entrevista

"Que ironía quedar en coma por una desnutrición severa": la Gorda Fabiola

La humorista visitó el infierno tras un coma inducido. Ni ella misma podía creer haber vuelto a la vida tras tener la muerte tan cerca. SEMANA conversó con ella sobre el disgusto más grande del que salió con una sonrisa.


SEMANA: ¿Cómo fue ese terrible 19 de febrero, cuando comenzó a sentirse muy mal?

Gorda Fabiola: Yo me iría mucho antes. Desde noviembre del año pasado yo comencé a sentirme mal, débil y, como soy diabética, le echaba la culpa a bajonazos de azúcar. Y pensaba que eso me hacía sentir frío en el cuerpo y cansancio. Esa navidad Polilla y yo nos vamos para Brasil. Yo recuerdo que no disfruté esas vacaciones en Brasil, solo quería estar acostada ahorrando el mínimo de energía. El 31 de diciembre fue maravilloso, pero pasaron 20 minutos de juegos pirotécnicos y después no recuerdo más. Abrí los ojos a las 3 de la mañana y estaba en un hospital en Copacabana, Brasil. 

Como habían tantos heridos, porque eran cinco millones de personas que se congregan en esa playa para esperar el cambio de año, uno gritaba otro estaba herido... había un caos total. Yo le dije a Polilla que buscara a alguien que hablara español y que le diga que nos vamos. Yo salí de ahí. Regresé a Colombia el 15 de enero sintiéndome muy mal.

SEMANA: ¿Y volvió al canal a trabajar?

G.F.: Igual tuve que reintegrarme a Sábados Felices, cuando me reintegré al elenco, en la primera grabación todo el mundo me decía ¿por qué te vemos tan pálida? te has adelgazado ¿estás comiendo bien? y yo solo contestaba que sí. Esa primera grabación me desmayé tres veces. Me hablaban y caía. Me desmayé en maquillaje, en el comedor, y en un carro a donde me transportaban de regreso porque no quise ir a una clínica, les dije que fue un bajón de azúcar. Habían personas que yo no reconocía, tenía la mirada ida y recuerdo que no podía ni siquiera para levantar las piernas para subir dos escalones y salir al escenario.

SEMANA: ¿Qué era lo que sentía?

G.F.: Las piernas me estaban temblando, sentía que se me doblaban solas. No tengo manejo sobre ellas ni algo para agarrarme en el escenario. Le dije a Polilla "si ves que me estoy cayendo agarrarme fuerte". Yo disimulé todo. Me bajé de ahí y me senté en una silla que los muchachos me trajeron, los compañeros del elenco me decían "¿Qué pasa contigo, Fabiola? les dije no sé, pero esto está muy raro. Yo no sé qué pasa. "Vamos para urgencias ya", dijeron.

Las piernas me estaban temblando se me doblan solas. No no tengo manejo sobre ellas agarrarme en el escenario. Si ves que me estoy cayendo y de todo agarrarme fuerte. Yo disimulé todo. Me bajé de ahí y me senté en una silla que los muchachos compañeros del elenco me decían “¿Qué pasa contigo, Fabiola? Les dije “no sé, esto está muy raro. Yo no sé qué pasa”. Vamos para urgencias, me dijeron.

SEMANA: ¿Qué pasó el día anterior?

G.F.: Yo recuerdo que el día anterior había regresado de Medellín y me encontré con Camilo Cifuentes, que es médico y además es un gran imitador, se me acercó y de rodillas me dijo "gorda, estás mal,  por favor prométeme que vas a ir a una clínica". ¿Qué vio? No sé. No lo recuerdo, Polilla fue el que me dijo que se había arrodillado pidiéndome que fuera una clínica. Los exámenes estaban están listos casi enseguida y arrojan que la Gorda Fabiola tiene desnutrición severa y anemia, cosa que es irónica, es difícil de creer en una persona con sobrepeso. Pero todo lo que me acompañaba era grasa. Mis músculos se habían secado. Por eso no tenía fuerza. No tenía vigor.

SEMANA: ¿Qué le dijeron los médicos?

G.F.: "Te tengo que hospitalizar ya", yo le digo que no quiero. ¿Qué pasa ahí? No sé, porque ya no me acuerdo yo estoy despierta 23 días después de un coma inducido.

SEMANA: ¿Qué se siente estar en coma?

