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| 4/30/2001 12:00:00 AM

El más resistente

Realizar las más duras pruebas de fuerza y resistencia durante 24 horas sin descanso convirtió a un joven norteamericano en la persona con mejor estado físico del mundo.

El más resistente El más resistente
Joe Decker es la unica persona que se puede dar el gusto de decir que para recorrer el mundo sin la ayuda de aviones, barcos o vehículos motorizados le bastarían doce meses. Después de todo solamente en el año pasado caminó, pedaleó y remó un total de 40.000 kilómetros, lo cual es equivalente a darle una vuelta completa a la Tierra por la línea del ecuador. Y aunque esta proeza podría ser suficiente mérito para quedar registrado en el libro de los Guinness Records, solo a finales del año pasado este atleta de 30 años se fijó la meta de romper un registro mundial: realizar 13 intensas pruebas físicas en 24 horas.

Equipado con una pantaloneta y una camiseta ligera, Decker se dio a la tarea de superar el reto un viernes a las 8 de la noche y terminó el sábado siguiente a la misma hora. En ese lapso recorrió 160 kilómetros en bicicleta, 16 corriendo, 16 escalando, 8 y 10 kilómetros en las pruebas de marcha y canotaje respectivamente. Además nadó 3,2 kilómetros, realizó 3.000 abdominales, 1.100 saltos, 1.000 levantamientos de piernas y 1.100 flexiones de pecho. Para finalizar, levantó 139,27 kilogramos.

Cumplir con esta rutina lo hará merecedor al título del hombre con mejor estado físico del mundo. Durante cada hora realizó ejercicios sin detenerse. Incluso cuando era transportado al lugar donde llevaría a cabo la prueba de nado Decker aprovechó para hacer algunos abdominales en el camión. “Cada músculo de mi cuerpo, desde los dedos de mis pies, son testigos de lo que trabajé ese fin de semana”, afirmó Decker días después. No obstante al día siguiente fue capaz de volver a la acción y a las 6 de la mañana emprendió con los alumnos de su academia de aeróbicos un largo recorrido por las montañas.

Pero su imagen no revela lo que este hombre es capaz de hacer. Con 1,75 metros de estatura y menos de 90 kilos de peso, no es tan delgado como un corredor ni tan robusto como un levantador de pesas. El mismo se define como una persona normal y considera todo cuerpo humano como una increíble máquina, idea que acompaña con la filosofía más importante de su vida, la que pidió prestada a Nietzsche: “Lo que no te mata te hace más fuerte”.

Tal vez por esta razón desde hace 10 años las competencias de alto rendimiento, las que ponen a prueba la resistencia y llegan a producir náuseas por el esfuerzo, se han convertido en su verdadera pasión, hasta tal punto que es capaz de arriesgar su vida. Las dificultades no son un impedimento para que él consiga sus metas. En 1999 participó en un gran maratón en el Valle de la Muerte, California, considerado como el lugar más caluroso del mundo. La prueba consistía en recorrer 135 millas bajo una temperatura de más de 50 grados. En esta ocasión el deportista tuvo que permanecer media hora tirado en el camino porque el sánduche que comió durante la competencia y el intenso calor no le sentaron nada bien. Aun así decidió finalizar la carrera y en medio de toda esta experiencia le resultó divertida.

Sin duda alguna fue en julio de 2000 cuando Decker enfrentó uno de los más grandes retos, la competencia llamada Raid Gauloises, considerada por los amantes de los deportes la prueba reina. Es una aventura en la que se recorren 520 millas cruzando el Himalaya. En equipos de cinco personas los participantes deben atravesar los más inhóspitos terrenos ya sea a pie, en bote, en bicicleta o escalando. Generalmente esta travesía dura de seis a 10 días.

Fue en el Tíbet que la filosofía de su vida cobró un sentido real: “No podía respirar y sentía que me iba a morir, incluso tosí tanto que empecé a escupir sangre”. Pero este malestar no condujo a Decker directo a un hospital sino a la meta, que consiguió en ocho días, gracias a los antibióticos que llevaba consigo. Así, las múltiples experiencias fueron forjando su camino hacia el récord.

La tenacidad de Joe Decker no le llegó por casualidad. Tuvo una infancia de duros trabajos en el campo, rodeado de su padres, de sus hermanos menores y de la pobreza en un rústico hogar en Illinois. Una dura vida que hoy agradece porque lo convirtió en lo que es: un luchador. En medio del campo creció en él un gran espíritu de libertad. “Siempre fue algo salvaje”, describe su madre, Diana Decker.

Con estos antecedentes y viendo su figura actual ¿quién pensaría que este atleta formó en su juventud parte de un programa para gordos en la Armada? Cuando Decker estudiaba bachillerato sufrió un accidente jugando fútbol americano, por lo cual tuvo que permanecer en reposo mucho tiempo. Las cervezas, las pizzas y la carencia de ejercicio constituyeron su nuevo estilo de vida.

Tiempo después se enroló en la Armada, en la que fue sometido a exámenes de habilidades físicas. En ese entonces no pudo correr dos millas (3,2 kilómetros) en los 17 minutos requeridos. Por esto él y otros gorditos debían realizar sagradamente desde las 9 de la noche extenuantes sesiones de abdominales en un patio cuando los demás compañeros dormían. Sin duda una experiencia tan humillante para él que le abrió nuevamente las puertas a su enérgico estilo de vida, aunque aún conserva su gusto por la pizza y por un buen cigarrillo.

Hoy Joe Decker se mantiene en forma como instructor físico y cada fin de semana recorre entre 65 y 80 kilómetros a pie y 160 en bicicleta. Además creó su propia compañía en Gaithersburg, llamada Body Construction. También con mucha frecuencia realiza grandes maratones tan exigentes como el que está a punto de darle el título.

El está acostumbrado a romper sus propios récords. Después de todo ama los desafíos: “Yo pienso que nuestra vida necesita de retos. Ellos nos hacen sentir vivos y nos ayudan a seguir adelante”.

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