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| 12/14/1987 12:00:00 AM

LA RESURECCION DE ELIZABETH TAYLOR

Después de tocar fondo, la actriz supera la drogadicción, el alcoholismo y la obesidad.

LA RESURECCION DE ELIZABETH TAYLOR LA RESURECCION DE ELIZABETH TAYLOR
Mirando las fotos de varios meses atrás y comparándolas con las actuales de la actriz Elizabeth Taylor, nadie puede creerlo: esta mujer tan hermosa, tan perfecta y tan segura de lo que dice y hace es la misma que aparecía groseramente en revistas y periódicos, víctima del alcohol y las drogas, gordísima, y exhibiendo las numerosas joyas regaladas por sus 6 maridos, como condecoraciones a su decadencia.
El mundo de la prensa y la farándula asiste actualmente a una verdadera resurrección: la de una mujer que logró vencer casi todos sus conflictos a los 55 años, una edad en la que la mayoría de las mujeres, especialmente las estrellas de Hollywood, comienzan a revelar claras muestras de su decadencia física. Apoyada por sus hijos y familiares, y echando mano de una fuerza de voluntad que se mezcló con la vanidad y el egocentrismo, la actriz, una de las leyendas más sostenidas del cine norteamericano, se sometió a una desintoxicación alcohólica drástica, a una dieta que ella estira y encoje los fines de semana y a una serie de actividades que la tienen convertida actualmente en una activa empresaria, sin descuidar su corazón.
Pocas mujeres tan publicitadas como ella. Desde hace más de cuarenta años, cuando cayó en manos de la Metro, jamás ha dejado de ser objeto de comentarios, chismes, burlas, elogios, premios como si su destino fuera estar en la boca de todos. A eso ha ayudado su temperamento caprichoso y altanero, que ha provocado escándalos frecuentemente revividos por los cronistas, cuando se quedan sin temas.
La Taylor fue presa favorita de periodistas de la farándula que, como la comediante Joan Rivers, la sometian, en sus programas de televisión, a los chistes más crueles contra su gordura. Esos chistes, los espejos, los pantalones ridículos que usaba, los comentarios de los hijos y los amigos, la hicieron hacer un alto en el camino, para despojarse de lo que se había convertido en un símbolo de su decadencia total: un cuerpo deformado por la grasa y el alcohol, ademas de las drogas y la falta de ejercicio.

RESUCITA UNA ESTRELLA
Ante esta resurrección, todos siguen preguntándose cómo Elizabeth Taylor ha podido sobrevivir tanto desastres, tantos fracasos, tantos conflictos, cómo ha podido superar los estragos y la auto-destrucción provocados por el alcoholismo (incrementado durante sus tempestuosas relaciones con Burton), la drogadicción, la obesidad, 6 maridos, la viudez, la infidelidad, las traiciones propias y ajenas, la muerte de amigos muy queridos (entre ellos, Rock Hudson), la esclavitud impuesta por Hollywood a una estrella que tiene en su carrera más películas mediocres que interesantes. ¿Cómo hizo esta víctima de tantos desastres, para aparecer ahora ante los demás como una mujer elegante, calmada, que resplandece aún más con sus joyas y habla del futuro, como si tuviera veinte años menos?
Que nadie se equivoque con ella: los días angustiosos, llenos de lágrimas, golpes y ganas de matarse han pasado, quedaron atrás. Y con la nueva energia que despliega, parece tenerlo todo bajo control. Además atraviesa, lo mismo que su gran amiga Shirley McLaine, una etapa de profunda espiritualidad, que la sostiene en medio de los proyectos que adelanta: el lanzamiento de su nuevo perfume, "Pasión" (ella misma encabeza una campaña publicitaria que costará 10 millones de dólares dentro y fuera de Estados Unidos). También está dando los toques finales al libro sobre su propia vida, "Elizabeth Taylor Takes off". Viaja con frecuencia como parte de una campaña para recaudar más fondos destinados a la campaña contra el SIDA. Y a todo lo anterior le saca tiempo para prepararse en el desempeño de su primel papel en el cine después de siete años de ausencia, en el que será dirigida por Franco Zefirelli. Las últimas semanas las ha pasado memorizando los temas de "Aida", aprendiendo los gestos de las cantantes de ópera, la técnica para respirar mejor, pero que no será ella quien cantará en realidad: "Tengo una voz tan chillona que hasta los gatos se espantan".
Este proceso de resurrección ya lleva tres años y para la actriz, lo más importante además de abandonar el alcohol, las drogas y reducir su peso, ha sido el descubrimiento de ella misma, su fuerza espiritual, sus posibilidades síquicas. Todo comenzó mientras se hallaba en un hospital de Los Angeles para tratarse una colitis. Al lado de su cama mantenía una botella de whisky y alternaba los tragos con pastillas de " Demerol" . Esta mezcla la mantenía excitadisima. Cuando un hermano suyo la llamó y la escuchó, éste sintió que algo andaba mal y más tarde, con la ayuda de los hijos y el actor Roddy MacDowall, la convencieron de internarse en la clínica "Betty Ford".

