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| 4/3/1995 12:00:00 AM

TESTIGO CLAVE

Una doméstica latina se convierte en pieza fundamental de la defensa de O.J. Simpson.

TESTIGO CLAVE, Sección Gente, edición 670, Apr  3 1995 TESTIGO CLAVE
EL EX FUTBOLISTA O.J. Simpson no tenía nada a su favor en el juicio que se le sigue por el asesinato de su ex esposa y un amigo de ella el camarero Ronald Goldman. Las pruebas en su contra han sido contundentes. Había rastros de sangre de Nicolle en su carro y en su ropa. Había también sangre suya en el lugar del crimen, como consecuencia de una cortada que sufrió en una mano. Y durante el proceso todos los testimonios apuntaban contra él y Simpson ni siquiera tenía un testigo clave que corroborara la coartada de dónde había estado durante la hora y media en que ocurrió el asesinato. Nadie veía evidencia que diera una posibilidad de salvarse del veredicto de culpabilidad cuando apareció un milagro: Rosa López.
Rosa López es la criada de una casa vecina a la mansión de Simpson en Los Angeles. Una salvadoreña que no habla inglés y que aseguraba que esa noche, mientras paseaba los perros de sus patrones, había visto el famoso Bronco del jugador parqueado frente a su casa a las 10.15 p.m., hora en que ocurrió el asesinato. A esa hora, según la fiscalía, Simpson estaba a dos millas de ahí perpetrando el doble homicidio. Para la defensa, Rosa López era el testigo que echaría abajo las acusaciones de la fiscalía.
Desde un principio se supo que no sería una testigo fácil. Rosa López no quería declarar. Decía que estaba atravesando por una crisis nerviosa, que los periodistas la asediaban día y noche y que quería regresar a su país. Para una humilde campesina salvadoreña el espectáculo resultaba devastador. Ella misma lo resumió en la corte con estas palabras: "Qué culpa tengo de vivir cerca del señor Simpson?". Otros opinaron que esa aparente angustia era sólo parte de la expectativa que la defensa montó para darle credibilidad a la testigo. En cualquier caso, Rosa López se convirtió en testigo clave y pasó a la galería de personajes latinos que por obra del azar, la pobreza o la mala suerte terminan en el centro de grandes escándalos.
La credibilidad de la empleada quedó diezmada en audiencia previa a su presentación frente al jurado. López tomó un riesgo que le costó caro. Se atrevió a declarar que no podría asistir a más audiencias porque tenía una reservación en un vuelo de Taca con destino a San Salvador para el día siguiente de la audiencia. Uno de los asistentes de la fiscal pidió permiso para retirarse, hizo una llamada y regresó. Entonces le pasó un papel al fiscal Christopher Darden con la noticia: en la compañía aérea dijeron que no hay nadie registrado bajo ese nombre.
Después de varios días de discusiones, finalmente el juez sentó a la criada en el banquillo de los testigos para que rindiera testimonio ante el jurado. Y según los acuciosos analistas del juicio, la criada no sirvió a la defensa en la forma como se esperaba. Rosa López respondió con calma a un implacable interrogatorio, pero tuvo que admitir que no recordaba muy bien las fechas y las horas, un aspecto crucial para su testimonio.
El fiscal Darden acosó a la testigo utilizando detalles del informe de un investigador del equipo de la defensa de Simpson que entrevistó a López dos veces. En el informe la mujer dice haber visto el Bronco entre las 10.15 y las 10.20 de esa noche.
"Todo lo que dije es que lo había visto después", dijo la señora.
¿De modo que usted no sabe cuánto tiempo después de las 10?", le preguntó Darden.
"No señor", respondió la testigo.
En otro momento Darden preguntó: "¿Tiene usted dificultad para recordar las horas"?
"Si no las he puesto por escrito, ¿cómo las voy a recordar?", respondió ella. Gran parte del interrogatorio estuvo orientado a demostrar que López es una marioneta de los abogados de la defensa.
Lo cierto es que en el último capítulo de este seriado, que tiene atrapada a la audiencia estadounidense, la defensa perdió una ficha clave. La fiscalía logró demoler el testimonio de la criada salvadoreña, quien era la única coartada de Simpson.

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