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| 4/27/1987 12:00:00 AM

`MR. COLOMBIA'

Un francés mamagallista es el zar del turismo nacional

`MR. COLOMBIA' `MR. COLOMBIA'
En una época en la que abundan los empresarios de cara larga, agobiados por el pesimismo y la incertidumbre, descubrir a un hombre de empresa que es feliz, que vive muerto de la risa y que tiene más fe que cualquier otro en el futuro del país, produce una entendible dosis de asombro y de curiosidad.
Se trata de un ciudadano francés, más colombiano que la mayoría de colombianos. Se llama Jean Claude Bessudo. Pero aunque su nombre lleve ese imborrable toque de producto importado, sus problemas no son precisamente los de un turista. Por el contrario, son tanto o más grandes que los de cualquier otro empresario colombiano.
Su juventud, su jocosidad y lo que en Colombia podría llamarse una permanente disposicion para "mamar gallo" con acento francés, hacen olvidar ante Jean Claude Bessudo que se está frente a un grande del turismo. De esta actividad no sólo es uno de los principales pioneros en el país, sino además un reconocido especialista a nivel internacional. Tan grande será la brecha que Bessudo ha abierto en la actividad turística, que su empresa, Aviatur, que este mes está cumpliendo 30 años de fundada, se ha colocado a la cabeza de las agencias nacionales, con ventas que llegan a los 6 mil millones de pesos al año, y que además lleva el honor de ser la más grande de América Latina.
Pero lo que impresiona no es tanto su tamaño como el esprit de corps que reina entre el equipo de la agencia. Allí, todos los empleados son "bessudistas". Adoran a su jefe, a su empresa y al turismo. Y el entusiasmo que manifiestan no es para menos. El jefe consiente a sus empleados como si fueran de su familia, Un día reunió a los cerca de 400 que la agencia tiene diseminados por el país, y les pidió que escribieran en un papel sus nombres, sus cargos, el sueldo que estaban devengando y el que desearían devengar. Al mes siguiente, todos los empleados recibieron los aumentos salariales que solicitaron en el papel.
Varias centrales obreras desfilaron durante los días siguientes por la agencia de viajes de Bessudo, preguntando si el ensayo de "democratización empresarial" había sido practicado en realidad, y cómo había salido.

La ruta de Mompós
Por lo demás, Bessudo confiesa que el éxito de su actividad descansa en un secreto sencillo: nunca deja de responder un teléfono que timbra. Eso significa que todo el que desee hablar con él, lo logra, sobre la base de un principio de accesibilidad que es inversamente proporcional al del Presidente de la República.
Otro de sus secretos --aunque él, infinitamente modesto, se niega a reconocerlo-- es su imaginación. Jean Claude Bessudo, prácticamente, "se inventó" a Mompós. Hasta el punto de que mandó a hacer en Nueva Zelandia un hovercraft (aerodeslizador) para transportar allí a los turistas. "Pero cometimos un pequeño error", recuerda. "No le explicamos al constructor que no se conseguía gasolina entre Cartagena y Calamar, ni entre Calamar y Mompós. De manera que, o transportábamos el combustible, o transportábamos los pasajeros". Esto determinó que Mompós jamás pudiera contar con los servicios del hovercraft, que en la actualidad está a punto de ser donado al Museo de los Niños para que por lo menos a estos les sirva de entretención.
Otra característica de su agencia es su grado de especialidad. No sólo posee el computador más moderno de América Latina aplicado a la actividad turística, capaz --como le consta a SEMANA-- de solucionar en un minuto el problema de un pasajero en silla de ruedas que desea viajar desde Nepal hasta Ibagué. Tiene, además personas especializadas para cada labor. "Un congreso religioso no puede recibir el mismo tratamiento que una excursión estudiantil --dice Bessudo--, ni una anciana de 70 años el mismo que un hombre de negocios que viene a Bogotá a operarse de cataratas".
Por eso, su agencia tiene oficinas en el interior de las principales embajadas en Colombia, en varios de los ministerios y, quién lo creyera, incluso en el interior del palacio cardenalicio. Y sus clientes van, fácilmente, desde el Presidente de la República hasta la plana mayor del MOIR.

De mensajero a accionista
Todo esto ha logrado constituirlo Jean Claude Bessudo antes de los 40 años, que apenas cumplirá en septiembre de este año.
Cuando llegó a Colombia, en 1960, no era más que un niño obeso con empaque de marroquí. Escapando del tedio de un internado francés, resolvió aceptar la invitación de un tío que había venido a radicarse en Colombia, donde administraba una agencia de viajes de su propiedad, que había bautizado con el nombre de Aviatur.
Al muchachito le gustó el país, y se quedó a terminar el bachillerato en el Liceo Francés, y en vacaciones, trabajaba como mensajero en la agencia de su tío. Luego alcanzó a estudiar matemáticas unos meses en la Universidad de los Andes, hasta que la familia resolvió que debía regresar a Francia, a obtener un diploma profesional.
Pocos años más tarde regresó al pais. No traía diploma, pero si una esposa con diploma. Danielle, de origen belga, era profesora de filosofía e historia en su país, actividades que abandonó recién llegada a Colombia donde terminó siendo directora de Teatro Colón y promoviendo obra de desarrollo para la recuperación del barrio de La Candelaria.
Físicamente, Danielle no puede se más opuesta a Jean Claude. Es bonita, y rubia como una escandinava. Pero es alegre, espontánea y culta como su marido, y tan colombiana como él. O más, puesto que a diferencia de él, se nacionalizó hace ocho meses acontecimiento que fue celebrado con un "fiestón" organizado por Ivonn Nichols, privilegio que probablemente certifica más la nacionalidad colombiana que la propia carta de ciudadanía.
Interrogado por SEMANA sobre porqué no ha tomado la decisión de nacionalizarse al igual que su esposa, Bessudo respondió: porque con este acento, que todavía me queda, jamás me creerían que soy colombiano.
Recién llegado a Colombia con su nueva esposa, su tío, el dueño de la agencia de viajes, murió. Eso dejó a este "sardino" francés, que por entonces no contaba con más de 20 años, de gerente de esta empresa, de la cual eran propietarios, con el 51% Carlos Haime, y con el 49% su pequeño primo, Leonel Bessudo.
La habilidad de Jean Claude consistió en transformar la agencia, que por aquel entonces era apenas una empresa intermedia de 30 empleados, incluyéndolo a él, en una gran multinacional del turismo, como lo es en la actualidad, con más de 400 empleados diseminados por todo el país. En medio de este proceso, Bessudo se convirtió en accionista de la agencia, en partes iguales con los dos socios anteriores, quedando cada uno con el 33% de las acciones.
"Me tomó diez años descubrir en qué consistía el negocio", confiesa Bessudo. Y la prueba de que finalmente lo logró no es solamente el éxito de la agencia. A comienzos de este año, el gobierno le ofreció la posibilidad de convertirse en gerente de la Corporación Nacional de Turismo oferta que, aunque lo emocionó profundamente, rechazó. Habría sido exótico que así como el ex gerente de la Federación Nacional de Cafeteros Arturo Gómez Jaramillo, era identificado en el mundo como Mr. Coffee, el "Mr. Colombia" del turismo nacional fuera, ni más ni menos, que un ciudadano francés.--

EDICIÓN 1879

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