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| 1/15/1990 12:00:00 AM

UN RUSO UNIVERSAL

Con la muerte de Sajarov desaparece un símbolo de la rebeldía soviética.

UN RUSO UNIVERSAL UN RUSO UNIVERSAL
Uno de los más emocionados retratos de Andrei Sajarov lo escribió el novelista británico John Le Carré a raíz de su segunda visita a la Unión Soviética, varios meses atrás, cuando afirmo que "este hombre no puede dejar de temblar mientras recuerda el horror de los años sesenta y setenta, cuando a la medianoche la puerta de su apartamento en Moscú era tumbada a golpes y la policía entraba y requisaba todos los papeles y libros que encontraba y dos horas más tarde, cuando el sueño volvía a dominarlos, de nuevo los golpes y de nuevo las humillaciones. Entonces le pregunté qué hacía ante esas circunstancias y Andrei me respondía humildemente: "Me hacían un favor enorme porque necesitaba menos horas de sueño para terminar una monografía que estaba atrasada ".
Después, entre 1979 y 1986, viviría desterrado en la ciudad de Gorki, donde no recibía correo ni visitas de nacionales ni extranjeros y cuando salía a la calle, a caminar en medio de la nieve con la bufanda tapándole la boca y una gorra y unos zapatos de suelas gruesas, era seguido por varios agentes de la policía secreta mientras los periodistas occidentales retrataban con teleobjetivos la encorvada imagen del símbolo de los disidentes soviéticos. A veces, en cualquier descuido de los vigilantes, el científico deslizaba un papelito en las manos de alguien y días después aparecía un artículo en algun periódico de Londres, Nueva York o París, denunciando las continuas violaciones a la dignidad del hombre en la Unión Soviética.
Andrei Sajarov, con 68 años de edad y ganador del Nobel de la Paz, murio la semana pasada de un ataque cardíaco, sólo dos días despues de haberse enfrentado al hombre que en 1986 lo libero de su prisión y le facilitó la vida hasta verlo convertido en miembro del Congreso de los Diputados del Pueblo: allí Sajarov le dijo a Mijail Gorbachov que las reformas que actualmente se adelantan en su país van demasiado lentas, que el pueblo no puede seguir esperando, que el Partido Comunista no puede mantener su férreo control sobre la administración y que las reformas democráticas deben ser auspiciadas por Moscú en los demás países europeos del Este.
Sajarov era así y se convirtió en objeto de culto entre los intelectuales europeos cuando la viuda hizo circular entre los periodistas extranjeros un video en el cual aparecía la figura destrozada por el aislamiento y la enfermedad en su encierro de Gorki. El semanario Paris Match varias veces dedicó numerosas páginas a mostrar como, a pesar de su edad y sus condiciones físicas, Sajarov no recibia atención alguna, como podía morirse en cualquier momento y cómo los ciudadanos soviéticos estaban dispuestos a ayudarlo como fuera, a pesar del miedo a la policía secreta.
Nacido en Moscu el 21 de mayo de 1921, era hijo de un profesor de física y después de obtener el doctorado en ciencias ingresó, en 1947, cuando sólo tenía 26 años de edad, al equipo soviético que logró la bomba nuclear, hasta que en 1952 se convirtió en el miembro más joven y agresivo de la Academia de Ciencias de la URSS.
Poco a poco comenzaban a cercarlo. Su correspondencia del extranjero era requisada, sus amigos eran hostilizados y el mismo gobierno se dedicó a una campaña de difamación para hacerlo aparecer ante la opinión como un simple y alegre loquito. Lo amonestaron, lo amenazaron expresamente, le prohibieron viajar al exterior, lo hicieron vigilar y exaspero a las autoridades cuando publicamente criticó las teorías geneticas de Lysenko.
En 1968 Sajarov dio el paso más significativo de su carrera al publicar un extenso trabajo que tuvo una entusiasta acogida en los países occidentales, Con el título de "Reflexiones sobre el progreso, la coexistencia pacífica y la libertad individual", logró uno de los ataques más serios y profundos contra la carencia de condiciones para el desarrollo del ser humano en la Unión Soviética. Tacho de hipocritas a los jerarcas del Kremlin, puso en ridículo sus encuentros por la paz con dirigentes occidentales y detallo el estado aberrante en que se hallaban los que se atrevían a ejercer la oposición contra el régimen.
Sajarov se vio entonces amarrado le prohibieron trabajar en su oficina de siempre, lo dejaron sin libros ni ayudantes ni material de referencias le prohibieron continuar sus investigaciones, lo dejaron sin teléfono y en ocasiones sin elementales servicios y cuando públicamente condenó la intervención de los tanques soviéticos después de la "Primavera de Praga" el ostracismo se hizo mayor.
Sajarov era un elemento incomodo para los dirigentes soviéticos, una piedra en el zapato que debían eliminar como fuera. En 1979 fue enviado a la ciudad de Gorki, supuestamente alejado de los círculos disidentes moscovitas, cuando fue muy duro contra la invasión a Afganistán. Los organismos internacionales pro-derechos humanos iniciaron entonces una campaña para aliviar su penosa condición, en medio de la cual Sajarov aprovechaba para hacer algunos apuntes humorísticos.
La llegada de Gorbachov cambió la situación y Sajarov pudo hablar nuevamente; en el Congreso de los Diputados, junto a Yeltzin y otros disidentes, se convirtió en la corriente de aire fresco que el líder ha estado necesitando para seguir con sus planes de apertura.
Le Carre escribio unas líneas en e Sunday Times, asi como lo hicieron otros intelectuales occidentales. Sajarov era uno de los suyos.

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