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| 11/18/1996 12:00:00 AM

HIJO CONGELADO

Un juez británico impide a una joven viuda tener un bebé mediante la inseminación artificial con el semen de su esposo muerto.

HIJO CONGELADO HIJO CONGELADO
En la era de la fertilización artificial se han visto muchas cosas: mujeres que alquilan sus úteros, abuelas que dan a luz a sus nietos, vírgenes que tienen hijos sin tener relaciones sexuales o parejas que congelan sus embriones para asegurarse de 'concebir' sus hijos años más tarde cuando tengan más tiempo pero no estén tan jóvenes. Dentro de este espectro de extrañas situaciones no resultaba raro que una joven viuda quisiera recurrir a las modernas técnicas conceptivas para tener el hijo que siempre quiso y que la muerte de su esposo frustró.La semana pasada, sin embargo, en medio de una gran polémica desatada en Gran Bretaña, un juez de la Corte Suprema respaldó la decisión del Instituto Británico de Fertilización y Embriología Humana de impedir que Diane Blood, de 30 años, utilizara el semen de su marido para concebir el hijo que la pareja siempre deseó tener. La historia de esta frustrada paternidad póstuma comenzó en marzo de 1995, cuando el esposo de Diane Blood murió a causa de una meningitis infecciosa. La pareja, que se había casado en 1991, decidió que era hora de tener su primer hijo a finales de 1994 y, aunque durante varios meses intentó la concepción, el esposo murió antes de que Diane quedara embarazada. La mujer solicitó entonces a los médicos que sacaran esperma a su esposo antes de desconectar los equipos que lo mantenían vivo artificialmente. Desde ese momento la joven viuda inició una batalla legal para obtener el permiso de las autoridades británicas para intentar un embarazo mediante la fertilización in vitro utilizando el esperma de su fallecido esposo. Pero el Instituto de Fertilización Humana de Gran Bretaña se opuso a usar los espermatozoides tras alegar que el esposo no dejó una autorización escrita para ello. El caso prácticamente dividió en dos a la opinión pública británica. Los que defendían el derecho de la mujer señalaban que aunque no hubiera autorización el deseo de tener un hijo fue una intención manifiesta del esposo muerto. Blood, quien contrajo matrimonio en 1991, fue apoyada por sus padres y los padres de su marido en su lucha legal para poder tener un hijo del hombre al que amaba y cumplir así un deseo conjunto. Quienes se oponían, alegaban que permitir el nacimiento de un hijo póstumo sin un expreso consentimiento del padre sería una aberración de la ciencia médica que llevaría además a líos de toda índole sobre derechos e incluso herencias en los tribunales de familia. "Mi corazón está con esta mujer que desea preservar una parte esencial de su amado y fallecido esposo", dijo el juez al anunciar su decisión. La viuda rompió en llanto cuando el juez manifestó que le impedía además llevar el semen congelado de su marido a Bélgica o Estados Unidos, donde los médicos habían aceptado asumir su caso y permitirle una inseminación artificial. Si bien la mujer alegó que ella y su marido habían tratado de tener familia durante un año, la muestra de semen se tomó cuando el hombre estaba en estado de coma. "No se trata de un caso en el que se violan los deseos del marido fallecido. Se trata de un caso que favorece esos deseos. Es un caso sobre los avances de la ciencia médica que ayuden a esta viuda a tener el hijo que ambos tanto querían", dijo el abogado de la viuda, Anthony Lester, al juez. No obstante, el presidente de la división de familia de la Corte Suprema apoyó la decisión de la Autoridad de Fertilización y Embriología Humana de no permitir que la mujer hiciera uso del semen de su marido para quedar embarazada puesto que él no entregó una autorización por escrito antes de su muerte.

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