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| 4/4/1988 12:00:00 AM

EL MAGNIFICO

Con sólo 42 años, Donald Trump se ha convertido en el magnate de la finca raíz en Estados Unidos.

EL MAGNIFICO EL MAGNIFICO
"Yo no hago las cosas ni tomo las decisiones por el simple afán de hacer dinero. Hago las cosas por hacerlas": éste es el credo de un hombre multimillonario llamado Donald J. Trump, quien en los últimos años ha cambiado todas las reglas, todos los linderos del negocio de la finca raíz en Estados Unidos comprando, vendiendo, demoliendo, construyendo, gastando, invirtiendo y dándole a su imagen la apariencia de un apostador. Es un hombre que se arriesga en todo, un actor de cine que aparece en muchas revistas como uno de los más apuestos y elegantes del mundo, un hombre a quien no le importa que lo tilden de narcisista porque le coloca su nombre a numerosos edificios, porque en las oficinas hay muchos retratos suyos y de la esposa y la familia, que ahora es noticia porque acaba de publicar sus memorias ( Trump: The art of deal, en colaboración con Tony Schwartz), un hombre que aparece en casi todas las carátulas por la forma como maneja sus negocios, que es figura tanto para People, como para Fortune, o la revista del New York Times.
Una de las raices de su éxito está en la audacia como encara los proyectos: la arquitectura y la ingeniería se han visto desafiadas porque Trump decidió construir lo que muchos no se atrevían a imaginar. Obras como el hotel Grand Hyatt de Nueva York, la torre Trump sobre la Quinta Avenida, o el casino y hotel Trump en Atlantic City.
Casado con una hermosa checa, Ivana, quien le administra el hotel Trump Castle en Nueva Jersey, maneja las 3 mansiones que tienen en distintas ciudades y además cuida de sus 3 hijos, este magnate se ha convertido en toda una leyenda por lo que dice, lo que hace, lo que piensa en un terreno tan salvaje como la finca raíz y las inversiones en construcciones y remodelaciones. Leyenda que se alimenta con lo que él mismo califica como su pensamiento para salir ganando siempre: "Siempre hay que pensar en grande", "Devolver todos los golpes". "Entregar uno mismo las mercancías", "Divertirse aún con los actos más cotidianos", "Nunca hacer las cosas o tomar decisiones por el dinero, hay que hacer las cosas por el simple hecho de hacerlas".
Curiosamente en esta vida y esta carrera que son casi perfectas, que no tienen fisuras aparentes, la vida emocional de Trump sufrió un duro golpe cuando su hermano mayor, Fred Jr., presionado por las tensiones y el infierno que representaba una vida de multimillonarios, prefirió el suicidio. El padre de Trump es un constructor y en un libro publicado 3 años atrás, Trump: The saga of America's most powerful real state baron, por Jerome Tuccille, se dan las claves para comprender mejor el torbellino salvaje que respira este personaje el cual, dicen, sirvió en buena parte de inspiración al guionista y director Oliver Stone para su película Wall Street, retrato crudo de un tiburón de las finanzas.
Lo que muchos admiran en Trump es su sentido casi mágico, demencial también para tomar decisiones en materia de inversiones y negocios. El dice: "Cuando hay que decidir algo, el comité más distinguido, los expertos más sabios, los técnicos más estudiosos no le ven la cara para hacer las cosas bien, a quienes vienen de la calle, son simples vecinos y además tienen su dinero en juego".
Por supuesto, Trump no es un santo aunque en estas Memorias quiere parecer más generoso de lo que en realidad alcanza a ser. Cuando surgieron conflictos con los moradores y propietarios de unos apartamentos que quería demoler para construir una torre más lujosa y costosa, reclutó mendigos y personas sin techo, los instaló en el vecindario y logró que los otros, alarmados y asustados,comenzaran a emigrar.
Aunque la organización Trump no es la primera en el campo de la finca raíz y la construcción en Estados Unidos (se halla entre las 10 más importantes), la forma como Trump maneja sus negocios, la sagacidad y la audacia y el toque salvaje y rebelde que pone aún en sus transacciones más modestas, han convertido sus empresas en las más llamativas. No en vano y a los 42 años de edad, 6 de los más hermosos y costosos edificios en Estados Unidos llevan su nombre.
