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| 1/30/2005 12:00:00 AM

El suicida sin manos

Detrás de la película 'Mar adentro' está la historia real de un hombre que murió luchando por legalizar la eutanasia en España.

El suicida sin manos <a href="javascript:popupSub('/imagesSemana/especiales/videos/mar.htm','mar','toolbar=no,location=no,directories=no,status=no,menubar=no,scrollbars=no,resizable=no,width=330,height=380,left=80,top=80');"><img src="/imagesSemana/static/boton_trailer.gif" width="200" height="24" border="0"></a>
Ramón Sampedro, el cuadrapléjico español que quería suicidarse y lo logró con la ayuda de sus amigos, reaviva después de muerto el debate sobre la eutanasia con la película Mar adentro, de Alejandro Amenábar (nominada al Oscar como mejor filme extranjero), pero sobre todo por la polémica suscitada en España ante las nuevas revelaciones de la mujer que lo ayudó a morir.

Sampedro fue un marino mercante que a los 26 años se fracturó la séptima vértebra cuando estaba de vacaciones en Galicia, luego de lanzarse al mar y chocar de cabeza contra el suelo marino. Quedó paralizado del cuello hacia abajo y postrado en una cama durante 29 años ,en los cuales pidió por todos los medios que alguien le ayudase a poner fin a su vida. Cansado de que los tribunales le negaran el derecho a morir dignamente, se suicidó con cianuro en 1998 gracias a la colaboración de sus amigos, en un caso que sacudió entonces a España y Europa, pues la petición de Sampedro fue incluso al Tribunal de Estrasburgo, que la declaró inadmisible.

La justicia española abrió una investigación para llevar a prisión a los colaboradores del suicidio de Sampredro, y aunque la primera sospechosa era Ramona Maneiro (novia de éste), sorpresivamente más de 13.000 en Galicia se autoinculparon de haber ayudado a morir al ex marino, y el proceso terminó archivado en 2000 por falta de pruebas. El amplio respaldo público a Sampredro, su lucha por una muerte digna y el debate sobre la eutanasia son algunas de las claves del enorme éxito de la película Mar adentro, que ha cosechado varios premios, incluido el Globo de Oro al mejor filme, y nominaciones al mejor actor protagónico para Javier Bardem, cuya extraordinaria encarnación de Sampedro le ha merecido aplausos.

Y es que el suicidio de Sampedro fue un rompecabezas. La prensa española afirmó que el ex marino había dividido las labores de su suicidio en 10 partes para que 10 amigos suyos las realizaran por separado, con el fin de que a ninguno se le pudiera culpar de la muerte. Uno compró el cianuro, otro calculó la proporción letal, el tercero trasladó el cianuro hasta su casa, el cuarto lo recogió, el quinto preparó la poción, el sexto lo vertió en un vaso, el séptimo le introdujo un pitillo, el octavo puso el vaso a su alcance, el noveno recogió la carta de despedida que Ramón escribió y el décimo puso a grabar la cámara de video que recogió el testimonio final y el fallecimiento de Sampedro. Cada acción por separado no constituye delito y la justicia española no pudo acusar a nadie de su muerte.

Pero la polémica se desató hace pocos días cuando Ramona Maneiro, la última novia de Ramón, confesó en un programa de televisión que ella lo había hecho casi todo para ayudarle a morir, que actuó "por amor" y que se decidió a contarlo porque el caso ya había prescrito. "Yo era sus manos, las manos que él necesitaba e iba haciendo lo que él me decía". Ramona admitió que, siguiendo instrucciones de su novio, preparó el veneno, se lo dio a beber, encendió la cámara y se quedó allí para verlo morir. La última indicación del ex marino fue: "Después de que yo beba (el cianuro) no me des un beso en los labios". Tras el fallecimiento de Ramón, ella se impacientó porque los demás amigos no llegaban a destruir las evidencias, y completó su tarea arrojándolo todo a la basura y limpiando la casa. Su confesión causó conmoción y desencadenó una ola de acusaciones de la familia de Sampedro contra los amigos que le ayudaron a morir.

