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| 7/22/1996 12:00:00 AM

MI NOMBRE ES BOND

MURIO FITZROY MACLEAN, UN HEROE DE LA SEGUNDA GUIERRA, QUIEN HA SIDO CONSIDERADO EL INSPIRADOR DEL FAMOSO AGENTE 007

MI NOMBRE ES BOND, Sección Gente, edición 738, Jul 22 1996 MI NOMBRE ES BOND
Murió Fitzroy Maclean, un héroe de la segunda guerra, quien ha sido considerado el inspirador del famoso agente 007. esde hace 34 años, cuando se exhibió la primera película de la serie de James Bond, la incógnita más grande de sus fanáticos ha sido conocer la verdadera identidad del héroe que inspiró al escritor Ian Fleming para crear al espía más famoso del mundo entero, el agente 007, al servicio secreto de su majestad y con licencia para matar. Aunque el héroe de ficción bien pudo haber salido de las propias experiencias de Fleming durante su trabajo como oficial de inteligencia de la armada británica, los expertos siempre han buscado al verdadero Bond entre los héroes de guerra y los amigos personales del autor. Y dentro del grupo de candidatos fue Fitzroy Maclean, un distinguido soldado de la Segunda Guerra Mundial, quien ofreció una vida con la misma fórmula exitosa de las historias y filmes de James Bond: acción, suspenso, humor y sexo. Maclean murió la semana pasada mientras nadaba en la piscina de la casa de unos amigos en Sussex, a la edad de 85 años. A raíz de su muerte, la prensa inglesa no ahorró espacio para hacer todo tipo de comentarios sobre sus hazañas. Porque al lado de todos los títulos nobiliarios que obtuvo por sus servicios a la corona, los británicos le reconocieron el de ser el verdadero y original James Bond. Maclean y Fleming se hicieron amigos antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando fueron compañeros en el exclusivo colegio de Eton. Durante la conflagración sus caminos se cruzaron en muchas ocasiones. Los historiadores especulan que fue durante esos encuentros que el agente del gobierno británico le relató a Fleming detalles de sus andanzas, los cuales alimentarían las 12 novelas que el autor escribió sobre el 007. Maclean nació en El Cairo en 1911 pero fue criado entre Escocia, India e Italia, lo que le fue despertando su espíritu aventurero. Sus padres, auténticos británicos, se esmeraron por darle la mejor educación posible para un joven inglés en aquella época: primero el Heatherdown Prep School, en Ascot, y luego Eton, donde fue uno de los estudiantes más aventajados de su clase. Desde muy temprano su madre le inculcó amor por las lenguas, una determinación que más tarde él mismo agradecería porque su versatilidad en los idiomas le permitió salir airoso de muchas misiones especiales de espionaje. En casa aprendió el francés y el alemán. Esos conocimientos fueron ampliados más tarde cuando ingresó al King's College en Cambridge para estudiar lenguas modernas. Después ganó una beca para especializarse en latín y griego, en Alemania. En 1934 Maclean se unió al cuerpo diplomático de Gran Bretaña. Primero trabajó en la embajada de París y más tarde, por petición propia, fue trasladado a Rusia, un país por el que siempre mostró gran fascinación. Una vez estalló la Segunda Guerra Mundial se unió al Special Air Service -SAS- comenzando una etapa de su vida en la que nunca faltarían ingredientes como el peligro, la acción, el espionaje y la aventura. Una de sus más importantes misiones tuvo lugar en El Cairo, donde protagonizó un episodio digno de cualquier película de James Bond. Maclean, junto con otros miembros de esta fuerza especial, logró llegar a Benghazi -población que se encontraba bajo el dominio de las fuerzas enemigas- en un camión cargado con explosivos. La intención de los británicos era volar las instalaciones construidas en la bahía. Cuando fueron descubiertos por un centinela italiano, Maclean le informó que ellos pertenecían al cuerpo oficial de su ejército y le ordenó que trajera al comandante en jefe. Cuando éste apareció, Maclean, en un fluido italiano, le hizo un fuerte llamado de atención tras argumentar que ellos habían caminado toda la noche en el área que estaba bajo su responsabilidad sin que un centinela les hubiera hecho una requisa. "Todos ustedes saben que -añadió Maclean- podríamos tener un grupo de saboteadores británicos transportando explosivos". Cuando el guardia admitió su error, el espía le dijo que iba a dejar pasar el incidente por esa vez pero le advirtió que esperaba no encontrarlo nunca más durmiendo durante sus horas de guardia. En otras oportunidades logró ir más allá de las líneas enemigas disfrazado de árabe y en más de una ocasión burló la seguridad alemana haciéndose pasar por estudiante italiano. Pero fue una aventura posterior, no menos dramática que las otras, la que llevó a la fama a Maclean. Winston Churchill lo escogió para una misión secreta en Yugoslavia, donde tenía que analizar a cuál de los dos líderes -Tito o Mihailovic- debía el gobierno británico apoyar para contrarrestar a los alemanes. Maclean llegó en paracaídas a la Yugoslavia ocupada por los nazis en calidad de enviado personal de Churchill. Su recomendación, que favoreció a Tito, indicó que los aliados apoyarían a los comunistas en lugar de los Chetniks, dirigidos por Mihailovic. Esta decisión sin duda alteró el curso de la posguerra y aun el asunto es motivo de controversia entre los investigadores. Pero ni Maclean ni Churchill dudaron en un momento en que fue la decisión correcta. La independencia del mariscal Tito lo convirtió no sólo en un líder de resistencia valiosa para combatir a los alemanes, sino también en un amortiguador que evitó la dominación de Moscú después de la guerra. Pero no solo su carrera diplomática y militar fue parecida a la del agente secreto de las películas. Fitzroy Maclean se caracterizó por ser un hombre de figura glamorosa, alto, bien parecido y de enorme simpatía. Era además un perfecto diplomático que siempre disfrutaba de los más exquisitos placeres que ofrece la vida: buena comida, buen vino, buenas conversaciones y especialmente la compañía de bellas mujeres. Hoy nadie duda que en términos de romance, intriga y acciones peligrosas, la carrera de Maclean fue tan variada como la del 007, pero como la modestia era un rasgo típico de su carácter -aunque no del personaje de ficción-, él nunca quiso aceptar esa comparación.

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