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| 11/24/1986 12:00:00 AM

EL NUEVO AMOR DE PILAR MIRO

Una pequeña "dama de hierro" entra a dirigir la televisión española

EL NUEVO AMOR DE PILAR MIRO EL NUEVO AMOR DE PILAR MIRO
Es huraña, tímida, frágil, con aspecto de huérfana. A los cuarenta y cinco años lleva entre pecho y espalda dos operaciones quirúrgicas a corazón abierto que le cambiaron sus válvulas mitral y aórtica por tuberías metálicas. Pero con todo y ellas no pasará de los cuarenta kilos, incluyendo la ropa. Levanta apenas metro y medio del suelo. Es militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y madre soltera, con un niño de cinco años de padre desconocido, lo cual tiene su mérito en España, y mucho más cuando no se está en la farándula sino en la política, lo cual también es allá bastante raro para una mujer. Pilar Miró, con su apariencia de niña de doce años criada en Biafra, es desde hace una semana la nueva domadora de un monstruo: la Radio Televisión Española.
RTVE -"el Ente RTVE" es su nombre burocrático- no es Inravisión, para poner un ejemplo. Es una organización descomunal, con decenas de millares de empleados y un presupuesto anual de cientos de miles de millones de pesetas, que produce en dos canales nacionales y varios regionales centenares de horas a la semana de televisión en castellano, vasco, catalán y gallego, sin incluir la radio. Es prácticamente un ministerio, o mejor, un superministerio, y posiblemente aquel cuyo manejo político sea el más delicado en España, donde la televisión (hasta ahora) es del Estado. A la cabeza de ese monstruo han precedido a Pilar Miró políticos curtidos como Juan José Rosón -que más tarde manejaría desde el Ministerio del Interior la lucha contra la ETA vasca-, Carlos Robles Piquer -el cuñado y consejero en la sombra del jefe de la derecha española, Manuel Fraga-, o Adolfo Suárez, que luego dirigiría la transición de la dictadura franquista a la democracia como Presidente del gobierno. Pilar Miró, una muchacha que hacía cinéma d'auteur vestida de bluejeans y botas, no parecía destinada por la vida a ocupar el cargo político más polémico de España.
Pero tampoco parecía destinada por la vida a hacer cinéma d'auteur y militar en el Partido Socialista. De niña quería ser misionera en Africa, y con eso soñaba entre su colegio de monjas y una familia ultrafranquista (padres y hermanos militares) sin haber pensado nunca -dice ahora- que estaba "en una familia abominable". Pero entró a estudiar cine y periodismo, para gran escándalo de los suyos, y "fue el contraste con la realidad lo que me impulsó a sacar conclusiones", dice a la revista española Cambio 16. Eran las épocas de las batallas campales entre los estudiantes y la Policía franquista. "Lo de meterme en política ya es imaginable", dice Pilar Miró.
Tras su primera película -"La petición", que se estrenó sin pena ni gloria el año de la muerte del Generalísimo-, y tras varios años de trabajar como realizadora de televisión, Pilar Miro dirigió una segunda que, al margen de sus calidades cinematográficas, hizo historia en España: "El crimen de Cuenca". Se contaba en ella un caso célebre de principios del siglo, y el personaje principal era la tortura. Mediante la tortura, la Guardia Civil había arrancado la confesión de unos inocentes. Pese a la distancia histórica, la Guardia Civil montó en cólera, y le siguió a la directora un proceso ante la justicia militar. Lo ganó. Y eso, en los mismos días en que fracasaba el golpe militar del coronel Tejero (de la Guardia Civil, precisamente) fue uno de los más dicientes síntomas de que de verdad las cosas habían cambiado en España. Cuando los socialistas llegaron al poder, Felipe González le dio el primer cargo político a la cineasta que había "dirigido su imagen" en sus presentaciones en la televisión del 77 y el 79: directora general de Cinematografía. Desde allí, Pilar Miró hizo pasar "su" ley del cine, de corte ultraproteccionista -porque, dice, "si España quiere tener un cine como los demás países del Mercado Común, el Estado tiene que convertirse en papá, sin pensar en beneficios". Pero sacada la ley, renunció al cargo para volver a dirigir películas: esta vez hizo Werther, que acaba de estrenarse en España. "El único amor de mi vida es el cine, y pese a cualquier paréntesis, no lo voy a abandonar".
El paréntesis, esta vez, puede ser duro. En RTVE, Pilar Miró sucede a José María Calviño, un hombre que en sus cuatro años de administración del Ente había logrado concitar el odio unánime de los televidentes españoles, los partidos políticos y hasta el propio Felipe González, que en alguna ocasión confesó que su televisión "socialista" le parecía malísima.
La huérfana de Biafra, sin embargo, se le mide al problema: "Me parece una estupidez que se especule con mi salud cada vez que se habla de mí para alguna responsabilidad pública", dice. "No es normal ir con dos válvulas artificiales en el corazón, pero tampoco hay que exagerar ni dramatizar. En caso contrario estaría en un balneario viendo crecer las flores".

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