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| 11/6/2000 12:00:00 AM

Un presidente enamorado

Nancy Reagan acaba de publicar un libro con las apasionadas cartas de amor que Ronald Reagan le escribió a lo largo de 50 años.

Un presidente enamorado Un presidente enamorado
Las grandes historias de amor tienen nombre propio: Romeo y Julieta, Marco Antonio y Cleopatra, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir y Tristán e Isolda. A la lista de amantes famosos se suma ahora una nueva pareja que hasta el momento sólo había sido reconocida en el mundo debido a su desempeño político y artístico. Se trata del ex presidente de Estados Unidos Ronald Reagan y su esposa Nancy, quienes, por extraño que parezca, viven desde hace décadas una historia de amor que haría palidecer de envidia a las películas dulzarronas que ambos protagonizaron en la época dorada de Hollywood.

Las pruebas del idilio se encuentran consignadas en las 208 páginas del libro I love you, Ronnie, obra editada por la propia Nancy en la que se recopilan las almibaradas cartas de amor que el primer mandatario le escribió a su mujer durante más de 50 años. La revista francesa Paris Match fue uno de los primeros medios en dar a conocer el contenido de la correspondencia y más de un lector ha quedado boquiabierto al descubrir que el hombre que estuvo detrás del escándalo Irán-contras tiene la misma inspiración febril de un adolescente. Así lo demostró en una carta que le envió a Nancy con motivo del día de San Valentín:



“Querida Mommie Poo:

El 14 de febrero es tal vez la fecha en la que ellos celebran el día de San Valentín pero eso es para la gente que no tiene sino una ocasión ordinaria. Resulta que yo tengo una ‘vida valentina’ que comenzó el 4 de marzo de 1952 y continuará mientras yo te tenga. Teniendo en cuenta la importancia de eso para mí, ¿serías tú mi ‘valentina’ a partir de ahora y por siempre?

Como ves mis opciones son limitadas: yo te amo tanto que deseo una vida valentina o nada.

Poppa”

Luego de leer esta explosión de romanticismo que raya con la cursilería resulta un tanto extraño imaginarse a este mismo hombre ordenando la invasión de Granada y el bombardeo a Trípoli. Las fechas y lugares en donde fueron escritas las cartas demuestran que en la vida pública de Ronald Reagan siempre hubo un espacio reservado para Nancy. Ya fuera como actor, gobernador de California o presidente de Estados Unidos, ningún aspecto del trabajo fue capaz de interferir con su devoción a la vida marital.

En sus cartas Reagan no oculta la admiración que siente por su esposa. En más de una ocasión el ex primer mandatario utilizó la papelería de la Casa Blanca para imprimirle a sus pequeños mensajes de amor un tono más ceremonioso. Las misivas de carácter ‘oficial’ eran entregadas por sus subalternos y cuando Reagan quería sorprender a su amada simplemente las dejaba en lugares estratégicos de la alcoba nupcial para que ella las descubriera. Un ejemplo es esta carta en la que se refiere a su esposa como la señora Reagan:

“Querida señora Reagan:

Tú eres la señora Reagan porque el señor Reagan te ama con todo su corazón. Cada vez que el señor Reagan ve una estrella fugaz o sopla las velitas o se queda con el pedazo grande del hueso de la suerte del pollo hace el mismo deseo y una misma plegaria: que tanta felicidad perdure y que él sea digno de ella. A veces es cierto que el señor Reagan se enfurece o bota las puertas, pero esto es porque él no puede llorar o patear (ese no es realmente su estilo). Pero enfurecido o contento, el señor Reagan está, desde lo más alto que él puede, enamorado de la señora Reagan y no puede imaginar un mundo sin ella. El la ama.

Señor Reagan

Ps. El señor Reagan tuvo que levantarse y tomar un somnífero en medio de la noche”.

Los dos hijos que Nancy le dio al dirigente republicano se convirtieron en la mayor alegría de la pareja y Reagan no escatimó elogios a la hora de referirse a la dedicación con la que su esposa había criado a una típica y tradicional familia norteamericana. Así lo demuestra este acróstico que le obsequió en un día de la madre:

“M _ es por la Miseria que no tengo

O _ significa sOlo que sin ti yo moriría

M_ es por lo Mucho que te extraño cuando estamos separados

M_ es por el Millón de maneras en que te amo

Y _ YIPPIE!! Estoy muy feliz

Tómalas. Ellas juntas escriben NANCY

Mi esposa, mi amor, mi vida

Feliz día de la madre

De un admirador (si eres curiosa mi nombre está arriba de la página)

Estoy en la siguiente almohada”.

Pese a que las cartas de amor pierden su encanto al ser leídas por terceras personas. que desconocen los estados de ánimo que inspiraron a los enamorados, el romanticismo de Ronald Reagan es la prueba viviente de que por más duros e inflexibles que sean los políticos ellos también tienen su corazoncito.

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