testimonio

La hija rebelde de Rudy Giuliani que defiende los tríos sexuales

Caroline Giuliani, cuyo padre es el conocido abogado de Donald Trump, causa sensación con sus escandalosas revelaciones sobre los placeres y beneficios del menáge à trois.


Hoy no es nada raro que personas más o menos famosas destapen las intimidades de su vida sexual. Pero, si quien lo hace es la hija de uno de los símbolos del puritanismo típico de la sociedad estadounidense y abogado del presidente más cuestionado de los últimos tiempos, la cosa se vuelve atrayente, sobre todo cuando su ánimo transgresor parece no tener límites.

Eso es lo que ha pasado con Caroline Giuliani, quien acaba de sorprender con sus salaces confesiones en un ensayo titulado como para que nadie pueda resistírsele: ‘A Unicorn’s Tale: Three-Way Sex With Couples Has Made Me a Better Person’; algo así como ‘Relato de un unicornio: los tríos sexuales con parejas me han hecho una mejor persona’.

Caroline es hija del millonario Rudy Giuliani, alcalde de Nueva York de 1994 a 2001 y principal abogado de Donald Trump. De hecho, fue uno de los oradores que enardeció a la turba que se tomó el Capitolio de Washington el pasado 6 de enero.

Después de que Giuliani se divorció de su madre, Donna Hanover, en 2002, Caroline no se ha vuelto a tratar con él. Parte de su resentimiento es que, después de 16 años de matrimonio, Rudy anunció la separación en una conferencia de prensa sin que Hanover tuviera la más remota idea. Y no solo eso, simultáneamente hizo pública su relación con Judith Nathan, a quien desposó en 2003. La pareja luego se separó en 2018.

A pesar de esto, Caroline asegura que la animadversión contra su padre data de cuando tenía 12 años y discutían por temas sociales. Eran peleas tan infructíferas que prefirió dejar de hablarle. Luego, con el tiempo, los distanciaron muchos otros asuntos, como la sensibilidad racial, el sexismo, la vigilancia policial y la red de seguridad social. Pero con la era de Trump el abismo se hizo más grande y, como ella admite, más doloroso.

En 2003, con su padre, Rudy Giuliani, con quien hoy no se habla, y su hermano, Andrew Giuliani, ex asistente especial de Donald Trump. A la derecha, los dos millonarios en la Casa Blanca en 2016.
En 2003, con su padre, Rudy Giuliani, con quien hoy no se habla, y su hermano, Andrew Giuliani, ex asistente especial de Donald Trump. - Foto: getty images

En el ensayo, publicado por Vanity Fair, cuenta que desde niña tuvo una fuerte tendencia a ir contra lo convencional y experimentar cosas nuevas. Su mente abierta, curiosidad y sentido de la aventura son tres puntos no negociables de su ser. La lealtad a ellos le ha valido el calificativo de “puta” y la ha puesto en confrontación con su padre, quien es todo lo contrario: un conservador hecho a imagen de la moral sexual tradicional que su hija desafía con su difusión del poliamor.

Si Rudy es republicano, Caroline es demócrata. Cuando él aspiró a la presidencia, en 2008, ella apoyó a Barack Obama. El año pasado, él se perfiló como el más aguerrido trumpista, y su hija escribió, también para Vanity Fair, el artículo ‘Rudy Giuliani es mi padre. Por favor, todos, voten por Joe Biden y Kamala Harris’, en el cual pedía terminar con el “reinado del terror” de Trump.

Pero la verdadera obsesión de Giuliani, directora de cine, es combatir el estigma de la salud mental y la sexualidad, justo los ejes de su atrevido artículo. Y el ménage à trois es la fantasía sexual con que más sueña la gente, según las encuestas y los sexólogos, aunque tiene fama de ser un terreno peligroso.

No obstante, ahora Caroline muestra una visión bien distinta, pues testifica que el sexo con más de uno puede ser muy placentero y aleccionador.

