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| 6/19/1995 12:00:00 AM

EL ADIOS DE ARENAS

Si Rodrigo Arenas Betancur fue polémico en vida, es probable que sea aún más polémico en la muerte.

EL ADIOS DE ARENAS EL ADIOS DE ARENAS
DE RODRIGO ARENAS BETANCUR SE dice que era un hombre que no tenía pelos en la lengua; que era un rebelde empecinado en llamar a las cosas por su nombre y en cuidarse de que la historia artística, política y social de Colombia no fuera la que la burguesía había hecho aprender al pueblo. Entre estos dos complejos sociales había elegido el segundo y se entregó a él quizás como ningún otro artista contemporáneo.
Escultor y poeta, Arenas Betancur levantó escándalos iguales con el bronce y con la pluma. Rebelde y desafiante, no tuvo reparos en llevarse por delante los principios éticos, religiosos y políticos de la época para lograr construir su obra tal y como la había imaginado. La escultura Eva Desnuda causó tal estruendo en Medellín que prácticamente le tocó volarse para México. Y más tarde, su famoso Bolívar desnudo, de Pereira, lo puso contra la pared ante la sociedad en general. Sin embargo, la obra del maestro de Fredonia había comenzado a sobrevivir por sí sola. Entre los narradores de la historia del país a través del volumen se convirtió pronto en el más destacado de Colombia y en uno de los más importantes de Latinoamérica. Arenas Betancur se encargó de recrear en bronce los mitos autóctonos y los pasajes épicos de la historia colombiana quizás como nadie lo había hecho. Influenciado por el muralismo mexicano, le habló al pueblo de sus leyendas, de su raza y de sus ídolos en valioso afán por descubrir las raíces verdaderas del ser americano. A tal punto que cualquiera de sus descomunales monumentos, tal y como lo afirma el crítico Eduardo Serrano, son susceptibles de ser colocados en cualquier capital latinoamericana.
Esa visión histórica del arte le hizo acreedor al cariño y el respeto de buena parte de los colombianos, pero también a la crítica de muchos artistas nacionales. Si por un lado se decía que era sin duda el mejor escultor de monumentos de la historia de Colombia, sus más enconados detractores no lo hacían merecedor ni siquiera a un lugar en la historia del arte nacional, pues su obra estaba sujeta a la narración de episodios más que a la expresión artística por sí misma. Sin embargo, nadie pudo argumentar en su contra que no dominaba la técnica, que no era un experto conocedor del espacio y de los volúmenes.
Paradójicamente, toda la rebeldía que el maestro Arenas había plasmado en sus esculturas quedó convertida en el más claro símbolo del establecimiento. Aun así, para los críticos Arenas Betancur representó el arte oficialista que las instituciones necesitaban, y en este contexto no cabe duda de que ha sido el mejor, sin un sucesor que pueda llegar a equipararlo.
Si bien no fue un escultor moderno o renovador, su obra posee la gracia de la monumentalidad y la fortuna de haber dejado profunda huella en la identidad de las ciudades colombianas.

EDICIÓN 1888

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