G.F.: Es como si la mente estuviera en blanco, o en negro. Recuerdo el día en que me despertaron, que me despiertan justo cuando yo estoy sintiéndome en el infierno. En un sitio muy oscuro, muy lleno de gente, de lamentos, quejidos, de gritos, de dolor, de rabia y con sentimientos todos adversos, todos terribles y la gente metida en un hueco tratando de alcanzarme para halarme para el hueco. Y yo les digo no me toquen, no me toquen, no me toquen. Luego me meten en una jaula y con un sable ponen a girar la jaula y metían el sable y si me alcanzaba me cortaba. Amenazaban con matar mi familia. De hecho vi disparos y el grito de mi nieta. Era una total angustia y caos. Era una cosa muy difícil. Recuerdo que decía ¿Dios dónde estás? ¿Por qué me haces esto? ¿Tan mal me he portado yo? mátame una vez no me pongas a vivir esto y de pronto despierto con las voces de los médicos. Han decidido desconectarme del coma porque no me podían tener más tiempo. Me sacan el respirador, me desconectan de una máquina de diálisis. Se había parado el corazón, los pulmones y los riñones: órganos vitales en el organismo y a mí me tenían conectada vida artificial.

SEMANA: ¿Qué se siente despertar?

G.F.: Entonces cuando yo despierto está todo el grupo de médicos alrededor mío hablándome y dándome órdenes. "Fabiola por favor voltea la cabeza, levanta lo otro" y me están dando órdenes. Y eso que ya no es un recuerdo porque yo lo vi real. Para mis médicos cuando se está en coma se alucina, para ellos fue una alucinación para mí fue algo real haber ido al infierno y luego detrás de ellos cuando me despiertan yo veo algo brillante muy grande. Cuando comienzo a definir la forma, porque al principio te levantas y solo ves borroso. Yo trataba de enfocar y lo que brillaba detrás de ellos como un cristal y definía la forma de un ángel.

SEMANA: ¿Algún momento de esos días posteriores?

G.F.: Dos días después me sacan de cuidado intensivo intermedio pero al llenarse un pulmón de agua debo regresar. Entonces los recuerdos que tengo de cuidados intensivos son el cielo y el infierno.

Otro recuerdo que ahora es que me está viniendo. Es que no sabía que mi hija iba a mis visitas de cuidados intensivos en la mañana y en la tarde y siempre se acercaba me acariciaba y me cantaba la canción de coco "recuerda que tengo que partir recuérdame si mi guitarra oyes llorar". Ella siempre me la cantaba, entonces, cuando me llevan a un especial de Día a día (de Caracol TV) para darle la bienvenida a la vida, ella me la canta y yo siento como que "Dios, ¿qué es esto?" y ella me dice "nunca te la dejé de cantar porque me llega al alma".

SEMANA: ¿Qué la pasó a su cuerpo?

G.B.: Y que me lo voy a poner en un lenguaje común y corriente no en el lenguaje científico de los médicos. Yo tengo una cirugía bariátrica, no la hice por estética, la hice por tratar de controlar mis niveles de azúcar y el bajar de peso era importante porque en la grasa se acumula azúcar. Entonces debía mejorar mi condición de diabetes que me había llevado muchas veces a situaciones muy riesgosas para un coma diabético. Entonces yo quise mejorar esa parte de mi vida porque amo la vida. Siempre me aferro a vivir. No he hecho lo suficiente no he terminado la misión. Le tengo miedo a la muerte. Entonces yo me practiqué la cirugía. Lo primero que te advierte tu médico bariátrico es que el nuevo estómago que te hacen, porque el estómago con el que se nace te lo echan a un lado, te lo sellan para siempre.

Te hacen otro estomago del tamaño de una naranja así es que se logra bajar de peso. Pero ese intestino se queda a su intestino grueso no absorbe nutrientes. No hace la función del estómago con el que nacemos los seres humanos, que absorbe todos los nutrientes. Entonces siempre serás una persona desnutrida y siempre serás una persona bajita en nutrientes y multivitamínicos. Entonces tú tienes que proporcionárselo artificialmente. Hay que ayudarle de forma natural y artificial. Ese fue mi pecado: no querer hacerle caso al médico en tomar la proteína artificialmente ni le quise hacer caso al médico comiendo carne, pollo, pescado y huevo, fue lo primero que aborrecía. ¿De qué se alimentaba la Gorda Fabiola? de arroz con salsa de tomate. Por ahí una que otra empanada y tinto.

La proteína que yo tenía de reserva en plasma siguió con la que tenía en los músculos, a su vez los músculos se fueron secando pero como un mecanismo de defensa entonces cogieron el agua que había en mi cuerpo y yo vivía hinchada 

SEMANA: ¿Y los médicos qué hicieron?

