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| 5/29/1989 12:00:00 AM

QUISIMOS TANTO A LUCY

Millones de televidentes en el mundo lloran la muerte de Lucille Ball, quien los hizo reir durante muchos años.

QUISIMOS TANTO A LUCY QUISIMOS TANTO A LUCY
La última vez que se dejó ver del público fue hace pocas semanas, durante la entrega de los premios Oscar en Los Angeles. Con su típica cabellera rojiza y haciendo bromas con su pareja de numerosas comedias en el cine y la televisión, Bob Hope. Era todavía la misma mujer dotada de un profundo sentido del humor, que le encontraba chiste a todo, aun a las situaciones más cotidianas, y que pudo comprobar, una vez más, que seguía siendo una de las grandes leyendas vivas de Hollywood: Lucille Ball.

Lucille Ball murió a los 77 años, victima de un problema cardiovascular, lo que permite recordar que en alguna ocasión dijo que el corazón era la zona más preciosa de su anatomía y la más fuerte. Entre 1951 y 1957 fue la reina absoluta de la televisión norteamericana con su episodio semanal de la serie "Yo quiero a Lucy", la historia de una pareja joven que tiene los mismos conflictos de cualquier matrimonio. La comedia paralizaba almacenes, cines, actividades deportivas y paseos, pues era el espacio preferido de millones de norteamericanos que, semana tras semana se sentaron durante 32 años para disfrutar un programa que sigue pasándose en más de 30 paises del mundo, mientras aumenta la venta de casetes que contienen los episodios más cómicos. En los años 50 había 15 millones de televisores en Estados Unidos y se calcula que más de 10 millones de aparatos sintonizaban la franja de la CBS que transmitia lo que pasaba entre Lucille Ball y su esposo de la vida real, un actor y cantante mediocre Desi Arnaz.

Ganadora de cuatro premios Emmy, despues de ser nominada 11 veces entre 1951 y 1967, hizo 74 películas desde 1933 cuando debutó con un pequeño papel en un drama que ya nadie recuerda, "Broadway a través de un agujero". Siguió con personajes secundarios en comedias musicales protagonizadas por Fred Astaire y Ginger Rogers, hasta alcanzar sus mejores papeles en películas como Sorrowful Jones, Fancy Pants y The facts of life, hasta su última aparición en el cine, en una superproducción de 10 millones de dólares en 1974, "Mame", que fue un fracaso de taquilla y la obligó a tomar la vida con más calma y a abandonar algunas de sus actividades para dedicarse a impulsar las carreras de sus hijos, Desi y Lucía.

Para algunos especialistas en cine y televisión, Lucille Ball es uno de los grandes mitos norteamericanos como Eisenhower, los Kennedy, Marilyn, Bob Hope, Gable y otros más, y su contribución al género de la comedia es significativo. Umberto Eco le dedicó un entusiasta ensayo y Guillermo Cabrera Infante logró una de sus mejores páginas describiendo lo que era la Norteamérica de los 50, que giraba alrededor del capitulo semanal de "Yo quiero a Lucy", un programa que causa cierto impacto en la vida cotidiana de los norteamericanos.
Tanto, que al quedar embarazada en la vida real, su personaje también lo hizo, y el 19 de enero de 1953 más de 10 millones de televidentes presenciaron algunos aspectos del parto de Lucy, el personaje, grabado cuatro horas antes en la clínica donde Lucille Ball, la actriz, tenía un bebé. Es un episodio que será recordado en la historia de los medios de comunicación como algo sin precedentes.

LOS PRIMEROS PASOS
Nacida en 1911 en Celerón, California, hija de un electricista y una pianista, se interesó en la actuación desde muy niña. Pero cuando entró a la Academia de Arte Dramático, los maestros la disuadieron de seguir esa carrera, porque consideraron que no tenía aptitudes teatrales. Entonces incursionó en el modelaje y una gigantesca valla de Chesterfield donde aparecía fresca y juvenil llamó la atención de algunos productores, que le dieron entrada para actuar en algunas comedias de los hermanos Marx, especialmente Room service.

En 1940 conoció a Desi Arnaz, director de una orquesta de ritmos tropicales, se casaron y 20 años después se divorciaron, lo cual produjo gran desilusion entre sus millones de admiradores. Ambos tenían un programa radial de mucho éxito, "Mi esposo favorito", compuesto por episodios cotidianos en los cuales un marido paciente soporta las excentricidades y locuras de su joven mujer quien, a pesar de que lo adora, siempre defiende su libertad dentro y fuera de la casa.
La cadena CBS decídió en 1951 hacer un programa de televisión con los mismos personajes. Intentaron buscar un compañero para Lucy, pero la actriz Insistió en que su esposo fuera el protagonista. Después de muchas dudas, la compañía aceptó. Los televidentes que cenaban ante el aparato encendido, convirtieron el programa en su favorito y los grandes almacenes como Macy's y Bloomingdale's variaban sus horarios para no quedarse vacíos mientras el programa era emitido.

El divorcio de la pareja coincidió también con la reducción de la popularidad de los programas de Lucille Ball quien, a partir de 1961 y casada de nuevo con el cómico Gary Morton, durante 12 años intentó repetir el éxito con las series "Aquí está Lucy" y "El show de Lucy". Sin embargo, ya no fue lo mismo, los días de gloria habían pasado.

Lucille Ball era todo un espectáculo: bailaba, cantaba, hacía chistes, interpretaba con propiedad personajes cómicos o dramáticos, servía de anfitriona en programas de caridad, encabezaba campañas para los necesitados, se burlaba de ella misma y durante 16 años siguió haciendo programas y películas, a sabiendas de que su cuarto de hora había pasado. Los estudios "Desilú", creados con Arnaz, abrieron la modalidad de las compañías independientes, que producían programas y los vendían a las grandes cadenas, conservando su autonomía.

Hace poco le confesó a una revista norteamericana: "Siempre me preguntan qué es el humor, cuáles son los elementos principales del humor, qué tiene uno que hacer para que los espectadores se mueran, se revuelquen de la risa, y la verdad es que esa pregunta, que me la vienen haciendo desde hace muchos años, nunca he podido responderla. Es cierto, no sé cómo nacen los chistes, cómo surgen las situaciones cómicas, no se de dónde proviene el humor, por qué la gente se ríe, se siente contenta con las cosas que digo y hablo. Debe ser que he sido una mujer feliz, siempre he sido feliz. A pesar de mi divorcio de Desi, pesar de su muerte, a pesar de tantos amigos queridos que murieron primero que yo, he sido y soy una joven feliz. Me siento joven todavía, quiero que me recuerden como la loca juvenil de la cabellera encendida que no podía quedarse quieta en ningun momento. Hoy, cuando su muerte a los 77 años le impide contar un chiste más, puede decirse, sin temor a equivocaciones, que Lucille Ball ha logrado que la gente la tenga en su recuerdo como una mujer feliz, portadora de una loca alegría. -

EDICIÓN 1879

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