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| 3/4/1996 12:00:00 AM

DE PELICULA

UNA TRAMA DE SUSPENSO ES LO QUE HAY DETRAS DE LA MUERTE DEL CAMPEON OLIMPICO DE LUCHA, SUPUESTAMENTE ASESINADO POR EL MULTIMILLONARIO HEREDERO JOHN DU PONT.

DE PELICULA, Sección Gente, edición 718, Mar  4 1996 DE PELICULA
Este jueves el multimillonario John Eleuth Du Pont, de 57 años, acusado del asesinato del campeón olímpico de lucha libre Dave Shultz, tendrá su primera audiencia. Sus respuestas sobre lo ocurrido el viernes 26 de enero en su propiedad de Pensilvania son esperadas no sólo por la policía sino por los estadounidenses, quienes vislumbran detrás de este caso una historia tan dramática como su final. Tras la muerte de Shultz, el heredero se mantuvo durante dos días atrincherado en su mansión, armado hasta los dientes. En las horas que duró el sitio a la mansión, la policía mantuvo contacto telefónico con Du Pont, solicitándole que se entregara pacíficamente. Al final, los hombres del escuadrón Swat cortaron la calefacción y cuando el frío obligó a Du Pont a salir, para arreglar la caldera, lo capturaron y pusieron fin al asedio de 48 horas.Pero si este capítulo atrajo la atención mundial, los datos que han empezado a aflorar acerca de la vida del heredero del imperio químico Du Pont prometen ser tanto o más apasionantes. En primer lugar porque el acusado proviene de una familia cuya fortuna se estima en 10.000 millones de dólares. Y segundo, porque la víctima, Dave Shultz, campeón de lucha olímpica en 1994, y quien se entrenaba para participar en los próximos juegos de Atlanta, era el mejor amigo del multimillonario heredero. Aunque hasta el momento el motivo del crimen es objeto de todo tipo de conjeturas, el caso Du Pont tiene todos los ingredientes que se requieren para cautivar audiencias. Durante muchos años la imagen de John Du Pont fue la de un mecenas del deporte olímpico. En las últimas dos décadas ha apadrinado la carrera deportiva de un numeroso grupo de atletas, a quienes permitía entrar en su propiedad para nadar en su piscina, correr por los senderos de su bosque, montar a caballo en sus campos o practicar tiro al blanco. No era extraño verlo arribar a las competencias llevando a los jóvenes atletas en su helicóptero particular. Varios de esos pupilos han participado en las olimpiadas, llenando un viejo sueño del millonario heredero. Porque Du Pont fue en su juventud un apasionado de las disciplinas olímpicas, y nunca logró una clasificación.Pero todo parece indicar que detrás de la imagen de magnánimo benefactor de los deportes hay un largo historial de violencia, excentricidades y abuso de drogas y alcohol. Incluso algunas personas han revelado que Du Pont sufría, desde hace muchos años, un delirio de persecución. Al parecer, desde 1974, cuando ocurrió el secuestro de la millonaria heredera Patricia Hearst, Du Pont empezó a creer que sería víctima de los captores de la heredera. Desde entonces su seguridad se convirtió en obsesión. Gracias a su entrenamiento olímpico Du Pont es un experto en tiro, pero además su afición por las armas de fuego lo ha llevado a acumular en su mansión un completo arsenal. Fue precisamente este hecho lo que mantuvo a raya durante dos días a los hombres del Swat. Algunos de los atletas que han estado cerca de Du Pont afirman que el comportamiento del filántropo se había tornado errático. "Su corazón estaba en su sitio pero su mente no", dijo uno de sus protegidos, quien asegura que el millonario ha sido su padrino deportivo. "Desde que tenía 15 años me dio el privilegio de entrenarme en su hacienda y la llave de su casa. Hacía seis horas de tiro seguidas y eso, para un adolescente era como estar en una película de James Bond". Sin embargo, algunos de los deportistas habían dejado de ir a su propiedad porque desde los juegos de Barcelona Du Pont perdió su interés por las disciplinas olímpicas y sus excentricidades se habían acentuado. Du Pont empezó a creer que era el Dalai Lama y el año pasado, durante las competencias del mundial de lucha en Atlanta, vestía sudaderas anaranjadas y pedía ser presentado como tal. Señalan que creía que su casa estaba habitada por fantasmas que salían de las paredes. Al parecer tres incidentes llevaron al descendiente del aristócrata francés Pierre Samuel Du Pont _quien a principios del siglo XIX creó el imperio químico_ a una dramática crisis personal. El primero, ocurrió a comienzos de los 80, cuando un accidente automovilístico que le causó serias lesiones en las piernas y la espalda acabó con lo que había sido hasta entonces una vida dedicada al deporte. Luego vino el fracaso de su breve matrimonio. (El año pasado, su ex esposa presentó una demanda de divorcio en la cual solicitaba la mitad de la fortuna de John Du Pont, estimada en 50 millones de dólares). Y el tercer golpe emocional fue la muerte de su madre, Jean Austin Du Pont, en 1988, con quien había vivido desde los tres años, cuando sus padres se separaron. Prácticamente la persona más cercana a Du Pont era Dave Shultz, de 36 años, quien vivía con su esposa y sus dos hijos en una casa dentro de la propiedad de 325 hectáreas del millonario. Más que uno de sus atletas protegidos, Shultz era el único amigo en quien Du Pont confiaba. Y Shultz había sido tan generoso con su amistad como el heredero con su dinero. Ahora la pregunta que todo el mundo se hace es qué pudo llevar a Du Pont a dispararle.

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