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| 12/15/2003 12:00:00 AM

Crimen de honor

Por quedar embarazada antes de casarse una mujer cisjordana fue quemada viva. Esta es su historia.

Crimen de honor A los 17 años Souad quedó embarazada y fue condenada a muerte por su familia por la deshonra. 25 años después publica su testimonio en el libro 'Quemada viva'. Asegura que aún corre peligro porque su castigo no prescribe y por eso usa una máscara y un nombre ficticio.
La joven acepto el castigo con resignación. Sabía que no tenía salida pues los hombres de su familia, encabezados por su padre, habían planeado su ejecución. Después de todo ella había cometido un grave error: quedar embarazada sin estar casada y a sus 17 años en su mente no conocía otra respuesta posible a su grave falta contra el honor de los suyos. El encargado de llevar a cabo la sentencia fue su cuñado, quien minutos antes le dijo: "Te voy a ayudar, no te preocupes". Ella se arrodilló a sus pies en el patio de su casa, ubicada en un pequeño pueblo de Cisjordania, casi al tiempo que su verdugo o el salvador de la honra de la familia, rociaba gasolina sobre su cuerpo. Luego le prendió fuego.

Ahora, 25 años después de ser víctima de un crimen de honor y haber sobrevivido, cuenta su historia. Se hace llamar Souad para preservar su verdadera identidad y con ese nombre acaba de publicar su libro Quemada viva, que se convierte en el primer testimonio narrado por una mujer que ha sufrido este horror.

Podría decirse que Souad había tenido una infancia y adolescencia normales dentro de los parámetros de su cultura. Ella, que nació en una aldea ocupada por israelíes en el seno de una familia árabe de cierta posición económica, había aprendido de su madre a no contradecir a los hombres, a no hablar y a recibir azotes si osaba hacerlo. Muy pequeña vio cómo su mamá asfixió a siete de sus hijas apenas salían de su vientre sólo por ser mujeres. También fue testigo de cómo su único hermano estranguló con el cable del teléfono a una de sus hermanas por hablar demasiado por el aparato. "Si me hubiera casado en mi aldea y mi marido hubiera decidido que no quería más niñas o que había que matar a alguna de mis hijas, hubiera aceptado sin rechistar", asegura y continúa: "Una mujer en mi tierra es menos que los perros, porque a ellos hasta se les lleva al veterinario".

Souad fue una antorcha humana durante tres minutos. En medio del suplicio salió corriendo de su casa y se apagó lentamente contra el suelo. Unos vecinos se compadecieron de ella y decidieron llevarla a un hospital para que muriera. Allí permaneció tres meses sin recibir más ayuda que la de unas enfermeras que según relata le iban arrancando la piel quemada a tiras, pues su padre no permitía que los médicos la tocaran. Como resultado de las llamas tenía el mentón pegado al pecho y los brazos al cuerpo. "Estaba en carne viva y sólo pesaba 34 kilos de quemaduras y huesos". En esos momentos el recuerdo del padre de su hijo la atormentó. Se había enamorado, pero a pesar de tener edad suficiente para casarse no podía hacerlo porque su hermana mayor aún no lo había hecho. "Yo le di a él todo lo que me pidió por miedo a que si no lo hacía se fuera con otra. Luego desapareció sabiendo que me condenaba a mí y al hijo que llevaba en mi vientre al crimen de honor", contó al periódico español La Vanguardia.

Cada día de vida de Souad significaba que el honor de su familia seguía mancillado. Por eso su madre fue a ponerle punto final a su situación. La visitó al hospital y le ofreció un vaso con veneno: "Bebe, no seas egoísta, será lo mejor para todos. Piensa en tu pobre hermano", le dijo. Irónicamente años atrás ella había salvado la vida de su madre al encubrir su infidelidad pese a que su padre intentó ahogarla para que la delatara. Cuando Souad estaba a punto de beber el veneno, apareció un médico que de un manotazo derramó el líquido. En su libro cuenta cómo en ese momento sintió que perdía la única posibilidad de terminar con su sufrimiento. Incluso afirma que tiempo después intentó suicidarse.

Su hijo nació durante su estadía en el hospital a los siete meses de gestación. "De la cintura para arriba yo no podía moverme. Noté que algo se escurría entre mis piernas. Lo toqué con el pie, estaba entero, su corazón latía. Pero no sabía si era un sueño", explicó al mismo diario. También le pareció que soñaba el día que a su cama se acercó una mujer rubia que le dijo que quería ayudarla. Se trataba de Jacqueline Thibault, cooperante de la ONG suiza Surgir. Fue ella quien tras mucho esfuerzo consiguió dos salvoconductos del gobierno israelí para sacar a Souad y su hijo de Cisjordania y llevarlos a Europa donde residen desde entonces. Su salud física y mental era tan lamentable que decidió dar al bebé en adopción.

Desde entonces empezó el camino hacia su reconstrucción física: hasta el momento ha pasado por 27 operaciones e innumerables injertos de piel. Su reconstrucción moral ha sido aún más difícil pero ha tenido mejores resultados. A pesar de su prevención hacia los hombres Souad encontró el amor. Desde hace años está casada con un italiano llamado Antonio con quien tiene dos hijas de 15 y 14 años. Al principio no fue fácil pues la familia de su esposo la rechazaba por su aspecto. "Mi suegra me tapaba las manos estirando las mangas de mi suéter. Pero ahora todo es diferente", contó a las periodistas Magel García y Julia Higueras en España donde acaba de salir su libro.

A su nueva familia se ha sumado su hijo, con quien se reencontró hace algunos años. "Mamá tienes que escribir este libro como un regalo para mí", le dijo el joven de 25 años.

El libro resultó ser la mejor terapia para Souad y su manera de ayudar a las cerca de 60 millones de mujeres que según la ONU son maltratadas en todo el mundo. Si se presenta a la opinión pública con el rostro cubierto por una máscara no es por vergüenza de mostrar sus cicatrices. Es por seguridad. Su familia no pudo limpiar su honor y el castigo permanece. "Incluso en algunas partes donde ha presentado su libro ha recibido amenazas de grupos integristas islámicos. Por eso mientras concede entrevistas siempre es custodiada por guardias de seguridad", dijo a SEMANA Victoria Cherquis, periodista argentina que conoció a Souad.

Y aunque en su cuerpo y en su mente la violencia dejó su huella, Souad es libre. Hace poco decidió dejar a un lado las camisas de mangas largas para lucir un bikini en la playa. "Ahora me siento bella porque soy feliz"

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