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Proyecto Minas

Ideas Que Lideran / Proyectos

A Guillermo Murcia, quien tuvo que practicarse 18 cirugías reconstructivas, dos perros lo salvaron de morir y de quedar en peores condiciones, tras el impacto de dos minas que le estallaron a pocos metros. Aidé Rocío Arias, una indígena awá, pudo enfrentar la tragedia de perder sus dos piernas gracias al impulso vital de ser mamá. José Bernardo Calderón, quien perdió la pierna derecha y fue obligado por la guerrilla a dejarlo todo con su familia, se dedica hoy a fabricar prótesis para ayudar a quienes sufrieron igual que él.

Ellos son apenas 3 de las casi 11.500 víctimas de las minas antipersonal que desde 1990 hasta junio de 2017 ha tenido la guerra en Colombia. De ellas, el 62 por ciento han sido miembros de la fuerza pública y el 38 por ciento restante, hombres, mujeres y niños ajenos a la confrontación armada. Estas cifras nos ubican en el vergonzoso ranking de los 10 países en el mundo con mayor número de afectados por este tipo de artefactos, según el Landmine Monitor.

SEMANA quiso darle visibilidad a su drama, para sensibilizar a la sociedad de la necesidad de ofrecer un apoyo firme y efectivo a miles de colombianos que han padecido consecuencias nefastas por culpa de estos explosivos. Y para ello elaboró una completa radiografía sobre el tema al crear un especial multimedia —titulado Minas, el enemigo oculto— presente en Semana.com y con más de 70 contenidos periodísticos que incluyen artículos, infografías, entrevistas, videos, fotos, mapas y una línea de tiempo. Así mismo, desarrolló un informe de 18 páginas que publicó en su revista impresa, el 13 de noviembre de 2016.

A través de todas estas piezas, los lectores pueden conocer las historias de víctimas y de territorios minados, las reflexiones de quienes han instalado minas, los mitos que existen alrededor de ellas, los diferentes tipos de estos artefactos que hay en el país, qué implicaciones tiene librar a Colombia de ellas, qué se ha hecho hasta el momento para cumplir ese propósito, sus costos y las metas del gobierno por lograr su erradicación.

El esfuerzo no se detuvo allí. De manera complementaria, se creó la campaña Letras de Apoyo, cuyo objetivo es recaudar fondos que serán destinados a las víctimas, para mejorar su calidad de vida y ayudarlas en el desarrollo de proyectos productivos autosostenibles. El mecanismo para incentivar la donación de dinero fue la creación de una tipografía digital diseñada por la agencia Sístole, cuyas letras, números y símbolos fueron construidos con partes de otras, como símbolo de lo que hacen los sobrevivientes de las minas, quienes reconstruyen sus cuerpos con prótesis y luchan por salir adelante.

La tipografía se descarga en los computadores y se suma al listado de tipos de fuente que, además de las clásicas Times New Roman o Arial, pueden ser usadas por los donantes para escribir. La primera etapa de donaciones ya finalizó, pero en los próximos meses se iniciará una segunda fase. Letras de Apoyo es una iniciativa que recibe el respaldo de Vía Baloto como ente recaudador, Caracol Televisión como medio que contribuye a su difusión, y Reconciliación Colombia, la Campaña Colombiana contra las Minas y la Dirección de Acción contra Minas como entidades asesoras para la entrega de los recursos recibidos.

Tanto el proyecto periodístico como la campaña en busca de donantes coinciden con un ambicioso plan de desminado humanitario liderado por el gobierno nacional, acordado con las Farc en los diálogos de La Habana, y que contempla el trabajo conjunto de ambas partes: los guerrilleros señalan la ubicación de las minas, especifican detalles sobre su composición y sobre cómo retirarlas, mientras que los soldados del Batallón de Desminado Humanitario se encargan de su desinstalación.

En 2015, se ejecutó un plan piloto en dos veredas —Orejón en Antioquia y Santa Helena en Meta— que arrojó varias enseñanzas para el Plan Estratégico, trazado en un plazo de 5 años (2016-2021) y extendido a 663 municipios en los que se desarrollan distintas acciones, desde desminado hasta consejos de seguridad para evaluar la veracidad del riesgo registrado por la presencia de estos dispositivos, pasando por diagnósticos efectivos para determinar cómo intervenir distintas zonas.

Aunque Colombia sigue apareciendo en los primeros lugares de países con mayor número de víctimas en el mundo, gracias a la conciencia del impacto que tienen las minas y la consecuente ayuda de la sociedad a los afectados, así como al trabajo decidido del gobierno y otras entidades en el desminado humanitario, en el lapso de un año el país no solo descendió cuatro posiciones en el escalafón realizado por Landmine Monitor —al pasar del segundo al sexto lugar—, sino que los sobrevivientes han logrado mejorar su calidad de vida.


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