LA METAMORFOSIS
Las primeras horas en la clínica fueron espantosas, se sentia abandonada, sin ropa, sin libros, sin radio ni televisión y según lo confiesa, nunca se habia sentido tan sola en su vida. Durante 10 días y acompañada por una enfermera fue sometida a una cura de desintoxicación. Hablaba y hablaba con tanta sinceridad como nunca antes lo había hecho. Es que hasta ese momento la mayor parte de sus diálogos no le habían pertenecido, eran los de los personajes que interpretaba, y sentía que sólo a través de esos papeles podía existir. Era como "pelar una cebolla, capa a capa".
Descubrió que bebía para vencer su timidez, lo que es irónico en una mujer que pasa por agresiva. Pero mientras más bebía más insegura se sentía.
Al dejar la bebida y las drogas, el metabolismo le cambió y sintió una salvaje necesidad de comer dulces a toda hora. Durante los meses siguientes devoró cajas y cajas de chocolates rellenos. Engordó, rebasó todas las medidas, todos los límites y para una mujer que no es muy alta, la obesidad se le convirtió en un nuevo drama. Dejó entonces de mirarse en el espejo. Sin embargo se cansaba con más facilidad y decidió que tenía que hacer algo. Se inventó su propia dieta, con pocas calorías, y logró reducir su talla, de 14 hasta 6. Actualmente pesa alrededor de 60 kilos. De ahí no bajará, para no afectar la apariencia generosa de sus senos. Es una dieta que le permite hacer una pausa al menos una vez a la semana y entonces devora pollo frito, puré de papas, maíz y torta de chocolate. Combinando sus teorías físicas con las espirituales, la actriz comenta que "después de los cuarenta, Dios o la naturaleza cuidan de uno y hacen que la apariencia exterior coincida con lo que se lleva dentro, la refleje".
En medio de toda clase de rumores, y ostentando su nuevo atractivo niega que se haya sometido a una cirugía plástica. Ni siquiera, afirma, la cicatriz de la traqueotomia sufrida mientras filmaba "Cleopatra", ha sido removida.
Curiosamente, una de las mujeres más hermosas del mundo, no se considera bella y por el contrario, tiene una lista de las mujeres a quienes considera atractivas: Bette Davis, Katharine Hepburn, Sissy Spacek, Meryl Streep, Kathleen Turner, Debra Winger, entre otras.
Cuando alguien se sorprende del rumbo espiritual que ha tomado su vida ella anota que no resulta del todo inesperado. Siempre ha sido religiosa, y últimamente ha descubierto el placer de la meditación y cómo defender su mundo interior con el fin de preservar su propia identidad.

REHACIENDO EL FUTURO
Dentro de esta actitud espiritualista, la actriz sorprende a todos cuando le preguntan sobre el hombre más fascinante que ha conocido en su vida. Pero se equivocan quienes piensan que nombrará a Richard Burton. Ella señala al asesinado Anwar Sadat, "por el efecto que ejerció en mi espiritualidad", y cuenta cómo una cita de 10 minutos que el presidente egipcio le concedió, se convirtió en una charla de dos horas y media.
En medio de todos estos cambios, hay algunos aspectos que Elizabeth Taylor mantiene iguales. Su pasión por la ropa y las joyas, por ejemplo, y su renuencia a comentar su relación con algunos hombres famosos, encabezados por George Hamilton: "Eso a usted no le importa", dice tajantemente. Cuando le preguntan si se casará de nuevo, dice que no lo sabe, que está gozando de su vida actual y como se conoce tan bien, prefíere no hacer pronósticos. Afirma que lo primero que mira en un hombre es su sentido del humor y después la facilidad como se comunica con él.
Para los próximos meses, además de la película con Zefirelli y el libro, su mayor obsesión será el perfume, un producto que considera personal porque ella misma escogió el nombre, la esencia, el color del envase y otros elementos que servirán, dice, para probarle a los demás que sigue teniendo buen gusto.
Paralelamente a todas estas actividades la actriz también dedica dinero tiempo y esfuerzos a una causa que ha despertado solidaridad en todo el mundo, su campaña para combatir el SIDA. Con el fin de animar a otros ricos y famosos, pagó 623 mil dólares por el broche de diamantes y oro que pertenecía a la Duquesa de Windsor y lo donó a esa campaña.
Esperando seguir sexualmente activa a los 65 años, reconoce que ahora mantiene mejores relaciones con sus hijos Michael Wilding, de 34 años, casado con la hija de Jack Palance, Brooke; Christopher, de 32 quien estudia edición cinematográfica y está casado con Aileen Getty, heredera de la fortuna petrolera; Liza Todd Tivey y Maria Burton quienes también están casadas y viven discretamente.
Para resumir la nueva etapa de su accidentada vida, Elizabeth Taylor recuerda el epitafio que se redactó 22 años atrás, durante su primer matrimonio con Burton, un epitafio que le sigue gustando: "Aquí yace Elizabeth Taylor Burton. Cracias por cada momento, buenos y malos, los he gozado todos". Y remata con una frase elocuente: "No tengo intención de sucumbir ante nada. Por encima de todo, soy una sobreviviente". Eso significa, entonces, que el epitafio favorito de Elizabeth Taylor seguirá inédito. Por lo pronto escogió la vida.













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