G.F.: No sabían qué hacer. No querían dejarme morir. Ellos me llevan al coma inducido y ellos hacen una reunión entre diferentes especialistas. Todos ellos llegan a la conclusión que hay que habilitar el estómago que me habían quitado que se absorbe todo para intentar salvarme la vida. Mi sangre no se filtraba por ninguna parte y yo me estaba envenenando. "Hay que hacerle la diálisis. Queramos o no porque si no se le hace se muere y si se le hace también corremos el riesgo de que se muera". Nos la jugamos y Polí afirmó entonces me habilita el estómago normal con el que se nace mediante una sonda y ahí comienzan a mandarme unos frascos que traían de Estados Unidos de proteína pura.

SEMANA: Estuvo paralizada…

G.F.: Perdí mi voz por la entubada de 23 días, las cuerdas vocales se inflamaron. Lo peor de todo, yo era cuadripléjica. No podía ni mover un dedo ni para levantar un brazo. Todo pesaba como plomo. No caminaba, lloraba de verme tirada en una cama y que me lo hicieran todo. Si tenía que orinar me volteaban. Decía, "enfermera me rasca el cachete", me hacían todo y yo lloraba de ver a mi familia. Todo el mundo dejó todo tirado para poderme rodear a mí porque presentía que era la última vez. Todo se alteró, hasta los bancos comenzaron a joder.

SEMANA: ¿Cómo fue esa recuperación?

G.F.: Entonces me dijeron que durante un año no iba a estar bien. "Fabiola yo no te lo puedo decir el daño fue muy grave", decían los doctores. Estos 36 días en la clínica estuve desesperada porque ya cuando estás despierto te monitorean las 24 horas, casi no duermes. Entonces ya yo veía el techo, las manchitas en las cortinas... Aparte de que tenía miedo de dormir y no despertar nunca más. Y tenía miedo de cerrar mis ojos que regresara a mi las imágenes del infierno. Le dije al doctor "ayúdeme yo quiero caminar". Le dije a la enfermera, de aquí en adelante no más pato, no quiero que me volteen.

Comenzar fue muy difícil. Daba dos pasos y ya no podía más. Después de 36 días desesperada y muy deprimida yo llamé al doctor Guillermo Liévano. Discutimos y le levanté la voz, y él, tan bello, me decía: "Llevo 36 días de mi vida, de día y de noche al pie de tu cama tratando de salvar tu vida. Y tú eres tan desagradecida que me dices que te quieres largar". Yo le dije entiéndame, lo que estoy haciendo aquí lo quiero hacer en mi casa, se lo juro que lo hago. Pero déjeme estar cerca de mi hijo, de mi perro, de mi marido que se va en tres días para Madrid a rodar películas. Él se conmueve y me da salida en víspera de Semana Santa, me traen a mi casa en silla de ruedas, me acuestan en la cama y están pendientes de mí. Yo iba a la sala y me devolvía pero cada día resistía más y cada día resistía más, y yo decía: Padre te ofrezco tanto dolor mi sacrificio por mi familia pero sácame de esta.

SEMANA: Y cuando llegó Polilla ya estaba caminando…

G.F.: Total que cuando Polilla llega después de 16 días de estar rodando su película por allá en Madrid. Yo voy al aeropuerto a recibirlo y me dice "mami para qué te saliste" pero se sorprendió, estaba caminando. Eso es un milagro. Estar vivo es un milagro, estar caminando antes del año como dijo el médico.

SEMANA: ¿Cómo analiza su caso con el de su hija que sufrió bulimia?

G.F.: Es una coincidencia. Cuando mi hija Alejandra comienza con sus episodios de bulimia fue por un juego peligroso del colegio. Ella estaba a punto de graduarse y todos comenzaron a hacer dieta. A una de las compañeras se le dio por decir que había visto una película de una pelada que comía de todo lo vomitaba y no engordaba. Comenzaron a comer y a vomitar y eso es altamente adictivo. 13 quedaron metidas en la oscuridad de la bulimia. Ella lógicamente no quería ser gorda por la coquetería de toda mujer, igual a mí nunca me ha molestado mi sobrepeso. Lo único que yo no he hecho en la vida son dos cosas, ponerme un pantalón de cadera y tirarme en paracaídas porque todo lo he hecho siendo gorda. Puse en manos de especialistas y ella corroboró que tenía bulimia. Ayudarla a salir de eso fue un episodio muy tenaz, nefasto en nuestra vida. Pero bueno no hay nada que el amor de una madre y la fe no lo pueda lograr.