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| 11/1/1993 12:00:00 AM

Un fiscal de mano dura

Al definir el retiro de tres congresistas de la campaña de Samper, el fiscal ético Jorge Valencia deja en claro que no es de bolsillo y ahonda sus enemistades con la clase política.

Un fiscal de mano dura Un fiscal de mano dura
ES MUY POSIBLE QUE LA SEMANA PASADA, los puntos de Jorge Valencia, el fiscal ético de la campaña de Ernesto Samper, hayan subido en la opinión y bajado en los salones del Congreso. Todo ello como resultado del concepto suyo que significó el retiro de la campaña de dos representantes a la Cámara -Rodrigo Turbay y Melquisedec Marín- y de un senador -Jorge Eduardo Gechem-, por su participación en un acto público en Leticia (Amazonas), con Evaristo Porras.
Nombrado un par de meses atrás como fiscal ético con la tarea de vigilar el origen de las contribuciones económicas y de conceptuar sobre las adhesiones políticas de personas cuestionadas, el ex dirigente galanista tuvo que estrenarse resolviendo el controvertido episodio de Leticia. Podía conceptuar en contra de la adhesión del representante Marín, y pedir a su vez una amonestación contra Gechem y Turbay, o podía aplicar la mano mas dura, y definir así la salida de los tres congresistas.
Si escogía el primer camino, generaba una gran desilusión en amplios sectores de opinión que veían el caso como una prueba de fuego para el fiscal y el código éticos del samperismo. Si escogía el segundo, abría una caja de pandora política, de consecuencias impredecibles. Enfrentado a lo que los estadounidenses llaman una "no win situation", escogió el segundo, con lo cual dejó de ser el hombre de mano tendida que muchos conocían, y se convirtió en uno de pulso firme.
Joven ministro en la década de los 70, desde Antioquia se matriculó en el galanismo a mediados de los 80. Después del asesinato de Luis Carlos Galán en el 89, su figura se opacó por algún tiempo, hasta cuando el Movimiento de Salvación Nacional de Alvaro Gómez lo rescató para su lista multipartidista en las elecciones congresionales de 1991. Si bien el alvarismo le permitió recobrar ese año su curul de senador, esa alianza le granjeó grandes enemistades en la bancada liberal.
No hay duda de que su tarea va a ser ingrata, pues más allá de los aplausos momentáneos de la opinión, Valencia va a seguir agrandando el abismo que lo separa de buena parte de la clase política, que se siente convertida en la carne de cañón de la presente campaña electoral. Pero, curiosamente, el éxito de su gestión dependerá de que no le importe pagar ese costo, pues de lo contrario perdería su credibilidad y se convertiría en lo que algunos creyeron que iba a ser y no ha sido: un fiscal de bolsillo.

EDICIÓN 1879

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