Indignados, los hermanos y cuñadas de Sampedro, que siempre se opusieron al suicidio de Ramón, piden ahora que se abra una investigación y se condene a Maneiro por asesinato. "Desde el principio todos sabíamos que ella era la culpable y que los demás amigos de Ramón le estaban cuidando las espaldas, pero lo que ella hizo es un crimen y debe pagar ante la justicia", dijo a SEMANA Manuela Sanlés, cuñada de Ramón y quien le brindó sus cuidados durante casi tres décadas en su casa del pequeño pueblo de Porto do Son, en la provincia de La Coruña.

SEMANA también habló con Roque Torres, amigo de Sampedro y una de las cuatro personas que, por petición del ex marino, tenían que proteger a Ramona Maneiro. "La parte que Ramón me encargó la hice, como lo hicieron todos los demás, por aprecio y amistad, pero creo que Ramona Maneiro no debió decir lo que dijo y por eso comprendo perfectamente la rabia de la familia Sampedro", dijo.

Sampedro fue un activista a favor de la eutanasia y mostró su caso como ejemplo para difundir el derecho a morir dignamente. Durante sus últimos cinco años acudió a todos los tribunales de su país y Europa para que le permitieran tener la muerte asistida que deseaba, pero su demanda fue rechazada en todas las instancias. Luego del lanzamiento en España de Mar adentro, su autobiografía Cartas desde el infierno ha vendido más de 100.000 ejemplares en los últimos cuatro meses, y la editorial Xeraix acaba de lanzar una nueva edición en gallego de su libro de poemas Cuando yo caiga. Ambos libros los 'boca-escribió' Sampedro postrado en su cama, con el bolígrafo agarrado con los dientes y los labios, y moviendo la cabeza para dibujar cada letra.

En su libro, que sirvió de base para la película, Ramón cuenta que con el accidente cómo lo dejó inválido, "comencé a ver a los seres humanos desde abajo. (...) Desde abajo. Desde la camilla. Desde la cama. Ahí es donde empecé a contemplar el mundo desde el infierno". Su poema más difundido describe así su deseo de morir en total contacto con la naturaleza: "Cuando yo caiga, como fruto maduro del árbol de la vida,/ dejadme allí mismo, donde yo caiga,/ para que me abrace el sol y el viento y la luna/ que la vida me devore, dentellada a dentellada (...) Dejadme caído / para retornar a la vida allí donde yo caiga".

Pero los versos que mejor expresan su amargura son: "Quiero pintar día tras día el deterioro/ que la tortuosa y corrosiva monotonía causa en el alma/ de un tetrapléjico/ cuando no lava su cerebro con la terapia/ de la humillante resignación". Para encarnar a este personaje en Mar adentro, Javier Bardem debió someterse a más de cinco horas diarias de maquillaje y sólo podía servirse de su rostro y su voz para darle vida a Sampedro. Su interpretación es tan impresionante y conmovedora que ha recibido alabanzas tanto de la familia de Sampedro como de los críticos y el público a ambos lados del Atlántico.

Algunos sectores conservadores de España, incluidos varios sindicatos de funcionarios judiciales, han pedido en las últimas semanas que se establezca si realmente ha prescrito el caso para iniciar acciones penales contra Ramona Maneiro, mientras la organización Jueces para la Democracia y otras ONG exigen darlo por cerrado totalmente y emprender los trámites legislativos para despenalizar la eutanasia en España, aprovechando el debate público suscitado por la película.

La última en salir en defensa de Maneiro fue una sobrina del tetrapléjico, Manuela Sampedro, quien reveló que su tío le informó a toda la familia que "Ramona era la única que estaba dispuesta a ayudarle a morir" y la describió como sólo el peón que ejecutó lo que había preparado Ramón Sampedro.

El debate sobre la eutanasia en España ha iniciado una nueva etapa gracias a la película y al éxito de los libros reeditados de Sampedro, pues como dijo a SEMANA José Luis Masón (abogado de la heredera del cuadrapléjico, Manuela Sanlés) "Ramón Sampedro, como El Cid, ha cosechado triunfos tras su muerte, perdió ante los tribunales, pero ganó el gran juicio de la opinión pública española y mundial".

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