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Robin Hood paisa
(1983)

Ideas Que Lideran / Periodismo

En 1983, Pablo Escobar Gaviria era un personaje desconocido para la inmensa mayoría de colombianos. Sin embargo, muchos antioqueños sabían, de manera directa o indirecta, de sus andanzas, las cuales causaban admiración en unos y desprecio y temor en otros. Para esta población sus movimientos no podían resultar indiferentes, pues este hombre nacido 33 años atrás en Envigado se había convertido, en el transcurso de tres años, en uno de los más populares de su departamento, en el que se sospechaba que nada ocurría sin su consentimiento y/o participación.

En abril de ese año, SEMANA publicó un perfil de Escobar Gaviria con el título ‘Robin Hood paisa’, y ese artículo fue el primero en el mundo en develar algunas de las características del entonces misterioso colombiano —aún fuera de la mira de las autoridades—, que se hacía notar por su controvertida e incalculable fortuna — de la que una revista estadounidense valoraba en 5.000 millones de dólares—, además de sus hobbies y extravagancias. Él se negó a hablar con detalle de su riqueza, simplemente la atribuyó a su vocación prematura de negociante: “A los 16 años era dueño de un negocio de alquiler de bicicletas, me dediqué unos años al chance, cuando este llegó a Medellín, después me ocupé en la compra y venta de automóviles y, finalmente, terminé negociando tierra”.

La publicación desató una gran polémica ya que muchos, especialmente en Medellín, consideraban que le hacía apología al compararlo con el legendario héroe medieval. No obstante, fue un texto revelador porque se sabía muy poco de este extraño mecenas cuyas obras sociales eran extrañamente descomunales: urbanizaciones, canchas de fútbol, sistemas de iluminación, programas de reforestación, donaciones de tractores y buldóceres, construcción de casas de interés social, programas de empleo, entre otros.

Y a eso hay que sumarle su activismo político: aunque aparecía como suplente del representante Jaime Ortega en la Cámara, su verdadera misión era impulsar, a nivel nacional, la figura y las ideas de Alberto Santofimio Botero. Escobar afirmó abiertamente que “Galán es un falso moralista que incluye entre sus filas a los secuestradores de Gloria Lara”, y sobre Ernesto Samper se limitó a decir que no tenía autoridad moral para reprobar la intervención de las mafias en las campañas electorales.

Su principal preocupación política era la extradición de colombianos, a la que tachaba de “violación de la soberanía nacional”. De hecho, la semana anterior a la publicación de este artículo se había celebrado un foro en Medellín sobre el tema, organizado y promovido por él.

El artículo remató de la siguiente forma: “El surgimiento de Pablo Escobar en el escenario nacional es un acontecimiento de trascendencia cuyas implicaciones están por verse aún. No hay antecedentes de respaldo financiero en política de esa naturaleza ni obras cívicas de esa magnitud emprendidas por particular alguno. De extracción humilde, con el poder que le otorga una fortuna incalculable y el deseo de ser el primer benefactor del país, este nuevo mecenas, sin duda alguna, dará mucho que hablar en el futuro”. La historia, efectivamente, así lo comprobó.



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