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| 8/1/2004 12:00:00 AM

Las aves Fénix

Además de competidores y rivales, algunos deportistas han tenido que superar tragedias que los han puesto al borde de la muerte.

Las aves Fénix Las aves Fénix
Lance Armstrong acaba de pasar a la historia al ganar por sexta vez consecutiva el Tour de Francia. Pero sin duda este nuevo récord excepcional cobra mayor valor pues también representa el triunfo de la vida. En 1997, antes de obtener su primera victoria en la carrera ciclística por etapas más importante del mundo, al ciclista norteamericano le diagnosticaron un avanzado cáncer testicular propagado a sus pulmones y su cerebro. Con una probabilidad de solo el 50 por ciento Armstrong se dedicó a derrotar la enfermedad haciendo 80 kilómetros de bicicleta en plena quimioterapia y lo logró en 1999 con su primer tour.

Al igual que él hay muchos deportistas que como reza la leyenda del ave Fénix, han resurgido de sus cenizas. Es el caso de la atleta cubana Ana Fidelia Quirot, cuya carrera se vio truncada en 1993 debido a un accidente: se quemó más del 40 por ciento de su cuerpo con una estufa de kerosene. Pocos apostaban por su recuperación y ella no sólo se salvó sino que llegó al punto más alto de su carrera cuando en Suecia, en 1995, obtuvo oro en 800 metros. Tener dos medallas de oro en campeonatos mundiales, una de plata y otra de bronce en Juegos Olímpicos y haber superado la tragedia son las verdaderas marcas de Ana Fidelia, no las cicatrices que le dejó el accidente.

En agosto de 1976 el mundo se conmovió tras el violento accidente que sufrió el piloto austríaco Niki Lauda en el circuito de Nürburgring, Alemania. A pesar de sus graves quemaduras Lauda regresó a las pistas y ganó los campeonatos mundiales de Fórmula 1 en 1977 y 1984.

El 15 de septiembre de 2001 todo el mundo quedó impactado con las imágenes de un violento choque en el circuito de Lausitz, Alemania. El piloto italiano y dos veces campeón de Fórmula Cart, Alessandro Zanardi, perdió sus dos piernas. Pero solo dos años después Zanardi logró terminar las 12 vueltas que dejó inconclusas el día de la tragedia. Por si fuera poco ese mismo año, al volante de un BMW modificado para sus necesidades, llegó en séptimo lugar en Monza, en el Campeonato de Europa de Turismos.

Dos futbolistas hacen parte de esta lista: El arquero argentino Germán Burgos y el artillero nigeriano Nwankwo Kanú, quienes superaron graves problemas de salud y volvieron a las canchas. Cuando el primero era guardametas del Atlético Madrid le diagnosticaron un tumor maligno en un riñón. La situación era crítica pues por un problema congénito sólo tenía uno de estos órganos. Tres meses y medio después de haberse sometido a una operación Burgos volvió a jugar. Por otra parte, cuando Kanú se encontraba en la cúspide se le diagnosticó una deficiencia cardíaca que le impedía volver a jugar fútbol. Sin embargo, contra todos los pronósticos, Kanú regresó al campo de juego sólo un año después de haberse sometido a una compleja cirugía. Demostró su total recuperación cuando su equipo, el Arsenal de Inglaterra, se convirtió en campeón de la Liga Inglesa en 2002.

Uno de los recientes ejemplos de superación es el de la surfista estadounidense Bethany Hamilton. A finales del año pasado, mientras surfeaba en las playas de Hawai un tiburón le cercenó el brazo izquierdo. La niña de 13 años, quien había quedado segunda en un campeonato nacional, logró llegar a tierra, donde fue auxiliada. Increíblemente, cuatro semanas después estaba de nuevo sobre la tabla. A su regreso, en los campeonatos, se negó a competir como discapacitada y quedó de quinta entre 24 participantes.

Para no ir muy lejos, César Rincón también es todo un Fénix. Después de conocer la gloria, de haber salido en hombros cinco veces de la Plaza de las Ventas en Madrid, el diestro tuvo que retirarse debido a una hepatitis C que adquirió en 1990 por una transfusión de sangre. Luego de una lucha silenciosa Rincón volvió a tomar los trastos en 2003 y a cortar orejas como en sus mejores épocas.

Antes de que la desgracia los golpeara todos estos personajes habían saboreado las mieles del triunfo, pero comprobaron que más dulces son cuando se supera lo impensable y se logra la victoria.

También ha habido quienes a pesar de haber tenido serias dificultades en su infancia se consagraron como deportistas de alto nivel. Un caso legendario es el de la atleta norteamericana Wilma Rudolph, quien a los 10 años tenía que ver jugar a sus amigos porque tenía polio y sufría de escarlatina y neumonía doble. Diez años después, en los Juegos Olímpicos de Roma de 1960, ganó tres medallas de oro en pruebas de velocidad. Haber nacido sin la mano derecha no le impidió a Jim

Abbott llegar a las grandes ligas de béisbol. En 1989 fue el mejor novato de la liga y durante su carrera ganó premios como Atleta del Año. Ya retirado del béisbol,

Abbott se dedica a dar conferencias sobre superación. Su caso es similar al de otro beisbolista de los años 40, Pete Gray, quien en un accidente de infancia perdió su brazo derecho. A pesar de la discapacidad, llegó a jugar en las Grandes Ligas, donde se convirtió en leyenda por la velocidad para atrapar la bola, quitarse el guante, sostenerlo en la axila y lanzar la bola.

Estos deportistas, con su ejemplo, engrandecen las disciplinas en las que han participado y le recuerdan al mundo que el deporte es algo más que fama y contratos publicitarios.

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