeth era "inteligente, divertida y bella. Sexualmente era el sueño de cada hombre; tenía cara de ángel, pero los principios de un camionero".

En medio de esa relación turbulenta apareció Richard Burton, la quinta víctima de la Taylor, y su segundo gran amor. En 1963, durante el rodaje de Cleopatra en Roma, la primera de las 11 películas que haría este dúo, la actriz quedó seducida cuando su Marco Antonio llegó borracho al set y encontró encantador tener que ayudarlo a mantenerse en pie. Las cámaras fueron testigos de la química entre ellos, tanto es así, que cuando el director gritaba "corte" en las escenas de amor, ellos no podían detenerse.

Su romance se volvió noticia mundial y hasta el Vaticano los condenó tildándolos de "vagabundos morales", pues los dos eran casados. En marzo de 1964, Elizabeth se divorció de Fisher y pocos días después se casó con Burton, quien había hecho lo mismo. Pero dieron más de qué hablar por su tormentosa y extravagante convivencia que terminó 10 años más tarde, cuando decidieron divorciarse para volver a casarse un año después y romper definitivamente, a los 10 meses, en agosto de 1976. "Podría casarme con esa maldita mujer una y otra vez", habría revelado el actor antes de morir.

Elizabeth no estaba dispuesta a pasar la Navidad sola y en diciembre del mismo año le dio el sí al político John Warner, de quien, se dice, ganó un escaño en el Senado por la fama de su esposa. Sin embargo, ella era tan infeliz con las exigencias de la política, que bebía y comía en exceso y en un momento llegó a subir más de 30 kilos. La pareja se divorció en 1982 después de seis años de matrimonio. Y cuando ya parecía haber dejado atrás sus épocas de conquistas, Elizabeth sorprendió en 1991 con su octava boda. El elegido fue un obrero llamado Larry Fortensky al que conoció en un centro de rehabilitación donde ella se recluyó por su adicción a los medicamentos y él por su alcoholismo. Pese a sus opuestos estilos de vida, la relación duró más de lo esperado: un lustro.

Años atrás, refiriéndose a los cuestionamientos a su corto duelo por su fallecido esposo Michael Todd debido a su romance con Fisher, la actriz afirmó: "Mike está muerto y yo estoy viva". Hoy parece recordarles lo mismo que dijo entonces a quienes por su edad, por sus problemas del corazón y por verla postrada en una silla de ruedas, pensaban que estaba fuera del mercado: "¿Qué esperan que haga? ¿que duerma sola?"

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