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| 11/11/1996 12:00:00 AM

EL DECANO DEL CAFE

Con la muerte de Rafael Espinosa se fue el más grande exportador privado de café en Colombia y el pionero de la agroindustria en el país.

EL DECANO DEL CAFE EL DECANO DEL CAFE
Tal vez se requirió que muriera Rafael Espinosa Rentería para publicar una foto suya o rendirle un homenaje. Desde hace años merecía muchos pero siempre se negó a cualquier figuración por pequeña que esta fuese. Lo cierto es que este hombre modesto y discreto, que se cuidó toda la vida de ser una figura pública, fue sin duda el verdadero decano de la exportación de café y uno de los pioneros del sector agroindustrial del país. A su talento para convertir a su empresa en el segundo exportador de café en Colombia _sólo superado por la Federación de Cafeteros_ y en uno de los conglomerados más importantes de la Nación, se suma la virtud de haberse hecho a sí mismo. Comenzó hace más de 50 años como empleado en un negocio de taxis de propiedad de Leonidas Lara e Hijos, en esa época el principal exportador de café. Pero ante el declive de la empresa de Lara, Espinosa decidió desarrollar su propio negocio en compañía de sus hermanos Zenón y Alfonso. Así nació Rafael Espinosa Hermanos y Compañía, hoy conocida por ser un emporio que reúne alrededor de 40 empresas dedicadas, además de la exportación de café, a las más diversas tareas agroindustriales, desde la elaboración de derivados de la palma hasta la producción de tabaco. Sin embargo su obsesión fue el café, y en esta materia se constituyó en una eminencia. Disciplinado y estricto, mantuvo una rutina que muy rara vez habría de romper. Salía a las 6 de la mañana en su Mercedes blanco a jugar golf en el club Los Lagartos, a las 8:30 llegaba a la oficina y a las 10 ya se había empapado de todo el acontecer cafetero mundial. Ni un sólo día durante los cerca de 50 años al frente de la empresa supo lo que era una devolución o un retraso en el envío del grano. Conocía de tal forma el negocio que los demás exportadores buscaban su consejo, pues era una regla entre los cafeteros escuchar las dos versiones del sector: la de la Federación y la de Rafael Espinosa. Pero si levantar una compañía como la suya fue una proeza, quizás su mayor logro fue haberla hecho crecer alrededor de la unión familiar. Nunca tuvo discrepancias con sus dos hermanos y mucho menos con sus sobrinos, quienes han iniciado el relevo generacional alimentados por los principios éticos de sus predecesores. Aunque nunca abandonó el bajo perfil, Rafael Espinosa siempre respondió al llamado de las organizaciones cívicas y, en lo personal, mantuvo estrechas relaciones con varios presidentes, entre ellos Carlos Lleras, Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay. Anteponer los intereses del país a los propios fue su consigna y quizá por eso quiso vivir sin protagonismos. Tenía 81 años cuando lo sorprendió el infarto que apagaría su vida. Los últimos años los había pasado en Estados Unidos, en su residencia de la Florida, al lado de sus tres hijas y lejos de las cifras económicas. Al fin y al cabo su misión ya estaba más que cumplida.

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