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Interbolsa
(2012)

Ideas Que Lideran / Periodismo

El descalabro financiero que se originó en Estados Unidos en 2007 y golpeó al mundo entero en 2008 recordó que cualquier gigante, por más poderoso que sea, puede caer. En ese episodio quien primero lo hizo fue Bear Stearns —el quinto banco de inversión más importante en Estados Unidos—, seguido por Lehman Brothers —el cuarto en el mundo y el más antiguo en ese país— y Merrill Lynch —la más grande y reconocida correduría del planeta—.

Pero ni siquiera su colapso, cuya repercusión generó una aguda crisis económica que instó, entre otras cosas, a repensar el capitalismo financiero y sus mecanismos regulatorios, sirvió de lección para no repetir la historia.

Guardadas las proporciones, cinco años después sucedería algo semejante con la firma comisionista más grande e importante del mercado de valores de Colombia: InterBolsa. A finales de 2012, la prestigiosa compañía, que transaba el mayor volumen de deuda pública y privada, acciones y derivados del mercado local, con una participación cercana al 25 por ciento, fue intervenida.

Edición Revista Semana Nº 1593

Las alarmas se prendieron cuando le incumplió al BBVA un pago pendiente por 20.000 millones de pesos. Aunque en el reglamento bursátil esto es una falta grave, InterBolsa aseguró que solo se trataba de un problema de liquidez; al fin y al cabo indicó tener un patrimonio de 139.470 millones de pesos y un nivel de solvencia de 21,72 por ciento, 9 por ciento más que lo exigido por las autoridades.

SEMANA empezó a indagar qué ocurría y lo que halló en ese momento fueron las puntadas finales de lo que luego se descubriría como una compleja trama corporativa, plagada de malas prácticas, riesgo excesivo, ambición ilimitada, quiebres de ley y falta de regulación estatal. Nos sumergimos en las aguas profundas de la comisionista para desentrañar su origen y trayectoria así como los movimientos que condujeron a su desaparición.

La jugada por la que la compañía se empezó a desgranar fue el pago de sus obligaciones por los famosos repos de Fabricato. Los repos son acciones que una empresa vende con el pacto de recomprarlos tiempo después; se trata de una operación legítima y usual en el mercado bursátil para conseguir liquidez. En este caso, InterBolsa, el jugador más activo del mercado con esta figura, había hecho una apuesta enorme por la textilera antioqueña sobre la base de que la acción aumentaría sustancialmente dejándoles jugosas ganancias a quienes invirtieran en ella.

Inicialmente eso sucedió, pues la acción pasó, en el lapso de 1 año, de 30 a 90 pesos. Pero el mercado comenzó a desconfiar de que Fabricato —empresa en la que el hermano del fundador de InterBolsa era miembro de la junta directiva— pudiera valer tanto, pues en 2011 perdió 5.636 millones de pesos, y entre enero y septiembre de 2012 (año en que estalló el escándalo) sus pérdidas acumulaban 41.463 millones.

Eso llevó a los inversionistas a pensar que el valor de la acción había sido inflado artificialmente, lo que provocó que no renovaran la negociación de ese título y pidieran su dinero de vuelta. InterBolsa tenía operaciones por 300.000 millones de pesos en repos de Fabricato —el equivalente al 80 por ciento de sus acciones en circulación, incluidas las que la comisionista había adquirido con recursos propios— y muy rápidamente se quedó sin fondos para pagarles a todos. No logró crédito de la banca para honrar sus deudas, las acciones de Fabricato y de InterBolsa terminaron por desplomarse y todo el andamiaje se vino abajo. Este hecho generó pánico en el mercado bursátil, pues las otras comisionistas temían que este gigante se las llevara por encima y las condujera a una crisis de liquidez, y las autoridades financieras adoptaron medidas de urgencia para evitar un efecto dominó. Entre tanto, la Fiscalía abrió una investigación penal por este caso.

La revista tuvo acceso a una fuente primaria que ningún otro medio obtuvo: el primer testigo del proceso penal. La información que esta persona arrojó fue crucial para analizar, atar cabos de hilos aparentemente sueltos y desenredar la intrincada estrategia elaborada por los directivos de InterBolsa en aras de crecer rápidamente y ganar mucho dinero, pero sin actuar de manera transparente, aprovechando los vacíos legales y dificultando el escrutinio y vigilancia de los entes de control.

InterBolsa, fundada en 1991 por el empresario paisa Rodrigo Jaramillo, empezó siendo una pequeña firma que operaba en la Bolsa de Valores de Medellín. Años después, el economista bogotano Juan Carlos Ortiz —quien en 1997 había sido expulsado de la Bolsa de Bogotá— se asoció a la empresa, que desde entonces empezó a ganar terreno y notoriedad apelando a un mecanismo en el que Ortiz —un avezado y temerario corredor que siempre se mueve en el límite— había sido pionero: la posición propia, es decir, las inversiones que realiza una comisionista en el mercado bursátil con su propio capital. Por tener información privilegiada, quienes realizan estas operaciones deben hacerlo con ética de hierro y la precaución especial de no incurrir en un conflicto de interés.

Los millonarios bienes escondidos de Interbolsa. Foto: Archivo particular.

