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| 12/30/1991 12:00:00 AM

DE CAPA CAIDA

Los casos de los matadores Nimeño II y Julio Robles, ponen sobre la arena el lado trágico de la fiesta brava.

DE CAPA CAIDA, Sección Gente, edición 500, Dec 30 1991 DE CAPA CAIDA
EN EL TOREO, como en todo, el momento de entrar en la arena es el de poner sobre la mesa dos alternativas extremas. Las cosas pueden salir bien o mal. Ambas opciones, además suponen la posibilidad de salir alzado. Sólo que la diferencia es de fondo. Los toreros que empiezan cada faena con la esperanza de salir alzados en hombros, a veces tambien encuentrar la otra y negra cara de la moneda: la cornada.
Grandes figuras como Manolete o Paquirri han muerto en la cúspide de la gloria y en medio de su mejor faena. Otros, como el español Julio Robles y el francés Nimeño II, han conocido un dramático final de su carrera que, acaso, es peor que la misma muerte.
Una tarde de sol en 1989 y a punto de cerrar la temporada de la Feria de Nimeño, Christian Montcouquiol Nimeño II-, picó y banderilleó él mismo a su segundo toro. Un miura que no le hizo ningún favor en la faena pero que, en cambio, alcanzó a tocarlo con el pitón derecho cuando él instrumentaba un derechazo. Su cuerpo se levantó tan sólo unos centímetros del suelo, pero al caer sobre la nuca se quebró dos vértebras. La paráilisis que inicialmente habían diagnosticado como definitiva, fue cediendo al tratamiento y, al poco tiempo, Montcouquiol recuperó el movimiento de los brazos y logró ponerse en pie. Sin em bargo, la medicina no le prometía que su situación cambiara mucho.
Ante la desesperanza de no poder recuperarse por completo, la semana pasada Nimeño II, en una triste ironía de la vida, utilizó el poco movimiento que le había dado el tratamiento para ahorcarse.
Otro caso dramático que ha dado la fiesta brava es el del matador español Julio Robles. En medio de una corrida en la plaza de Beziers, Francia, hace dos años, sufrió una terrible embestida. El toro lo enganchó y lo lanzó por el aire con tan mala suerte que en la caída, se rompió la espalda. Quedó invalido y con un respirador conectado a la garganta.
Desde entonces, Robles ha sido sometido a varias terapias e intervenciones quirúrgicas. La última, en Valladolid, le dió una buena esperanza. Su invalidez, en parte, se debía a un error médico. La primera vez que fue intervenido en el hospital de Montpellier, le fueron colocadas unas placas entre la quinta y sexta vertebras. Las platinas rozaban contra la médula y la traquea, impidiéndole moverse y respirar bien. Cuando las vértebras soldaron, los tornillos fueron retirados al igual que el respirador. Ya recuperó el habla y el movimiento de la parte superior del cuerpo. Los médicos le aseguran que muy pronto podrá llevar una vida normal al lado de su esposa colombiana, María Liliana Mejía. -

EDICIÓN 1879

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