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| 4/27/1998 12:00:00 AM

UNA VIDA EN PASARELA

El diseñador Yves Saint Laurent celebra 40 años de carrera profesional.

UNA VIDA EN PASARELA UNA VIDA EN PASARELA
Una mañana de junio de 1955 un joven de sólo 17 años se presentó en el taller de Christian Dior en París. Se llamaba Yves Saint Laurent y venía de Oran, una ciudad costera de Argelia. Pero esa irrupción en la vida del más cotizado couturier del momento no era una impertinencia. Llevaba bajo el brazo el primer premio de un concurso de diseño y estudiaba en la Chambre Syndicale, una de las más prestigiosas escuelas de alta costura. Pero había algo más, estaba seguro de su talento. Sólo bastó una ojeada del maestro a la corta hoja de vida del joven. Dior no lo pensó dos veces y esa misma tarde lo nombró decorador de su sala de exhibiciones. Empezó como un empleado del montón pero a los dos años el joven de Oran ya realizaba creaciones propias que complacían cada vez más a su patrón. Su producción fue tan prolífica que en 1957 exhibió más diseños que su jefe.
En ese momento nada anticipaba la próxima muerte del maestro. Dior murió meses después y, pese a las reservas de la junta directiva de su organización, Saint Laurent fue encargado de la dirección artística de la empresa. En enero de 1958, cuando la crítica vio su primera colección, 'Trapecio', se disiparon las dudas. Hasta tal punto que nadie vaciló en llamarlo el 'Principito' del reino de Dior.
Tela que cortar
Este año Saint Laurent celebra 40 de diseñador desde ese primer desfile. En ese lapso se ha ganado bien la fama de ser uno de los más innovadores y versátiles couturiers del mundo. Fue el primero que le echó tijera a muchas de las reglas de oro de la moda. En 1967, en una época en que las mujeres elegantes sólo salían a la calle en vestido o falda, diseñó sastres con pantalón bajo el titulo Smoking, que evocaba la imagen andrógina de Marlene Dietrich en sus primeras películas.
Pero más que introducir el pantalón como prenda de elegancia femenina _hoy por hoy nadie ha podido desterrarlo_ fue el responsable de que todas las mujeres, sin importar la edad, tuvieran acceso a los trajes de diseño. Junto a la creación de piezas únicas, sólo al alcance de la mano de las millonarias, lanzó la línea Prêt à porter, accesible a más bolsillos pero no por ello de menor calidad.
Sin embargo el gran acierto de Saint Laurent fue fusionar en una sola puntada el arte y la moda. Gracias a esto su nombre ha trascendido los límites de la buena costura. Se reconoce como el de un artista que ha esculpido la figura del hombre a punta de telas, hilos y agujas. No es gratuito que varias de sus colecciones hayan tenido a grandes pintores como fuente de inspiración (Mondrian, Picasso, Warhol y Van Gogh, entre otros).
Rumbo a París
Si bien su carrera profesional sólo ha registrado ascensos, su vida personal ha estado marcada por profundas depresiones.Ya desde su juventud se veía a las claras que no encajaba en los estereotipos sexuales de la época. Pasaba tardes enteras diseñando vestidos para las muñecas de sus hermanas mientras sus amigos demostraban su virilidad en deportes rudos. Se identificaba más con figuras femeninas como Coco Chanel que con héroes de cine como John Wayne. Por eso su vida de colegio, en la cual era blanco de burlas, fue una tortura. "No encajaba porque era homosexual", admitiría después en el diario Le Figaro. Aunque amarga, esa experiencia le sirvió para darse cuenta de que si quería triunfar debía salir de Argelia.
En la Ciudad Luz encontró las cosas con las que más soñaba: arte, glamour, moda, libertad y amor. Mientras trabajaba en la casa Dior conoció a Paul Bergé, un administrador de negocios que desde hace 30 años es su compañero inseparable. Actualmente director de la Opera de París, es también el gerente de la firma y la persona detrás del éxito del diseñador.
Pero París no fue siempre una fiesta. También le trajo desgracias. En 1960, durante la guerra de Argelia, fue llamado a enrolarse en el ejército francés. No tuvo, sin embargo, que empuñar las armas contra los musulmanes nacionalistas. Una crisis depresiva lo obligó a recluirse en un hospital siquiátrico. Cuando se recuperó se encontró con la dura realidad de que alguien había ocupado su puesto en Dior, Marc Bohan.
No se quedó con los brazos cruzados. Con la ayuda financiera de Bergé abrió, en 1962, su propia casa de modas. La fama volvió a tocar a su puerta en 1965 con una colección inspirada en la obra de Mondrian. Fue un espectáculo, captó la atención de los expertos y de las elegantes, pero sobre todo de una mujer muy especial, Catherine Deneuve. La actriz, que le pidió diseñar el vestuario para la película Belle de Jour, se convirtió en su gran amiga, además de su embajadora y musa por excelencia.
Opio y goles
El genio que lo llevó a la cima no dejó de traerle problemas. A comienzos de los años 70 el diseñador no vaciló en posar desnudo para un aviso publicitario. No era propiamente que el desnudo levantara ampolla pero esa excentricidad tuvo su costo. Múltiples medios impresos rechazaron la publicación de la foto. Al final, sin embargo, se convirtió en el icono gay de los 70 y contribuyó a enriquecer el mito Saint Laurent.
Los escándalos no pararon ahí. En 1981 el lanzamiento de su nuevo perfume, Opio, bajo el eslogan 'Para las adictas a Yves Saint Laurent', causó una tremenda reacción entre las organizaciones antidrogas. Sin ir más lejos solicitaron la prohibición de su venta, lo que, por el efecto boomerang , sirvió para colocar el perfume entre los más vendidos en la historia.
El éxito, el dinero y la fama no fueron suficientes para hacerle contrapeso a su personalidad depresiva, la cual lo llevó al infierno de las drogas y al alcohol. A final de los años 80 volvió a ser recluido en un hospital siquiátrico y el tratamiento de desintoxicación lo alejó temporalmente de las pasarelas.
Lograda la recuperación se enfrentó de nuevo a la cruda realidad: el negocio ya no era tan lucrativo como antes. La competencia crecía y los exorbitantes honorarios de las top models le daban otra dimensión al negocio. Ante esto, Yves y el inseparable Pierre decidieron vender la empresa a la compañía petrolera ALF Aquitaine por 650 millones de dólares.
Pero Saint Laurent no ha dejado las tijeras. Hace pocas semanas, con sus 62 años de oficio a cuestas, presentó la colección que sirvió de antesala a los desfiles con los que patrocinará el mundial de fútbol. El maestro, el gran couturier , no tira la toalla. No puede olvidar aún aquel día de enero de 1958 cuando hizo su debut en la casa Dior. Todavía resuenan en sus oídos los aplausos y la aclamación de la crítica que lo consagró como uno de los diseñadores más talentosos de la historia.

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