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“Legado de montaña”: un libro que lleva al lector a oírse en las voces de otros

Por: Cristina Esguerra

“Legado de montaña” contiene cientos de historias que aparecen al combinar sus columnas de textos de distintas maneras. Las narrativas que se arman y desarman, vienen de las conversaciones entre excombatientes de las FARC y la autora, la artista colombiana Adriana Ramírez.

¿Cómo describiría “Legado de montaña”?

Es un ejercicio para trasformar lo instantáneo en una serie de conversaciones. Es una publicación donde el azar, el subconsciente, la mente abierta y la historia de cada persona permiten que las combinaciones entre tres columnas ofrezcan un sin fin de posibles lecturas. La primera columna describe una situación, la segunda ofrece “un secreto” para sobrevivir y la tercera uno para trascender, ambos aspectos esenciales de la vida humana.

Funciona como una especie de vitrina solo que con palabras, que son mucho más evocadoras que un dibujo. En él cada página da cuenta de una conversación sobre el momento de transición social y política que vivimos en Colombia. Está compuesto por diálogos con diferentes personas entre excombatientes de base, excomandantes, miembros del secretariado en su momento, artistas y seres cercanos.

Su publicación es parte de un proyecto de largo aliento, compuesto por cinco momentos: un viaje a un ETCR (Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación), una exposición de arte en la ciudad de Bogotá, el proceso de edición e impresión, la activación del libro a través de personas con acceso a grupos o espacios de conversación, y, por último, la retribución al territorio, algo que considero mi deber como una artista que extrae material físico o conceptual de una comunidad para producir una obra.

Un libro con muchas posibilidades. Julio 2020. Cortesía de Adriana Ramírez
Un libro con muchas posibilidades. Julio 2020. Cortesía de Adriana Ramírez - Foto: Un libro con muchas posibilidades. Julio 2020.

¿Cómo surge la idea de hacer un libro con esas características, en vez de uno con una narrativa fija?

Llevo varios años desarrollando lo que llamo plataformas. Esta última es un espacio con un tiempo y una excusa para que “algo” germine, y el público pueda convertirse en actor o incluso co-autor de mi obra.

Es una propuesta de arte relacional que le apunta a que interactuemos entre nosotros, y que la experiencia estética sea un detonante efectivo para nuevas formas de sentir, pensar, conocer y juzgar.

Con este criterio de creación, y teniendo en mente las tarjetas que había producido en el ETCR, hice varias maquetas que permitían combinar las frases. Hubiera podido ser un mazo de naipes, pero los libros se palpan, se atesoran, se consienten.

Además, confío plenamente en uno de mis fundamentos para que una obra de arte sea exitosa: primero seducir y luego cuestionar. Creo que el libro lo cumple a cabalidad, pues permite el juego, el descubrimiento, leerse a uno mismo e incluso responder preguntas personales con palabras que dan cuenta de la apuesta de un país en reconciliación.

Trabajo de campo. Conversaciones sobre la arista de la montaña. Cortesía de Adriana Ramírez
Trabajo de campo. Conversaciones sobre la arista de la montaña. Cortesía de Adriana Ramírez - Foto: Trabajo de campo. Conversaciones sobre la arista de la montaña. Cortesía de Adriana Ramírez

¿En qué contexto se dan esas conversaciones? ¿Por qué le llamó la atención convertirlas en fragmentos de un libro?

Las conversaciones que contiene el libro se dan en un contexto de transición. Algo muy similar a estar en la arista de una montaña, ese momento en que se ha llegado a la cima y hay que decidir si uno sigue o si se devuelve.

Sobre lo segundo, creo que todo acto creativo es una nueva combinación de fragmentos de otras cosas, y desde el comienzo el objetivo era ofrecer algo que pudiera cobrar diferentes sentidos según las personas y su momento de vida.

La escritura en fragmentos permite la re-creación, es polifónica y su efecto va mucho más allá que si hubiera presentado una única visión transcribiendo las palabras de corrido. Al final, Legado de Montaña es como las historias o los viajes, una experiencia fragmentada que requiere de tiempo, curiosidad, voluntad y nuevas miradas para ser entendido y disfrutado en todas, o al menos, en varias de sus dimensiones.

¿Qué comentarios ha recibido?

