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Reconciliación Colombia

Ideas Que Lideran / Proyectos

Wilson Barreto era un policía profesional que el 18 de abril de 2004 tenía la misión de trasladar a unos detenidos. En el trayecto por una carretera al sur de Caquetá, él y su equipo pasaron por enfrente de una casa que explotó y los hizo volar más de 20 metros; habían caído en una emboscada perpetrada por las Farc. Diez de sus compañeros murieron; él sobrevivió, pero quedó ciego. Tenía 19 años.

Una década después, a mediados de 2014, Wilson se inscribió en un curso de liderazgo en el que conoció a Luis Hernando Barón. A lo largo de varios días intercambiaron ideas y compartieron habitación, pues se trataba de un taller de inmersión en el que los 40 alumnos debían pernoctar en un mismo lugar. Su afinidad consolidó lazos de amistad.

Un día, la actividad central era que cada uno contara su historia de vida. Fue en ese momento cuando Wilson —oriundo del Caquetá— se enteró de que Luis —nacido en el mismo departamento— era un desmovilizado de la columna móvil Teófilo Forero de las Farc, la misma célula que había ordenado atacar a los policías en esa zona del país cada vez que fuera posible. Luis no había dado la orden directa del atentado en el que Wilson perdió la visión, pero sabía perfectamente de ese episodio, ejecutado cuando él era comandante de compañía.

Víctima y victimario, de frente. El destino se encargó no solo de unirlos, sino de hacer que entablaran una auténtica amistad. Su ejemplo es uno de los tantos testimonios que inspiran, conectan y fortalecen la reconciliación, los tres pilares sobre los que se sustenta Reconciliación Colombia. Este proyecto fue creado por SEMANA en 2013 y su razón de ser es tender puentes de entendimiento, desde la sociedad civil, en un país lleno de desconfianza, rabia y estigmas.

La primera tarea de este programa —que hoy suma 90 socios— fue hallar y registrar las historias y los proyectos de reconciliación en todo el territorio nacional, para lo cual se realizaron varios encuentros regionales. Este proceso fue la base para la creación de un gran banco de proyectos productivos o sociales.

Actualmente hay más de 1.000 emprendimientos, identificados o inscritos, que son blanco de dos líneas estratégicas de acción: el Fondo de Reconciliación Colombia y la Macrorrueda para la Reconciliación. En la primera, se canalizan recursos financieros y técnicos para apoyar los proyectos del banco que logran ganar las convocatorias que se abren a lo largo del año en diversas temáticas y enfoques. Además del capital que adquieren, reciben acompañamiento durante su gestión.

En la segunda, se articulan los protagonistas de los proyectos con grandes organizaciones interesadas en apoyarlos, bien sea comprando los productos que ofrecen o estableciendo alianzas que sean de mutuo beneficio. Este es un espacio donde numerosas pequeñas iniciativas que trabajan silentes a favor de la reconciliación pueden visibilizarse y exponer su trabajo e impacto social. Adicionalmente, hay una jornada académica con paneles, conversatorios, exposiciones y talleres. En la primera macrorrueda, realizada el año pasado en Cali, participaron 1.500 personas y se concretaron 38.000 millones de pesos en expectativas de negocios. Este año está previsto realizar una en Putumayo y otra en Bogotá.

Conscientes del valor de cultivar tempranamente los principios del diálogo, la compasión y el perdón, Reconciliación Colombia desarrolló otras dos líneas estratégicas dirigidas a niños, niñas y adolescentes, en entornos vulnerables al conflicto. Una de ellas es Juégatela por la Reconciliación, la cual se sustenta en el deporte —principalmente el fútbol— y consiste en incentivar valores de convivencia y empoderar a los pequeños y jóvenes como actores de reconciliación en sus comunidades.

Este trabajo se hace directamente en las escuelas y colegios, donde se identifican y capacitan profesores y líderes juveniles interesados en aprender y replicar prácticas reconciliadoras a través del juego y el deporte. Para ello, se implementó una metodología en conjunto con la Red de Fútbol y Paz de Colombia (Gol y Paz), el principal aliado de esta estrategia. En ese marco, el año pasado se hicieron 50 torneos de fútbol, se vincularon 480 docentes y 2.500 líderes juveniles, y cerca de 22.000 niños y jóvenes participaron del programa.

La otra iniciativa dirigida a este grupo poblacional es La Reconciliación es Nuestro Cuento, una metodología que desde la academia fomenta el diálogo, el liderazgo y la identificación de puntos en común como mecanismo para resolver conflictos. La herramienta pedagógica fundamental para desarrollarla es la cartilla El camino, una fábula que expone el caso de Chengue (Sucre) y Macayepo (Bolívar), dos poblaciones vecinas que sufrieron sendas masacres a principios de este siglo y quedaron a merced de los señalamientos y el terror, sembrados por los paramilitares y los guerrilleros de las Farc. Tanto es así que el sendero de 10 kilómetros que las unía se llenó de maleza y se volvió intransitable, y entre los macayeperos y chengueros surgió un profundo resentimiento y desconfianza. En la fábula, los protagonistas son monos aulladores e iguanas, y a través de estas especies se narra el desencuentro y reencuentro entre estas dos comunidades.

Y finalmente, la más reciente iniciativa estratégica puesta en marcha es Cree en la Reconciliación, que busca movilizar a autoridades de las distintas confesiones religiosas y espirituales. El año pasado se trabajó con 200 líderes de varios credos y se realizaron diversos encuentros regionales para establecer una agenda de trabajo común entre 26 confesiones.

Este trabajo se hace directamente en las escuelas y colegios, donde se identifican y capacitan profesores y líderes juveniles interesados en aprender y replicar prácticas reconciliadoras a través del juego y el deporte. Para ello, se implementó una metodología en conjunto con la Red de Fútbol y Paz de Colombia (Gol y Paz), el principal aliado de esta estrategia. En ese marco, el año pasado se hicieron 50 torneos de fútbol, se vincularon 480 docentes y 2.500 líderes juveniles, y cerca de 22.000 niños y jóvenes participaron del programa. En todas estas líneas de acción se incentivan cuatro dimensiones de la reconciliación: la cooperación, la confianza, la reciprocidad y la empatía. Estas prácticas son el sustento de una metodología que está en construcción y que se desarrolla en espacios comunitarios y educativos.


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La resonancia y la huella que han dejado todos estos programas han sido enormes. Eso le ha permitido a Reconciliación Colombia crecer y constituirse, en 2015, en una corporación independiente por la que trabajan, mancomunadamente, 49 empresas y gremios, 25 organizaciones no gubernamentales, 10 instituciones de gobierno, 10 entidades de cooperación internacional y 4 universidades.

Sanar dolores y deshacer los anhelos de venganza como preámbulo para perdonar y reconciliar es un proceso individual que redunda en lo colectivo, pero adquiere vigor cuando convoca varias voluntades por un fin superior: vivir en paz. Esa es la nueva historia que Colombia está en ciernes de escribir.



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