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| 10/5/1998 12:00:00 AM

EN CAMISA DE 11 VARAS

Como directora del Inpec, Carmen Lucía Tristancho tendrá que cambiar la imagen de la que es quizás la institución más desprestigiada del Estado.

EN CAMISA DE 11 VARAS EN CAMISA DE 11 VARAS
Hace apenas cuatro meses, en medio de una conversación informal y poco antes de que Bernardo Echeverry Ossa lo sucediera en la dirección del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario(Inpec), Francisco Bernal no tuvo reparos en decirles a sus interlocutores que el Inpec era, de lejos, la peor institución del Estado. Y a juzgar por la crisis que vive desde hace varios años la entidad encargada de velar por la rehabilitación de los delincuentes hay quienes sostienen que no le falta razón. En el último cuatrienio han pasado por la jefatura del Instituto un total de nueve directores, lo cual arroja un promedio de escasos cinco meses por gestión y, de entrada, habla de la dramática inestabilidad del organismo. El hecho de que ninguno de ellos haya podido salir airoso de su cargo no sólo revela las enormes dificultades para domar ese monstruo de mil cabezas que son las cárceles colombianas, sino que gracias a este récord la dirección del Inpec se está convirtiendo, en la jerga coloquial, en un 'quemadero'. Tanto que a pesar de que son pocos los que dudan de la seriedad y preparación con la que Bernardo Echeverry asumió el cargo en abril de este año, incluso él tuvo que lidiar con problemas de envergadura tales como los casos de fraude en proyectos de remodelación y ampliación y la escandalosa fuga de más de 300 reclusos de la cárcel de Popayán.La mayoría de las cárceles colombianas, por no decir todas, fueron construidas hace 50 años y con una capacidad acorde con su época. Hoy, además del deterioro evidente de muchas de ellas, el hacinamiento las ha convertido en cavernas de condiciones higiénicas infrahumanas donde la delincuencia y los homicidios, en vez de disminuir, aumentan día por día. Sólo en la La Modelo, que está dotada para alojar hasta 1.000 reclusos, habitan 5.000 presos. Promedios similares sufren cárceles como las de Popayán y Villavicencio, sin que exista una solución definitiva en el corto plazo.Y si a estos problemas se les suma una corrupción galopante, un número de fugas en ascenso y el creciente poder que han adquirido los sindicatos _y los propios presos_, no cabe duda de que el Inpec está pidiendo a gritos una reestructuración. Este es, precisamente, el reto que ha asumido Carmen Lucía Tristancho como nueva directora del Instituto en reemplazo de Bernardo Echeverry. La penalista santandereana, quien se venía desempeñando como directora de la Unidad Anticorrupción de la Alcaldía de Bucaramanga, es consciente de las dificultades que está por enfrentar. Y aunque no sólo de ella depende que la justicia colombiana marche como debe, por lo menos tendrá que demostrar que es posible poner a andar por rumbos definidos una de las entidades más desprestigiadas del país.

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