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| 4/17/2005 12:00:00 AM

Muertes famosas

Un médico colombiano hace un recorrido por las enfermedades y dolencias que llevaron a la tumba a varios personajes de la historia.

Muchos de los hombres y mujeres más grandes de la historia han dado la impresión de ser indestructibles, inmunes a toda enfermedad o mal que aqueje al resto de los mortales. Pero en realidad la fama y el poder, por grandes que sean, no han podido librar a líderes como Alejandro Magno, Juana la Loca o Luis XIV de sufrir los mismos males que cualquiera de sus súbditos e incluso morir de ellos. El médico colombiano Gustavo Restrepo Uribe se dedicó a estudiar las dolencias de estos y otros personajes y acaba de publicar un libro con sus descubrimientos.

Aunque algunas de las enfermedades mencionadas en Males de poderosos y famosos ya no existen, otras siguen asolando algunos pueblos e incluso cobrando vidas. El invencible Alejandro Magno, conquistador de gran parte del mundo conocido en su tiempo, salió ileso de numerosas batallas e intentos de asesinato, pero nada pudo hacer contra la picadura de un mosquito. Al parecer, el gran guerrero murió de paludismo, que en pocos días lo consumió a punta de fiebres altísimas. De haber vivido unos siglos más tarde, tal vez Alejandro podría haberse beneficiado de la quina, producto derivado de la corteza de un árbol de América que salvó la vida de Luis XIV y su hijo, entre otros.

La unión de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en el siglo XVI llevó a la dinastía de los Habsburgo al trono de Castilla y Aragón, antes ocupado por los Reyes Católicos, y con ello una familia llena de enfermedades hereditarias que eventualmente extinguirían a sus descendientes y darían la corona española a la dinastía de los Borbón, aún vigente. A pesar de su sobrenombre, Felipe era todo menos atractivo. Según el autor, el noble llevó con él a España un rasgo heredado de sus antepasados: el prognatismo, es decir, una prominencia del maxilar inferior que impedía la articulación de las dentaduras. Esta condición, unida a un enorme labio inferior y una pésima dentadura, no sólo lo afeaban notablemente sino que le impedían masticar correctamente los alimentos, de manera que los problemas digestivos lo atormentaban constantemente. Felipe moriría en 1506 por culpa de una neumonía.

La muerte de Felipe acabó de justificar el sobrenombre de su esposa. Juana siempre había tenido un carácter difícil, pero su matrimonio con el mujeriego Felipe y sus seis embarazos acabaron de complicarlo. A pesar de estar embarazada a la muerte de su marido, Juana inició un viaje en compañía del ataúd de Felipe, que con frecuencia hacía abrir para contemplar el cadáver. Su padre Fernando tuvo que encerrarla en una torre y mandó practicarle exorcismos para tratar de devolverle la cordura. El tratamiento no tuvo efecto sobre su esquizofrenia y Juana murió después de 44 años de encierro.

Luis XIV fue probablemente el monarca más pomposo de la corte francesa. Pero el apodado 'Rey Sol' sufrió de más enfermedades que muchos de sus súbditos. Desde su niñez, cuando tuvo que luchar contra tres eruptivas, las pequeñas viruelas, la escarlatina y la roséola, Luis se acostumbró a vivir enfermo. La adolescencia le trajo no sólo el descubrimiento de los placeres amorosos sino también su primera enfermedad venérea, la gonorrea, que dejaba manchas indelebles en su ropa y lo delataba ante su corte. Luego, en la madurez, los trastornos digestivos lo obligaron a hacer un uso constante y conocido del retrete. Estos eran ocasionados en parte por su mala dentadura, que no sólo le daba un aliento terrible sino que le impedía masticar los alimentos, por lo que prácticamente tragaba entero.

Fue precisamente durante una operación para extraerle un diente que los cirujanos reales le arrancaron accidentalmente un pedazo de hueso del paladar. Como el agujero nunca se cerró,su majestad quedó con una fístula, es decir, "un conducto anormal, ulcerado y estrecho que se abre en la piel o en las membranas mucosas". Como consecuencia, a Luis solía escapársele por la nariz el líquido que bebía. Por si fuera poco nunca pudo volver a sonreír.

Las fístulas también aparecieron en otras regiones del organismo de Luis. A los 42 años le diagnosticaron hemorroides y, a los pocos meses, "una tumefacción en el periné". Esto último resultó ser una fístula entre el recto y el periné, que posteriormente fue operada con gran éxito.

La vida de Beethoven también estuvo marcada por los sufrimientos físicos. Fue asmático desde los 5 años, quedó marcado por la viruela y la desnutrición lo dejó con una estatura bastante reducida. A los 17 años sufrió de fiebre tifoidea y empezó a presentar síntomas de la sordera que lo acompañaría el resto de su vida. Además sufrió de anorexia, dolores abdominales y en los ojos. A los 55 años empezaron a hacerse evidentes las consecuencias de su gusto por el licor, heredado de su padre, y aparecen las primeras señales de un problema hepático que finalmente lo llevaría a la tumba.

Otro genio atormentado fue Vincent van Gogh. El pintor holandés fue taciturno, retraído y agresivo desde la niñez. Su instabilidad mental se vio acentuada en la edad adulta por la inclinación por el alcohol, especialmente por el dañino ajenjo. Una de sus crisis lo llevó en 1888 a cortarse la oreja izquierda, que posteriormente le entregaría a una prostituta. Desde entonces entró y salió varias veces de asilos, cada vez más perturbado por la esquizofrenia. El 27 de julio de 1890 Vincent se disparó una bala en el pecho. Murió luego de dos días de agonía.

La historia no termina ahí, pues el autor recorre muchas otras épocas y lugares, llegando incluso a relatar la corta carrera de Rembrandt como anatomista, o el descubrimiento de la aspirina o de la circulación de la sangre.

Es cierto que muchas de las condiciones que el doctor Restrepo retrata en su obra ya son, felizmente, cosa del pasado, pero, como él mismo lo dice, "aun falta mucho camino por recorrer, hay cosas ante las que aún estamos inermes". Además, el lugar de enfermedades erradicadas, como la viruela, hoy lo ocupan otras como el sida o el ébola. Sin duda, estas dolencias podrán añadirle unos cuantos capítulos a la triste historia de la humanidad enferma.

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