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| 7/10/1995 12:00:00 AM

EL HOMBRE DE LA ROSA

Un caleño, Carlos Plata, triunfa en Europa al lado de Marcel Marceau, uno de los mejores mimos de todos los tiempos.

EL HOMBRE DE LA ROSA EL HOMBRE DE LA ROSA
QUE UN NIÑO quiera, cuando sea grande, ser bombero o policía no es raro. Lo extraño es que un pequeño sueñe con ser un mimo. Y ese es el caso del caleño Carlos Agudelo Plata. Su mamá recuerda que hacía presentaciones en su casa, cobraba cinco centavos por funcion y el patio se le llenaba de espectadores del vecindario. "Cuando yo sea grande voy a ser un mimo", decía. Este sueño se afianzó a los 15 años, cuando vio un video de uno de los grandes del mimodrama, Marcel Marceau. Aunque su decisión y su ambición eran extremas, era muy prematuro imaginar que 15 años más tarde compartiría escenarios por el mundo con el reconocido mimo francés.
La historia de cómo Carlos Agudelo lo conoció es ya famosa. Cada vez que Marceau presenta al petit colombien ante el público, relata brevemente la simpática anécdota, ocurrida en 1987 en el Teatro Municipal de Cali.
Carlos tenía 22 años y un deseo inmenso de aprender este arte con el más reconocido de todos los mimos en el mundo. Entonces decidió armar un ingenioso plan para conocerlo. Era el último acto y el público empezaba a aplaudir al maestro, cuando Carlos saltó al escenario desde el foso de la orquesta con una carta en la mano y una rosa en la boca. Cuando quedó cara a cara frente a Marceau, él no pudo ocultar su asombro ni su disgusto. En ese momento bajó el telón y el artista miró iracundo al joven intruso. Aparte de un tremendo regaño, que todavía recuerda como el peor de su vida, Carlos sólo consiguió de Marceau un número telefónico donde lo podía contactar en Francia. Pero sin duda, logró quedar en la memoria del artista francés.
En su segunda visita a Cali, dos años más tarde, Carlos se presentó de nuevo ante Marceau, pero esta vez de una manera más discreta. "Le dije que era el mismo loquito de hace dos años y le pedí que me inscribiera en su academia", cuenta Agudelo. El gestionó todos los trámites y le concedió una audición, un mes después, en París. A punta de rifas, subastas, recolectas y bazares el joven caleño consiguió el dinero para comprar un pasaje a la Ciudad Luz y llegó a tiempo para la cita. Carlos fue aceptado en la Escuela Internacional de Mimodrama de Marcel Marceau.
Durante los tres años de estudio hizo cosas tan atrevidas para pagar sus gastos como la de aquella noche en Cali. Su ingenio le sirvió para armar pequeños mimodramas basados en su propia aventura en París, los cuales representaba durante los cruceros por el Sena. "La gente después me contrataba para presentaciones en fiestas y reuniones", dice Carlos. También hacía funciones en los supermercados y con eso logró sostenerse mientras estudiaba. "Marceau me preguntaba que si yo sería capaz de sostenerme sin vicios de la calle. Y aunque viví de la calle, lo hice trabajando". Así fue como se dio a conocer en Suiza España y otros países europeos. donde hízo fama por su propia cuenta en 1992 de los # 17 estudiantes que optaban por el grado, Carlos fue uno de los cuatro que lo logró. 'En el último año el maestro no viajó mucho, entonces tuve la maravillosa oportunidad de aprender a su lado". En esa experiencia no solo adquirió la técnica sino una gran gama de otras disciplinas artísticas. como actuación, dirección. maquillaje, danza y expresíón corporal. Después de su grado como mimo comedíante -estudió en la escuela de Etlenne Decroux, artista francés y creador del mimo corporal dramático, que junto a la técnica de Marceau han sido sus dos escuelas básicas.
En año después. cuando pensaba que su destino era abrirse camino solo, recibió una llamada de Marceau para que trabajara con él. Dentro de la selección de alumnos de su academia había escogido nueve jóvenes, entre los cuales figuraba el colombiano El maestro acababa de formar la nueva Compañía de Mimodrama, que contaría con la financiación del gobierno francés.
Fue un momento muy simbolico porque ser su alumno era una cosa, pero trabajar a su lado era hacer realidad el sueño que habia empezado seis años atrás, esa noche de locura en Cali'
Por supuesto. aceptó, y tuvo que interpretar el personaje del sastre. en una adaptación sin palabras de la historia de Nicolai Gogol El abrigo, una pieza en ocho actos que Marceau había creado en 1951. Carlos entró a ser parte de los mimos que actuarían con él por el mundo en esta obra.
Desde entonces ha salido en dos oportunidades en giras mundiales a visitar países como Italia, Francia, España, Alemania,Inglaterra, y recientemente Estados Unidos. donde la crítica aplaudió el trabajo de Marceau y el de sus jóvenes actores.
El año entrante realizarán una visita a Japón. "Uno viaja con la imagen de Marceau, que no es gratuita, y eso significa un público asegurado en cada teatro".
La experiencia de trabajar su arte al lado del maestro le ha permitido a Carlos Agudelo no sólo perfeccionarse profesionalmente sino descubrir, poco a poco, las diferentes facetas de este admirado artista que, a los 73 años, sigue tan vital como siempre. "Primero conocí al maestro, después al artista y finalmente al hombre que hay detrás de la carapintada", dice el mimo caleño.
Actualmente, además de su trabajo con la compañía, Carlos está adelantando una licenciatura en teatro en la Universidad de París. En unos días vendrá a Colombia, auspiciado por Colcultura y la embajada de Francia,. para dictar una serie de talleres en varias ciudades sobre el arte del mimo. Sin embargo, advierte que no pretende enseñar lo mismo que aprendió con Marceau. "No soy un mimo clásico, ni me interesa hacer lo mismo que el maestro, porque pertenezco a una nueva generación de artistas Soy un actor-mimo que está influenciado por muchas otras técnicas".
Ensenar en su país también significa un gran logro en su carrera y la idea que Agudelo tiene para el futuro es la de trabajar mucho más en Colombia, aunque sin perder el vínculo con Europa. "Es bonito recuperar el valor que tiene este arte, porque en Colombia se ha reducido a lo que se hace en la calle y, si el mimo no tiene un lugar hoy, es porque no ha habido gente que se ha formado para hacerlo".
Carlos silenciosamente ha representado a Colombia frente a públicos internacionales. Y hoy, a los 28 años, cuando su carrera apenas comienza, no se arrepiente de todo lo que hizo para alcanzar el lugar que en este momento ocupa. El mismo Marceau, quien le tiene un cariño entrañable, lo reconoce y le fascina contar, de una manera muy especial, la historia del joven colombiano que se ganó su atención ofreciéndole una rosa.

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