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| 3/30/1992 12:00:00 AM

EL PRINCIPIO DEL FIN

A punto de desaparecer la dinastía de los Rockefeller.

EL PRINCIPIO DEL FIN, Sección Gente, edición 513, Mar 30 1992 EL PRINCIPIO DEL FIN
NI QUE YO FUEra Rockefeller", fue un dicho que estuvo en labios de varias generaciones como sinónimo de riqueza John D. Rockefeller creó a finales del siglo pasado, más que un imperio económico, una nueva forma de poder que se fue tomando el mundo a medida que avanzaba el siglo. Su empresa, la Standar Oil, constituyó durante casi 100 años el símbolo del dinero y todos sus derivados: poder político y económico, privilegio social, buena vida y filantropía. Pero ahora, cuando la quinta generación de Rockefeller está ad portas de entrar en etapa productiva, el panorama de la familia no es ni de lejos el de aquel imperio a través del cual John D. y su hijo Junior controlaron los hilos de la industria y de las finanzas del país más poderoso del planeta. La multiplicación de generaciones acostumbradas a vivir de inmensas rentas ha llevado a que la fortuna de la familia se diluya y con ella el poder de una dinastía.
Un rumor de que los Rockefeller sufrían problemas de liquidez, surgió en 1989 cuando la familia vendió 12 de los 15 edificios que conforman el Rockefeller Center. Con esa venta, la familia recuperó dos mil millones de dólares, le dio un importante espacio a la Mitsubishi japonesa dentro del grupo, y desató especulaciones sobre lo que sucedía al interior del poderoso emporio familiar. Concretamente, el problema de los Rockefeller es que la cuarta generación todavía al mando, tiene su fortuna amarrada a viejas disposiciones con un rendimiento mínimo y ninguna posibilidad de tocar el capital. La quinta que está a punto de asumir el cargo, en cambio, enfrenta la perspectiva de que otras viejas disposiciones les permitan recibir a cada uno lo suyo, y la unidad e importancia de la dinastía desaparezca.
Los analistas explican el fenómeno como una suma de varios fenómenos. Por un lado los viejos Rockefeller implementaron un manejo de las finanzas de su imperio que para el veloz y rapaz mundo de hoy resulta demasiado conservador. La fortuna que se acerca todavía a los cinco mil millones de dólares, está atada a fórmulas de manejo e inversión diseñadas por los abuelos, que no permiten una rentabilidad óptima en el mundo financiero de fin de siglo.
Por otro lado, la familia -para quien el primer John D. dispuso vivir de la renta- se ha multiplicado geométricamente. Hoy, 53 jefes de hogar Rockefeller están amparados por las disposiciones del abuelo. Sólo para manejar las cuentas bancarias de la familia, el grupo cuenta con un equipo de 200 profesionales a quienes apodan "los de la 5.600" que corresponde a la oficina en donde trabajan. A todo esto se suma el hecho de que, desde el primer Rockefeller, y como medio para contrarrestar la imagen de dinero mal habido que lo persiguió buena parte de su vida, el principio de "poner nuestro dinero al servicio de la humanidad " se ha mantenido incólume en los herederos. En la actualidad, la familia dona directamente 50 millones de dólares al año, y 170 millones más a través de diversas fundaciones. Atados a viejas normas de manejo, con la familia creciendo sostenidamente y el principio de las donaciones en forma, la fortuna de los Rockefeller está lejos de desaparecer, pero se está diluyendo peligrosamente.
Pero en este momento no se sabe qué es peor, si la falta de liquidez de la cuarta generación, o el exceso de liquidez atomizada que enfrentarán sus hijos. El abuelo decidió en 1934, instalar el grueso del dinero que debe heredar la familia en cuatro trusts, en donde se mantiene intocado por sus beneficiarios, quienes se han limitado siempre a recibir una renta. Dicha disposición, sin embargo, expira cuando la quinta generación tome el mando del imperio. Puesto que los más jóvenes empezaron a cumplir 20 años, la posibilidad de que la fortuna termine destrozada entre los 53 Rochefeller de esta era, se convirtió en un hecho que está a la vuelta de la esquina.
De suceder, se estaría cerrando un proceso que empezó con el siglo -en 1914 John D. Rockefeller tenía mil millones de dólares (13.8 mil millones de dólares en dinero de hoy)- cuando el viejo entregó una inmensa cantidad de su fortuna a fundaciones de caridad y le dejó a su único hijo, Junior, 465 millones de dólares que corresponden a cinco mil millones de hoy. Luego, antes de morir, Junior dividió su fortuna entre sus cinco hijos varones, apodados "Los Hermanos Rockefeller" y quienes protagonizaron el mundo de las finanzas y de la política norteamericana entre los 50 y los 70. Los hermanos dieron paso a una cuarta generación de 25 hijos en total, y estos a su vez produjeron los 53 que están hoy listos para reclamar sus derechos.
Cuando esto suceda, el nombre asociado con el mayor poderío económico del siglo XX, acabará reducido a 53 "riquitos" que tendrán en promedio 100 millones de dólares cada uno. Suena mucho, pero no hay que olvidar que Mike Tyson, que no es ningún Rockefeller, logró producir y dilapidar la misma cifra en escasos cuatro años. -

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