“…Oírse en las voces de los demás es un privilegio.” Luz Lizarazo, artista.

“Desde que lo recibí hace un par de meses lo he usado en mi casa (dónde convivimos con puntos de vista bien distintos sobre el proceso de paz), en sesiones de storytelling con guías rurales de la Serranía de la Macarena (Meta) y en espacios de co-creación de la narrativa turística del Espacio Territorial de Miravalle (Caquetá).”

"En todos estos momentos he visto que el juego de palabras del libro-plataforma, activa la curiosidad de forma distinta. Mientras que los citadinos han reconocido la sabiduría de las personas que viven en el monte, los campesinos y excombatientes de las FARC se sorprenden de ver su experiencia reflejada en palabras tan familiares. Sin embargo, a pesar de que cada quién se conecta con el texto desde lugares distintos, todos hemos quedado igual de intrigados, no solo por el consejo que nos dan las palabras de alguien más, sino también por el hecho de que un libro así exista, de que un regalo inesperado de repente nos recuerde que hace falta hablar más de estos temas para “mirarnos mejor”. Lorena Gómez Ramírez, Antropóloga y diseñadora de viajes, activadora del libro.

“Un diálogo vivo, dinámico y aventurero. Legado de Montaña para sobrevivir y para trascender es una experiencia sensorial, un libro con muchos senderos que guardan el consejo del caminante en la montaña, la realidad de un contexto en el que se condensan años de resistencia y una voluntad de construcción de escenarios de paz desde la palabra en los territorios. Un libro que es muchos libros, un coro de voces con olor a naturaleza y textura de arena húmeda y fértil.” Liliana Valencia, Comité de cultura ETCR Pondores.

“Permite hacer algo que está relegado en los hogares y es ejercer la tradición oral. Con él puedo crear la oportunidad para contarle a mis hijos cómo viví yo los momentos más álgidos del conflicto armado en Colombia.” Liliana Hernández, odontóloga.

¿Alguna recomendación para leerlo?

Hace un par de días alguien me habló del concepto de “humanidad compartida”. Lo resalto porque la invitación de Legado de Montaña es a reflexionar sobre cómo, en lo fundamental, todos somos extremadamente parecidos y tenemos las mismas preguntas o necesidades, y que aquello que nos separa es la manera en la que respondemos a ellas.

El llamado aquí es en doble: 1) preguntarse qué hay detrás de cada frase, por ejemplo: “comerse un helado” o “pisar la huella de quien va adelante”. En el caso de la primera, comerse un helado es la razón de un joven, que nació y creció dentro de la organización, para no volver a las armas y seguirle apostando a su nuevo rol en la sociedad. La segunda, hace referencia a Colombia como uno de los lugares del mundo más afectados por minas antipersonales.

2) Imaginar qué hay por delante de esas mismas palabras, y combinarlas hasta que cobren un nuevo y personal sentido. Esa es la verdadera poética del libro y mi apuesta en este trabajo.

Entrando a la montaña. Primer día en Pondores, La Guajira. Octubre de 2018. Foto cortesía de Andriana Ramírez
Entrando a la montaña. Primer día en Pondores, La Guajira. Octubre de 2018. Foto cortesía de Andriana Ramírez - Foto: Entrando a la montaña. Primer día en Pondores, La Guajira. Octubre de 2018. Foto cortesía de Andriana Ramírez

¿Cuáles son los proyectos futuros con el libro?

Legado de Montaña está dividido en dos ámbitos: uno privado y otro público. El primero se refiere a 250 ejemplares numerados y firmados que pueden adquirirse para usarlo de manera íntima, de hecho se le pueden preguntar cosas y parece dar respuestas acertadas. El segundo, está relacionado con otros 250 que envió a quienes denomino activadores: personas u organizaciones que en la práctica abren los espacios para conversar sobre nuestra historia y nuestro conflicto.

El escenario privado financia el público, y la idea es apoyar la iniciativa de los habitantes del ETCR de ampliar su biblioteca. Junto con el espacio El Dorado y un coleccionista de Medellín, estamos cuadrando la manera más adecuada de ayudar e invitar a otros a sumarse a esta causa que significa abrir un mundo de posibilidades a través de los libros.

El volcán El Chimborazo, en el Ecuador.

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