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| 2/28/1994 12:00:00 AM

EL HOMBRE VERDE

Manuel Rodríguez Becerra, un administrador con vocación ecologista, se enfrenta al reto de poner en marcha el Ministerio del Medio Ambiente.

EL HOMBRE VERDE, Sección Gente, edición 613, Feb 28 1994 EL HOMBRE VERDE
SU NOMBRAMIENTO COMO MINISTRO DEL Medio Ambiente -el primero en la historia de Colombia- sorprendió a más de uno. Porque la imagen de Manuel Rodríguez Becerra era la de un prestigioso ingeniero industrial con estudios en la Universidad de Oxford y la de un brillante catedrático y directivo de la Universidad de los Andes. Sin embargo, su paso por la dirección del Inderena, de donde acaba de salir para regentar el decimoquinto ministerio, lo confirmó como uno de los más profundos conocedores de la ecología en Colombia.
Cerebral, analítico, reflexivo y callado, en su trabajo tiene fama de huraño, pero fuera de la oficina es sencillo y accesible. En las reuniones con sus colaboradores más cercanos su simpatía bordea el mamagallismo. Se dice que durante los tres meses que siguieron a su ingreso en el Inderena, se devoró, entre 6 y 9 de la mañana, todos los libros de ecología que había en la entidad para ponerse al tanto en un tema que, hasta ese momento, no dominaba. Gracias a ese rápido aprendizaje se apasionó por un asunto para él fundamental: lograr el desarrollo económico sin afectar el hábitat. De este tópico, y de muchos otros relacionados con la ecología, ha escrito ensayos, libros y dictado numerosas conferencias.
Ahora, ya en el gabinete, este bogotano de 47 años tendrá mayores facultades para fijar las políticas ambientales a nivel nacional, y dar pautas en materia de turismo y explotación de recursos mineros. Su labor en el Ministerio del Medio Ambiente revestirá gran importancia, toda vez que Colombia está sufriendo un rápido deterioro en materia ecológica. Padece una rápida deforestación, y una peligrosa contaminación de ríos y de ciénagas. Además, los contaminantes provenientes de industrias y automóviles alcanza índices dramáticos en ciudades como Bogotá y Medellín.
Lo paradójico es que pese a estos indicadores no existía una entidad única que regulara y coordinara todas las acciones en el campo ecológico. El Inderena, el Ministerio de Agricultura y las corporaciones autónomas regionales expedían normas que, si bien eran efectivas localmente, tenían difícil aplicación en otras regiones. Con el Minambiente no sólo desaparecerá el Inderena, sino que habra sanciones para quienes cometan delitos que atenten contra la naturaleza. Las ciudades con más de un millón de habitantes asumirán las funciones de regulación ambiental en el perímetro urbano. Y las actividades productivas y las obras públicas serán autorizadas siempre y cuando se presente un estudio ambiental de alternativas, de manera que pueda garantizarse al máximo la preservación del ecosistema.
Que todos estos proyectos no se queden en el papel será una labor que emprenderá Manuel Rodríguez Becerra, un hombre que ha puesto su formación de gerente al servicio de la naturaleza.-

EDICIÓN 1888

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