La joven señala que antes de descubrir el mundo de las “relaciones no monógamas éticas” vivió una etapa de cruda experimentación: “Emprendí viajes psicodélicos al desierto con amigos. Rompí mi cama de acero inoxidable con ‘toneladas’ de muy buen sexo”.

Así encontró su estado salvaje y se volvió, como ella misma lo dice, una aventurera sexual. Afirma que sabía que era más o menos bisexual y eso la llevó a pensar en los tríos y a descubrir una aplicación, Feeld, en la cual las parejas pueden buscar un tercer compañero, conocido como unicornio, debido a su rareza mítica.

La posesión de Rudy Giuliani para su segundo periodo como alcalde de Nueva York, en 1997, con Caroline, su entonces esposa (Donna), Andrew, su madre (Helen Giuliani) y el juez Michael Mukasey.
Rudy Giuliani con Donald Trump, de quien además de abogado personal fue asesor en el gobierno. A la derecha: la posesión del millonario para su segundo periodo como alcalde de Nueva York, en 1997, con Caroline, su entonces esposa (Donna), Andrew, su madre (Helen Giuliani) y el juez Michael Mukasey. - Foto: ap

Allí conoció a Isabella y a Oliver, una pareja que buscaba a alguien que la dominara, pero que a la vez fuera sumisa con él. Caroline señala que ella es típicamente pasiva, pero hablando con Isabella ensayó a ser autoritaria. Confiesa que le gustó descubrir que, pese a que era sumisa, el lenguaje para excitar a Isabella se dio de forma natural.

Al primer encuentro con ellos, llegó miedosa de pisar territorio inexplorado y comparó la cita entre tres amantes “como voleibol sin malla ni reglas de juego”. Con Isabella, la química fue instantánea, y, aunque Oliver le pareció atractivo, no la enloqueció.

Pero, cuando Isabella estaba en el baño, ella le habló de todas las travesuras que quería hacer con ella y eso lo excitó, lo cual despertó en Caroline un inusitado deseo por él.

Después de unos tragos, partieron a la casa de la pareja. “Oliver y yo tuvimos sexo mientras que Isabella miraba. Ella era la “cuckquean” o la mujer a quien le gusta ser humillada de esa manera en el juego de roles”.

Caroline siempre se ha sentido orgullosa de ser un espíritu libre, pero cree que esta experiencia le sirvió para identificarse como pansexual, algo más preciso que bisexual, pues siente atracción por las personas a partir de su presencia y energía antes que por su sexo biológico, género o identidad de género.

También la ayudó a despojarse definitivamente de la vergüenza por su mente abierta, y señaló en el escrito que encontrar la fortaleza para explorar esos aspectos complicados y apasionados de su personalidad le había ayudado a sobrellevar mejor la depresión, la ansiedad y los efectos colaterales de haber sufrido anorexia en la adolescencia.

En efecto, siempre tuvo problemas con su autoestima, y, en una reciente crisis, la terapeuta le pidió que recordara las cualidades que valora de sí misma y no pudo mencionar ninguna.

Tras un largo silencio, evocó sus instantes de sexo con Oliver e Isabella y comprendió que su mente abierta y su empatía hicieron posible esa experiencia. “Antes de mi vida como unicornio no habría tenido la confianza de hacer la lista de esas cualidades e incluso sentir que algunas de ellas son en realidad rasgos positivos”, concluye.

Su padre no se ha manifestado sobre esta explosiva confesión, pero muchos creen que es porque él ya está acostumbrado a este tipo de comportamientos.

Ella, además, no lo hace como otra pataleta, sino porque le gustaría vivir en un mundo donde hablar de sexo sea tan cómodo como hablar de comida o del clima. Espera que con su ejemplo otros compartan sus experiencias reprimidas, “un paso esencial para combatir la vergüenza tóxica que perpetúa la sociedad”, dice.

Aunque sigue siendo amiga de todas las parejas que ha conocido en su “estilo de vida”, aspira a una relación monógama, pero, eso sí, en la que esté permitido el unicornio.