Cuando vendió el condominio en Trump Tower y Trump Plaza en Nueva York, se ganó 142 millones de dólares. Se guardó en los bolsillos más de 140 millones en Trump Parc en la zona Central Park South, un proyecto que comenzó a 650 dólares el pie cuadrado de espacio, y cuando celebridades coma Sylvester Stallone comenzaron a comprar, el precio alcanzó la suma de 1.500 dólares el pie cuadrado y siguió subiendo. Por eso en la zona adyacente una modesta casa de 3 habitaciones llegó a costar más de 2 millones y medio de dólares. Cuando alguien le preguntó a Trump cómo hizo, respondió: "Es como si estuviéramos jugando monopolio".
Sus actividades han hecho temblar la bolsa en algunas oportunidades, comprando, ofreciendo, vendiendo, apostando en un medio lleno de tiburones entre los cuales, él asoma como uno de los más peligrosos.
Sonriendo, Trump ha logrado imponer su estilo aunque a veces sostiene largas y ruidosas batallas como la que mantuvo con los inquilinos del Trump Parc, a quienes impuso vecinos menesterosos, o sus debates con los que se sintieron ofendidos cuando hizo destruir la hermosa fachada antigua de un edificio que tumbó en la Quinta Avenida para construir una torre de vidrio.
Quizás una forma eficaz de apreciar mejor el alcance de la mentalidad y el trabajo y la leyenda de un hombre como Donald Trump, sea la reproducción de algunos fragmentos de estas Memorias donde el ego se robustece más, donde la cacería de inversiones y negocios es más excitante que la mejor película de suspenso. Estos son fragmentos de lo que piensa un hombre como él de un negocio como ésta:
"La modestia nunca ha sido una de mis palabras favoritas";
"Antes de ser construida, la torre Trump era un proyecto que muchos críticos miraban con escepticismo, con desgano pero la gente común en el fondo quería que se construyera. Por supuesto no me refiero a los que han recibido dinero durante más de 175 años de herencia familiar sino al italiano que tienen una hermosa mujer y un Ferrari rojo y quería un apartamento de buen gusto";
"Algunas personas han logrado aprender a tener un sentido de los negocios, de lo que significa el mercado pero otros no. Spielberg lo tiene, lo mismo que Lee lacocca y a su manera, Judith Krantz, la novelista. Woody Allen también pero para unos espectadores específicos y a su lado, Stallone, aunque su audiencia sea muy distinta".
"Cada arquitecto tiene su versión del dinero, de la forma cómo utilizarlo. I.M. Pei por ejemplo es un hombre con una reputación terrible pero también se distingue porque busca las soluciones más costosas para resolver sus problemas y porque nadie puede ejercer control alguno sobre él...En cambio, Richard Meier es otra cosa, no es la clase de personas que se excita y salta ante una posibilidad, un nuevo proyecto, prefiere analizar con calma todos los ángulos de una situación";
"Muchos me critican porque me promuevo demasiado. Pienso que debería promoverme más porque en el fondo, yo pertenezco al reino de la fantasía de la gente común y corriente, me miran como un ser de otro planeta, como alguien que es superior a ellos, que refleja todo cuanto quieren ser y nunca podrán alcanzar. Tengo que seguir siendo así para que la gente también tenga en quién pensar como lo más grande, lo más espectacular";
"En el negocio de la Jinca raíz y la construcción en Nueva York, se mueven las personas más duras, más viciosas y también las peligrosas. Me fascina ir contra ellos, pelear en su terreno y me alegro cuando los golpeo";
"Pienso que este carácter que tengo viene de mi madre quien siempre tuvo una inclinación por lo dramático y lo grandioso. Era un ama de casa tradicional pero sabía qué mundo estaba detrás de ella y su familia. Nunca olvidaré la escena de mi madre, sentada ante el televisor contemplando lo que para ella era el resumen de la pompa y las circunstancias, de la coronación de la reina Isabel II";
"La gente me mira como un apostador. Nunca he apostado en mi vida. Para mí, el apostador es la persona que quiere quitarle el dinero a las máquinas de juego. Yo prefiero ser el dueño de esas máquinas".

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