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| 12/2/2006 12:00:00 AM

El Beatle místico

Se cumplieron cinco años de la muerte de George Harrison. A pesar de haber estado a la sombra de Lennon y McCartney, dejó su marca en la historia de la música.

El Beatle místico George Harrison en una de las últimas presentaciones de The Beatles en vivo, con una guitarra Gibson (arriba). A la derecha, posa con su colección de guitarras
George Harrison siempre se distinguió por ser considerado el Beatle tranquilo, tímido y en ocasiones hasta triste. Pero esa imagen que mostraba no era real. A pesar de que siempre trató de mantener un perfil bajo, era el dueño del humor y la ironía más punzantes del cuarteto de Liverpool, además de un gran talento. Claro, competir con John Lennon y Paul McCartney, dos de los compositores más prolíficos y exitosos, era una tarea utópica. De manera callada pero segura dejó su imborrable marca dentro de la historia de la música, con canciones como If I needed someone y While my guitar gently weeps. Y las guitarras aún lloran al recordar el día en que este ferviente hinduista dejó esta vida. Después de luchar intensamente con un cáncer que se asentó en su garganta, pasó a sus pulmones y finalmente hizo metástasis en su cerebro, el 29 de noviembre de 2001 el Beatle murió, no sin antes decir a su esposa Olivia Arias y a su hijo Dhani que, "todo lo demás puede esperar, pero la búsqueda de Dios no; ámense los unos a los otros".

A los 12 años, George conoció la música de Elvis Presley. Una tarde, mientras montaba en su bicicleta camino a casa, escuchó Heartbreak hotel en el radio de un vecino. Fue amor a primera oída. Desde ese momento dedicó todo su tiempo y su energía a soñar con guitarras, dibujarlas en sus cuadernos y pedir encarecidamente a su madre que le regalara una. Ella, haciendo un gran esfuerzo, compró un instrumento de segunda mano por tres libras esterlinas. Aprendió a tocar solo. Todas las noches ensayaba los acordes una y otra vez, hasta que las yemas de sus dedos sangraban. Su madre, Louise, se quedaba con él hasta muy tarde apoyándolo en silencio y viendo cómo con cada semana sus manos iban acoplándose mejor a las cuerdas y las notas fluían más fácilmente.

Estaba tan embelesado con la música, que descuidó por completo el colegio, del cual se graduó de milagro y sin muchas perspectivas para el futuro. Es más, si en su destino no hubiese estado escrito que él se convertiría en uno de los roqueros más famosos del mundo, probablemente habría sido electricista.

Aunque al inicio de la beatlemania fue el guitarrista quien se robó la mayoría de los suspiros y gritos desesperados de las enamoradas e histéricas fanáticas, él siempre debió luchar para mantener su puesto en el grupo. Cuando apenas empezaban a hacer sus pinitos y todavía se llamaban The Quarrymen, John estaba muy reticente en dejar participar a George, por ser casi dos años menor que los demás, aunque ya mostraba gran destreza con su instrumento. Y cuando ya eran The Beatles y comenzaron a tocar en Hamburgo, él fue deportado por trabajar en locales nocturnos siendo menor de edad: apenas tenía 17 años. Cargó el estigma de ser el pequeño durante toda su carrera, pero aun así, fue quien ejerció gran influencia en los rumbos y las tendencias que habría de seguir el grupo durante su existencia.

El ego de Harrison nunca logró las gigantescas proporciones de los dos genios del grupo. Por el contrario, al principio se contentaba con las pequeñas oportunidades que le brindaban para mostrar sus destrezas como cantante, músico y compositor. Fue así como dentro del repertorio de The Beatles comenzaron a aparecer pequeñas joyas como Taxman, Within you without you y Piggies, que abrieron paso a canciones inolvidables como Here comes the sun y Something. Esta última fue calificada por Frank Sinatra como la mejor canción de amor de los últimos 50 años, lo que sorprendió a Lennon y McCartney, autores de baladas tan importantes como Yesterday y In my life.

Siempre curioso y atento, Harrison fue quien introdujo a los demás a la música de Bob Dylan, lo cual ayudó a mejorar la calidad de las letras. También fue él quien presentó a sus compañeros, y en general a la música popular de occidente, los sonidos del sitar de la India. Su amistad con el músico indio Ravi Shankar hizo que otros roqueros se interesaran por los sonidos tradicionales de ese país.

"George, además de ser uno de los guitarristas más inventivos del rock, también fue un líder espiritual. Indiscutiblemente el alma de los Beatles", dijo a SEMANA Andrés Ospina, periodista cultural y organizador de The Beatles, una noche de fiesta que se realiza cada diciembre en el bar Crabs. Gracias a George y a su entonces esposa, la modelo Pattie Boyd, el grupo y sus parejas visitaron al maestro y guía espiritual Maharishi Mahesh Yoghi para aprender acerca del hinduismo y la meditación trascendental, iniciando la oleada de la nueva era que se tomó a occidente. A diferencia de sus colegas, él siguió practicando esta religión hasta el fin de sus días. Además, fue cremado bajo el rito hindú y sus cenizas se esparcieron en los ríos Yamuna y Ganges.

El primer disco solista en 1970, después de la disolución del grupo, fue un LP triple titulado All things must pass, que parecía ser, por fin, el espacio esperado para publicar las canciones acumuladas durante todos sus años a la sombra de Paul y John. En el trabajo, el más vendido de un ex Beatle en solitario, contenía el éxito My sweet lord. Con esta canción logró que miles de fanáticos entonaran el mantra de Hare Krishna. Su influencia espiritual le ganó adeptos, pero también detractores. "En muchísimos de sus mejores álbumes dejó que la música perdiera terreno ante la cuestión religiosa, explicó a esta revista el periodista y crítico musical Gustavo Gómez. Así como John incluyó a Yoko Ono en todo su trabajo posterior, para George, Dios se volvió una figura omnipresente en su música".

Pero fue la búsqueda de trascendencia espiritual lo que lo convirtió en una persona sintonizada con las necesidades del mundo. Antes que Bono y Bob Geldof, fue él quien organizó el primer concierto benéfico con grandes estrellas. En The Concert for Bangladesh, que se realizó el primero de agosto de 1971 en el Madison Square Garden, de Nueva York, se recogieron más de 240.000 dólares que fueron donados a la Unicef. También creó la fundación de caridad Material World.

Además de sus éxitos como solista, fue uno de los fundadores del autodenominado antisupergrupo The Traveling Wilburys, a finales de los 80, conformado por grandes estrellas de la música: Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lynne. Junto a ellos creó rock puro, dejando un poco de lado la inspiración religiosa.

Unos dos meses antes de morir grabó la última canción, al lado de su hijo Dhani, quien también es guitarrista. En Horse to the water cantó, "puedes llevar un caballo al agua, pero no puedes obligarlo a beber". A pesar de la popularidad que tuvo toda su vida, no quiso dejarse cegar por el dinero y el éxito. Siempre fue fiel a sus impulsos creativos y prefirió dedicar sus mejores años a criar a su hijo y estar con su familia. Nadie pudo obligarlo a beber del elíxir del ego y la fama.

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