La compañía empezó a negociar títulos colombianos de deuda pública (TES) en una coyuntura económica muy favorable y eso catapultó su crecimiento. En los inicios del nuevo milenio, se sumó otro socio: Víctor Maldonado, un inversionista bogotano que capitalizó a InterBolsa y le dio nuevos bríos. Siguió creciendo, en 2007 se fusionó con la corredora Inversionistas de Colombia y en poco tiempo se consolidó como la más grande firma comisionista de las 29 del país.

Esa bonanza impulsó a sus socios a constituir un conglomerado que les dio mayor flexibilidad para mover capital e incurrir en negocios de otros sectores. Así se creó el Grupo InterBolsa, que adquirió participaciones en empresas como Coltejer, Fabricato, la Bolsa Mercantil de Colombia, EasyFly, entre otras, gracias, en buena medida, a la liquidez que le aportaban los clientes de la firma comisionista. Su portafolio de inversiones se expandió rápidamente, a escala nacional e internacional.

Pero jalonados por la codicia, no solo cometieron errores, sino que incurrieron en delitos. Otra de las jugadas que los llevó al descalabro y cuyas implicaciones son más profundas que la de los repos fue la referente al Fondo Premium, constituido en el año 2000 en Curazao por Juan Carlos Ortiz y Tomás Jaramillo —hijo del fundador de InterBolsa—. Este fondo captaba, a través de la comisionista, dineros de personas naturales en Colombia que terminaban siendo canalizados hacia la compra de acciones —incluidos los repos de Fabricato— y propiedades para muchos accionistas del Grupo InterBolsa en Colombia y no en el exterior, como se promocionaba. Es decir, una triangulación en la que la plata salía del país y volvía a entrar a través de varias empresas, principalmente Valores Incorporados S. A., Rentafolio Bursátil y Financiero S. A. S. y la Compañía Colombiana de Capitales, las cuales, en últimas, pertenecían a accionistas de InterBolsa o personas afines al grupo.

Las investigaciones de las autoridades económicas y judiciales confirmaron que en esta compleja estructura se crearon y usaron empresas en distintas jurisdicciones (Curazao, Panamá, Estados Unidos y Colombia), con nombres similares, sociedades entrelazadas y socios mezclados, con el objetivo de confundir a los inversionistas y a los entes de control y dificultar su vigilancia. Y en esta confabulación hubo conflictos de interés, falsificación de documentos, fraude, estafa, manipulación, entre otros crímenes.

Solo del Fondo Premium, cuyo saldo era de unos 320.000 millones de pesos, resultaron 1.028 inversionistas afectados. Y a ellos se suman las cerca de 800 víctimas —entre personas naturales y jurídicas— derivadas de los repos y otras operaciones —incluida la venta de títulos de Luxemburgo que también promovió la corredora—, cuyas pérdidas ascendieron a unos 520.000 millones de pesos.

Edición Revista Semana Nº 1753

Inicialmente, cerca de 40 personas fueron vinculadas judicialmente al caso y, en definitiva, a 22 les imputaron cargos. El proceso penal ha avanzado muy lentamente por la congestión del sistema y ha sido torpedeado con distintos recursos jurídicos interpuestos por los implicados. Las cabezas más visibles de toda esta historia atraviesan distintas fases. Rodrigo Jaramillo purga una pena de siete años de casa por cárcel, por los delitos de manipulación fraudulenta de especies y administración desleal, mientras se enfrenta a un juicio por los cargos de operaciones no autorizadas y concierto para delinquir. Su hijo Tomás y su amigo Juan Carlos Ortiz fueron condenados a cinco años y nueve meses de prisión por manipulación fraudulenta de especie, estafa agravada y concierto para delinquir. Ellos dos están recluidos en La Picota, pidiendo casa por cárcel y en espera de que se resuelva su situación por cuatro delitos más que no aceptaron. Víctor Maldonado, por su parte, no se allanó a ningún cargo, salió de La Picota por vencimiento de términos y está en libertad a la espera de un juicio.

Entre tanto, el proceso de reparación económica a las víctimas ha sido más expedito. En abril de 2016 culminó la liquidación de InterBolsa. Del conglomerado se alcanzó a recuperar el 65 por ciento del valor invertido por las víctimas de los llamados TEX de Luxemburgo; del Fondo Premium se ha devuelto el 100 por ciento del dinero invertido a más de 800 personas, y quedan cerca de 200 por recibir su parte.

SEMANA fue el primer medio en poner en la palestra la existencia de este fondo y, paulatinamente, fue develando sus operaciones y oscura configuración. Aunque el caso tenía implicaciones judiciales, la cobertura se mantuvo desde el área económica de la revista y eso permitió entender detalladamente el modus operandi del Grupo InterBolsa a la luz del contexto de la economía nacional, para poder explicárselos a los lectores de manera correcta y sencilla.

La persistencia y la constancia fueron claves en el desarrollo de esta historia; no en vano, solo durante el primer año y medio después de notificada la intervención de la firma, se escribieron más de 40 artículos, los cuales fueron la base para la escritura del libro InterBolsa, la historia de una élite que se creía demasiado grande para caer, publicado por Semana Libros a finales de 2014. Esta publicación fue merecedora del Premio Simón Bolívar 2015, que a propósito de sus 40 años decidió galardonar, excepcionalmente, un libro periodístico.

A lo largo de estos años se han escrito cerca de 40 artículos más, y en noviembre próximo, cuando se cumple un lustro del colapso de InterBolsa, la editorial Random House publicará una edición aumentada que recoge los últimos episodios de este caso y completa la historia de este gigante, de principio a fin.



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